José Guadalupe Posada

José Guadalupe Posada
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Información personal
Nacimiento2 de febrero de 1852
Aguascalientes
Fallecimiento20 de enero de 1913
(60 años)
Bandera de Ciudad de MéxicoCiudad de México
NacionalidadMexicano
Información profesional
ÁreaGrabador, ilustrador, caricaturista
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Catrina vestida de China Poblana en homenaje a Posada. Museo de Arte Popular.

José Guadalupe Posada (Aguascalientes, 2 de febrero de 1852 - Ciudad de México, 20 de enero de 1913) fue un grabador, ilustrador y caricaturista mexicano. Célebre por sus dibujos de escenas costumbristas, folclóricas, de crítica socio-política y por sus ilustraciones de «calacas» o calaveras, entre ellas La Catrina.

Biografía

Después de aprender a leer y escribir con su hermano José Cirilo, Posada ingresó a la Academia Municipal de Dibujo de Aguascalientes.[2]​ Comenzó su carrera haciendo dibujos, copiando imágenes religiosas y como ayudante de un taller de cerámica.

En 1872, Posada y Pedroza deciden instalarse en León, Guanajuato, donde ambos se dedicaron a la litografía comercial.[5]

Debido a la inundación de León ocurrida el 18 de junio de 1888, y a invitación de Ireneo Paz, abuelo del poeta, Premio Nobel, Octavio Paz, se trasladó a la Ciudad de México. En la revista La Patria Ilustrada, dirigida por Arturo Paz, publicó varias litografías que representan la tragedia en la cual se hallaron más de doscientos cincuenta cadáveres y se reportaron más de mil cuatrocientas personas desaparecidas.[7]

Comenzó a realizar trabajos con Antonio Vanegas Arroyo, se ha afirmado que trabajaba como su empleado, pero ello no es real, se muestra en la misma fotografía que se conoce a la entrada de su taller, donde se anuncian sus actividades.

Fueron muchos y muy variados los talleres, imprentas y periódicos en los que trabajó Posada: La Juventud Literaria, de la Revista de México, La Patria Ilustrada y El padre Cobos; Más adelante se integró al grupo de periódicos de Francisco Montes de Oca: El Gil Blas, EL Popular, Argos, El Chisme. Posada emprendió un trabajo que le valió la aceptación y admiración popular, por su sentido del humor, propensión a lo dramático y calidad plástica.[11]

Pese a su obra variada y popular el grabador no fue tan reconocido como otros artistas contemporáneos. Fue hasta su muerte que comenzó la valoración de su estética como verdadero arte popular, y específicamente gracias al reconocimiento de Diego Rivera, quién le dio gran difusión a su obra.