José Gabriel Brochero

San José Gabriel Brochero
Cura Brochero 01.jpg
Sacerdote diocesano argentino.
Santo
Nombre José Gabriel del Rosario Brochero
Apodo El cura gaucho
Nacimiento 16 de marzo de 1840
Villa Santa Rosa, Departamento Río Primero, Córdoba, Confederación Argentina
Fallecimiento 26 de enero de 1914 (73 años)
Villa del Tránsito, provincia de Córdoba, Argentina
Venerado en Iglesia católica
Beatificación 14 de septiembre de 2013, durante el pontificado de Francisco
Canonización 16 de octubre de 2016, durante el pontificado de Francisco
Festividad Desde su beatificación se celebra el 16 de marzo, por decisión del papa Francisco[1]
Anteriormente, se celebraba el 26 de enero[2]
Patronazgo Clero argentino[3]
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San José Gabriel del Rosario Brochero ( Villa Santa Rosa, 16 de marzo de 1840Villa del Tránsito, 26 de enero de 1914) fue un presbítero católico argentino, llamado popularmente el cura gaucho.[4]

El 4 de noviembre de 1866 se ordenó sacerdote. Primero desempeñó su ministerio sacerdotal en la catedral de Córdoba y fue prefecto de estudios del colegio seminario Nuestra Señora de Loreto. Ya en 1867, Brochero se destacó por su entrega en la asistencia de los enfermos y moribundos de la epidemia de cólera que azotó a la ciudad de Córdoba. El 19 de noviembre de 1869 fue elegido vicario del departamento San Alberto, conocido hoy como el valle de Traslasierra, con sede en la localidad de Villa del Tránsito que a partir de 1916 llevaría su nombre. El valle de Traslasierra contaba entonces con unos 10 mil habitantes. El 24 de diciembre de 1869 partió de la ciudad de Córdoba para hacerse cargo del curato. Allí, asumió como propias las necesidades de la gente. Con sus manos construyó iglesias y capillas, levantó escuelas y abrió caminos entre las montañas, animando a los pobladores a acompañarlo. En su vejez el padre Brochero enfermó de lepra como resultado de convivir con enfermos que padecían esa enfermedad, compartiendo inclusive el mate con ellos. Por esa razón quedó sordo y ciego antes de morir, en 1914.

El proceso de canonización se inició en la década de 1960. Brochero fue declarado venerable por el papa Juan Pablo II en 2004, y beatificado en una ceremonia presidida por el cardenal Angelo Amato en la pequeña localidad cordobesa de Villa Cura Brochero el 14 de septiembre de 2013, durante el pontificado del papa Francisco. Fue canonizado el 16 de octubre de 2016, en una celebración presidida por el propio Francisco.[5]

La gracia de Dios es como la lluvia, que a todos moja.[6]

Cura Brochero

Biografía

El cura Brochero, en sus primeros años de sacerdocio

Primeros años

Nacido en Villa Santa Rosa, cabecera del departamento Río Primero, José Gabriel Brochero vino al mundo el 16 de marzo de 1840, y fue bautizado al día siguiente en la primera capilla de Villa Santa Rosa, hoy Plaza General Paz. Sus padres fueron Ignacio Brochero y Petrona Dávila. José Gabriel fue el cuarto de diez hermanos, dos de sus hermanas fueron religiosas del Huerto.

El 5 de marzo de 1856 ingresó al Seminario de Nuestra Señora de Loreto,[7]

Muchas veces le he oído contar [a Brochero] que la constante preocupación de su juventud fue el sacerdocio [...] No sabía qué vocación seguir: la laical o la sacerdotal [...] Su espíritu fluctuaba y su corazón sufría con esta indecisión. Un día, dominado por esta preocupación, asistió a un sermón en que se bosquejaron las exigencias y sacrificios de una y otra [...] y apenas concluyó de escucharlo, la duda ya no atormentaba su alma, y ser sacerdote era para él una resolución inquebrantable.[7]

Ramón José Cárcano, José Gabriel Brochero.
En: Periódico Los Principios, Córdoba, 30 de enero de 1916

En 1858 concurrió a la Universidad Nacional Mayor de San Carlos en donde conoció al futuro presidente Miguel Juárez Celman con el que inició una amistad que perduraría a lo largo de sus vidas. Otro admirador suyo y primer historiador, Ramón José Cárcano, lo describió en aquella época:

Con sus cualidades supo despertar la estimación de sus profesores y condiscípulos, entre los cuales se hallaban jóvenes que más tarde han adquirido una elevada posición política y social, como el doctor Juárez Celman —gobernador de Córdoba y presidente de la República—, Tristán Achával Rodríguez, Genaro Figueroa, Miguel M. Nougués y otros, quienes fueron después sus más sinceros admiradores y favorecedores en sus obras de celo.[4]

El 16 de julio de 1862 Brochero recibió la tonsura clerical y cuatro órdenes menores. Se ordenó subdiácono el 26 de mayo de 1866, y diácono el 21 de septiembre del mismo año. Antes, el 26 de agosto de 1866, se constituyó miembro de la Tercera Orden domínica secular.[8]

Ordenación sacerdotal y epidemia de cólera

Brochero fue ordenado presbítero el 4 de noviembre de 1866, a los 26 años de edad, por el obispo José Vicente Ramírez de Arellano. El 10 de diciembre del mismo año ofició su primera misa. Comenzó a desempeñarse como teniente-cura de la iglesia catedral.[8]

En 1867, Brochero colaboró en el socorro de los enfermos y moribundos de la epidemia de cólera que azotó a la ciudad de Córdoba y que segó más de 4000 vidas en poco tiempo. La epidemia generó fuertes conflictos y tensiones tanto hacia dentro del Estado, como en su relación con la élite médica y la Iglesia católica, una de las pocas instituciones con cierto grado de estructuración que puso sus recursos humanos y su mobiliario al servicio de los enfermos.[9]

Brochero abandonó el hogar donde apenas había entrado, para dedicarse al servicio de la humanidad doliente, y en la población y en la campaña se le veía correr de enfermo en enfermo, ofreciendo al moribundo el religioso consuelo, recogiendo su última palabra y cubriendo la miseria de sus deudos. Este ha sido uno de los períodos más ejemplares, más peligrosos, más fatigantes y heroicos de su vida.[4]

De un testigo del flagelo, recopilado por Néstor Alfredo Noriega

Siendo prefecto de estudios del Seminario Mayor, obtuvo el título de maestro en filosofía por la Universidad de Córdoba, el 12 de noviembre de 1869.[10]

El curato de San Alberto

El cura Brochero montado en su mula «Malacara», con la que recorría el curato de San Alberto, actualmente conocido como el valle de Traslasierra, que abarcaba 4 336 kilómetros cuadrados de valles y serranías.
El cura Brochero y un grupo de personas trabajando en la construcción de un camino en Traslasierra.
Vista del río Panaholma. El cura Brochero logró, con la construcción de un acueducto, la llegada del agua del río a la población que hoy lleva su nombre.

El 18 de noviembre de 1869, José Gabriel Brochero fue designado cura del curato de San Alberto, actualmente conocido como el valle de Traslasierra, de tamaño inmenso: 4 336 kilómetros cuadrados de valles y serranías, entonces indómitas y casi desiertas, infestadas de salteadores y prófugos de la justicia. Sus poco más de 10 000 habitantes vivían dispersos, con un grado de indigencia material lamentable, sin caminos y sin escuelas, incomunicados por las Sierras Grandes de más de 2 000 metros de altura.[10]

El 24 de diciembre de 1869 partió de la ciudad de Córdoba para hacerse cargo del curato que insumiría prácticamente el resto de su vida. Brochero llegó a San Pedro, la cabecera departamental, luego de tres días de viaje en mula a través las sierras. Transcurrido un tiempo y por voluntad propia, se instaló definitivamente en la localidad de Villa del Tránsito.[4]

Como marco de su misión, edificó la «Casa de Ejercicios Espirituales de Traslasierra», que inauguró en 1877. En 1880, bendijo el flamante «Colegio para Niñas», que el propio Brochero confió a las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús (Ancillae Sacri Cordis Iesu). Esas dos primeras construcciones le generaron numerosas fatigas.[4]

Alrededor de su figura se adensó su fama abrojada con ingenuas salidas conversadoras y con sus continuas pedigueñadas para lograr algo más para los habitantes de su curato. Así era complaciente de escribir a su ex-condiscípulo el doctor Miguel Juárez Celman solicitándole alguna obra benéfica para su pueblo y exclamando entre confianzudo y serio para ganar el ánimo de su interlocutor epistolar: «... Haz una gauchada, caramba...». Bien sabía la marca liberal del gobernante, causante de espanto en toda la clerecía de Córdoba, pero así lograba lo que él deseaba para su pueblo, consiguiendo que hasta el propio mandatario, en 1883, afrontara las incomodidades de un viaje a estas regiones, para que pudiera palpar con sus propias manos las miserias, para que pudiera ver con sus propios ojos lo que era necesario hacer.[11]

Organizó a los pobladores de esa región, entonces muy apartada, construyendo con los vecinos el llamado camino de las altas cumbres, incluyendo interesantes puentes de piedra, que al cabo de 200 km unió la población de Villa del Tránsito (actual Villa Cura Brochero) con la ciudad de Córdoba. Sus gestiones hicieron posible la apertura de caminos, acequias, diques, una estafeta postal y un telégrafo. Entre otras obras fundó escuelas y logró, con la construcción de un acueducto, la llegada del agua al pueblo desde el río Panaholma.[12]

[Brochero] Es un hombre de carne y huesos: dice misa, confiesa, ayuda a bien morir, bautiza, consagra la unión matrimonial, etc. Y sin embargo es una excepción: practica el Evangelio. ¿Falta un carpintero? Es carpintero. ¿Falta un peón? Es un peón. Se arremanga la sotana en donde quiera, toma la pala o la azada y abre un camino público en 15 días, ayudado por sus feligreses. ¿Falta todo? ¡Pues él es todo! y lo hace todo con la sonrisa en los labios y la satisfacción en el alma, para mayor gloria de Dios y beneficio de los hombres, y todo sale bien hecho porque es hecho a conciencia. Y no ha hecho solamente caminos públicos: Ha hecho también una buena Iglesia. Ha hecho, además, un gran colegio... ¡y todo sin subsidio de la provincia, sin erogación por parte de los miembros de la localidad! ¡Lo ha hecho todo con sus propias garras! ¿Milagro? No. La cosa es muy sencilla. Es cuestión de honradez y voluntad. En otros términos: es cuestión de haber tomado el apostolado en serio, como lo ha tomado el cura Brochero.[13]

Pasaje de un artículo periodístico cordobés de 1887,
recopilado por la Lic. Liliana De Denaro

También bregó para que se extendiera el ramal ferroviario desde Villa Mercedes hasta Cruz del Eje, aunque no obtuvo el mismo éxito para que se trazara un ferrocarril desde la ciudad de Córdoba directamente hasta Villa del Tránsito. En cualquier caso, la calidad de su ministerio espiritual en el curato de San Alberto fue bien conocida.

Austero, duro y sufrido, ahí andaba Brochero, con la mula malacara los primeros años y con un caballo también malacara después. Imparable. Como cuando se tiró con la mula al río desbocadamente crecido para ir a auxiliar espiritualmente a un moribundo. O como esa otra vez en que estaba muy llagado en las nalgas y ante un pedido parecido se hizo atar al recado «para no aflojar» y poder llegar. O como la vez que salió a buscar al bandido «Gaucho Seco» y se lo trajo con otros forajidos a la Casa de Ejercicios, de donde salieron como mansos corderos. Lo mismo intentó hacer con el temible Santos Guayama, que asolaba el valle, quien al conocerlo en el monte le prometió ir con trescientos hombres. Pero no pudo ser, porque antes Guayama fue capturado y fusilado. Esa fue una de sus dos grandes frustraciones. La otra fue no conseguir que a la zona se llevara el ferrocarril, por el que bregó toda su vida.[14]

Roque Sanguinetti

Según el obispo de Cruz del Eje y titular de la Causa de los Santos del Episcopado argentino, monseñor Santiago Olivera, Brochero «se adelantó a los tiempos y supo pensar la realidad, porque la promoción humana y la evangelización que proponemos hoy no estaban tan claras en su tiempo».[11]

Sus últimos años de vida

El cura Brochero en su ancianidad, cuando se vio afectado por la lepra.

Con su salud quebrantada, el 24 de abril de 1898 aceptó la canonjía efectiva en la catedral de Cór­do­ba que le ofreció el obispo de Córdoba, fray Reginaldo Toro, para que se repusiera. Así, luego de casi 30 años de ejercicio como párroco en las sierras cordobesas, entregó el curato del Tránsito el 30 de mayo. La colación de la canonjía en la catedral de Cór­doba tuvo lugar el 12 de agosto. Pero el 25 de agosto de 1902 fue nombrado nuevamente cura del Tránsito, y el 3 de octubre de ese año se hizo cargo de su parroquia otra vez, previa renuncia a la canonjía.[8]

Dicen que al despedirse de sus ilustrísimos colegas, quitose rápido la muceta, como si le molestara, y la entregó con gracia, diciendo: «Este apero no es para mi lomo». Y según otro testimonio, habría luego añadido: «Ni esta mula para este corral».[4]

Habitación en la que murió el cura Brochero, hoy transformada en museo en su memoria. Se observan imágenes y un busto que lo representa.

En su vejez el cura Brochero enfermó de lepra, como consecuencia de convivir con enfermos que padecían este mal, compartiendo inclusive el mate con ellos. Esta dolencia, también conocida como enfermedad de Hansen, lo dejó sordo y prácticamente ciego. El 5 de febrero de 1908 entregó formalmente el curato del Tránsito, regresando a Córdoba el 30 marzo y radicándose en Santa Rosa de Río Primero con sus hermanas.[8] En 1910 escribió su testamento en esa Villa, en uno de cuyos fragmentos señaló: «que mis albaceas me hagan hacer con algún carpintero de esta Villa, un cajón sencillo, para que algo gane con esa obra, y colocando en él mi cadáver sea enterrado en el suelo en cualquier punto de la calle principal de la entrada del cementerio actual».

Vivió en Villa Santa Rosa hasta 1912. Luego decidió regresar a Villa del Tránsito a terminar con su última promesa: el ferrocarril que aún no había podido concretar. El 21 de octubre de 1912 se entrevistó con Hipólito Yrigoyen, para interesarlo en la construcción del ramal Soto Dolores.[8] Tenía 73 años.

Fiel a su lenguaje popular, sus últimas palabras fueron:

Ahora tengo ya los aparejos listos pa'l viaje.[15]

Cura Brochero
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