José Diez Canseco Pereyra

José Díez-Canseco Pereyra
José Diez Canseco.jpg
Información personal
Nombre de nacimiento José Díez-Canseco Pereyra Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento 6 de octubre de 1904
Lima, Flag of Peru.svg Perú
Fallecimiento 4 de marzo de 1949
Lima, Flag of Peru.svg Perú
Nacionalidad Peruano
Información profesional
Ocupación Escritor, periodista
Años activo Siglo XX
Género Novela, cuento, ensayo
Obras notables
  • Estampas mulatas (libro de cuentos)
  • Duque (novela)
  • El trompo (cuento)
  • Jijuna (cuento)
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José Diez-Canseco Pereyra (* Lima, 6 de octubre de 1904 - † 4 de marzo de 1949), escritor y periodista peruano. Se le considera precursor del realismo urbano en el Perú.

Biografía

Fue hijo de Alfredo Diez-Canseco Coloma y María Pereyra Patrón

En 1911 inició sus estudios en el Colegio San José de Cluny de Barranco y luego en el Colegio de la Inmaculada, de la Compañía de Jesús, el cual abandonó en 1920 antes de terminar sus estudios para iniciar su carrera literaria en Barranco

En 1921 empezó a colaborar como periodista de La Provincia, en la que publicó bajo el seudónimo de Edmundo de Rienzi. Además empezó a trabajar como empleado de la All America Cables, en Barranco, y de algunas casas comerciales de Lima. También empezó a colaborar en las revistas limeñas Variedades, Mundial y Amauta. Algunos de sus cuentos y poemas que publicó en dichos medios tuvieron gran éxito entre los lectores.

Luis Alberto Sánchez lo recordaba como “un joven elegante, bohemio, aristocrático, pero sin dinero… mezcla de dandy y bohemio, de hombre de bar y de academia, lleno de inquietud social pero sometidos a gustos sibaríticos”.

En 1927, involucrado en conspiraciones políticas, viajó a Europa, haciendo un periplo de aprendizaje por diversas ciudades del viejo continente. Regresó al año siguiente e ingresó a la redacción del diario El Tiempo.

En 1929 logró viajar en el crucero de verano de los cadetes de la Escuela Naval, con destino a Panamá, experiencia que lo puso en contacto con los hombres del mar. De este viaje nació su personaje El Gaviota, protagonista del relato costumbrista del mismo nombre, que en parte apareció publicado por primera vez en la revista Amauta. Simultáneamente escribió otra novela corta titulada El Kilómetro 83. Ambas novelas constituyeron luego la primera edición de Estampas mulatas (1930), enriquecidas posteriormente, en sucesivas ediciones, con nuevos cuentos, entre los cuales figuran algunas piezas maestras, como El trompo. Esta obra narrativa le situó entre los más promisorios escritores de su generación.

A la caída de Augusto Leguía en 1930, empezó a militar en el aprismo. Fue uno de los redactores del diario La Tribuna. Cuando arreció la persecución contra los apristas, viajó nuevamente a Europa, donde residió tres años. En diciembre de 1932 lo sorprendió en París la noticia que La Prensa de Buenos Aires había premiado uno de sus cuentos (“ Jijuna”) entre 13.000 concursantes. Ya gozando de fama y reconocimiento, fue acogido por el diario ABC de Madrid, donde se le otorgó el Premio de periodismo Antonio Zozaya.

Regresó al Perú en 1935 y participó vehemente en el periodismo y la política, acaso con perjuicio de su verdadera vocación novelística que probó en Duque (novela publicada en 1934), corrosiva y brillante crítica de la oligarquía de su país.

Entre 1940 y 1945 estudió Letras y Derecho en la Universidad Mayor de San Marcos, pero no logró graduarse, según dice, por no tener en su diploma la firma de un adversario político.

En 1943 se casó con René Gonzales Barua, y tuvo a sus hijas Carmen Rosa y María de la Cruz.

En el campo periodístico hizo famosa varias secciones, destacando por su lenguaje criollo, llenó de picardía y colorido. Fue corresponsal de La Prensa en Colombia (1936) y de El Universal en Santiago de Chile (1936-1939). Fue también uno de los iniciadores de Jornada, el semanario que apoyó la candidatura presidencial de José Luis Bustamante y Rivero (1944).

Por tercera vez viajó a Francia (de octubre a diciembre de 1945) y a otros países europeos. De regreso al Perú, se sumó a la redacción del diario La Prensa de Lima, donde su sección se convirtió en la más leída del público.

Ya dominaba los elementos de una técnica simple, pero vigorosa, y planeaba sus verdaderas obras cuando, a mitad de su libro El mirador de los ángeles, la muerte lo sorprendió una mañana de verano de 1949. Tenía apenas 45 años de edad.

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