José Cadalso

José Cadalso
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José Cadalso según Castas Romero (1855).
Información personal
Nombre de nacimiento José Cadalso y Vázquez de Andrade Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento 8 de octubre de 1741 Ver y modificar los datos en Wikidata
Cádiz, España Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 26 de febrero de 1782 Ver y modificar los datos en Wikidata (40 años)
Gibraltar, Reino Unido Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Española Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Escritor Ver y modificar los datos en Wikidata
Seudónimo Dalmiro Ver y modificar los datos en Wikidata
Género Teatro y poesía Ver y modificar los datos en Wikidata
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José Cadalso y Vázquez de Andrade, que usó el pseudónimo literario de Dalmiro ( Cádiz, 8 de octubre de 1741San Roque, 27 de febrero de 1782), fue un militar español, muerto prematuramente en combate, y un valioso literato, recordado por sus obras Los eruditos a la violeta, Noches lúgubres y Cartas marruecas.

Biografía

La vida de José Cadalso se puede seguir por referencias y testimonios de sus contemporáneos y, como documento más personal, a través de la visión que de sí mismo dejó en Memoria de los acontecimientos más particulares de mi vida o su correspondencia (1773–1780).[1]

José Cadalso y Vázquez nació en Cádiz, el 8 de octubre de 1741. La familia, sin embargo, procedía por línea paterna del señorío de Vizcaya. La madre murió a consecuencia del parto, y el padre, ausente por negocios en América, tardaría casi trece años en conocer al niño, a su regreso de las Indias. Tuvo que encargarse de su educación un tío jesuita, el padre Mateo Vázquez. Él fue quien le envió a estudiar primero a Francia, de donde pasó a Inglaterra, siguiendo a su padre que tras visitarle en París se había instalado en Londres. También viajaría por Italia y por lo que es hoy en día Alemania, ampliando su conocimientos de lenguas vivas, además del latín. Tras otro año de estancia en París, pasando por Flandes, regresó a España. El choque con la rancia y atrasada sociedad española quedaría luego reflejado en sus Cartas marruecas.

Ingresó entonces por orden de su padre y con dieciséis años en el Seminario de Nobles de Madrid, según cuenta, «con todo el desenfreno de un francés y toda la aspereza de un inglés», ya que su padre quería corregir en él las costumbres y la religión, y prepararle para un empleo de covachuelista, que detestaba; a ese fin fingió sentir inclinación por ser jesuita, sabedor de que su padre detestaba a los de la Compañía, y le sacó de allí; intentó persuadirle entonces de que lo que le gustaba era la carrera militar, lo que tampoco placía a su padre; se valió de estos tormentos para que su padre le devolviera a Europa y, entre los dieciocho y los veinte años vivió de nuevo en París y Londres, hasta que le llegó la noticia de la muerte de su padre en Copenhague (1761).

Tuvo entonces que regresar a España para arreglar el papeleo de su herencia, al parecer de forma tan apresurada que años después se encontró sin ningún patrimonio familiar; y se alistó en el regimiento de caballería de Borbón en 1762, participando en la campaña de Portugal, donde tuvo un violento duelo a espada con su antiguo condiscípulo el Marqués de Tabuérniga, con el que se había emborrachado, que terminó tan súbitamente como se había producido. Encontrándose en Madrid en marzo de 1766, sigue con interés el motín de Esquilache, salvando con su intervención la vida del Conde de O’Reilly; «aquel día conocí el verdadero carácter del pueblo», escribió en su Autobiografía. En ese mismo año obtuvo el hábito de caballero de la Orden de Santiago.

Trasladado su regimiento a Madrid, Cadalso se enamoró de la hija del consejero Codallos, con la que estuvo a punto de casarse. Entró luego en la camarilla de la frívola Marquesa de Escalona, siendo su chischiveo temporal, y tomando contacto con el entonces todopoderoso Conde de Aranda, presidente del Consejo de Castilla, al que llegaría a entregar el manuscrito de una novela, de carácter utópico por lo que indica el título: Observaciones de un oficial holandés en el recién descubierto reino de Feliztá.

Para gran escándalo de la nobleza (y en especial de las damas), circuló por Madrid un libelo titulado Calendario manual y guía de forasteros en Chipre (1768), parodia de la Guía común de forasteros, donde se satirizaban las costumbres amorosas típicas de la sociedad dieciochesca. El público, confiesa el mismo Cadalso, «me hizo el honor de atribuírmelo, diciendo que era muy chistoso». Como consecuencia de ello, tuvo que salir desterrado de Madrid a Zaragoza, donde permaneció hasta 1770. Fue allí donde empezó a dedicarse con intensidad a la poesía.

Pasados los seis meses del destierro, regresó Cadalso a Madrid, donde, entre 1770 y 1772, vivió su apasionada relación amorosa con la actriz María Ignacia Ibáñez, que ha dado lugar a toda una leyenda de marcado sabor romántico con la muerte de ella por fiebres tifoideas, con sólo veinticinco años, el 22 de abril de 1771. La leyenda cuenta que Cadalso, desesperado ante tan repentina muerte, intento desenterrar a su amada para darle el último adiós (episodio que quedó narrado en su obra Noches lúgubres). También le dedicó poemas en los que la actriz aparece con el nombre de Filis.

Sufrió una profunda depresión que intentaron distraer sus amistades y contactos en los salones y círculos literarios madrileños, sobre todo la activa tertulia de la Fonda de San Sebastián, de la que eran asiduos sus amigos Nicolás Fernández de Moratín y Tomás de Iriarte. Poco después se trasladó a Salamanca donde muy pronto convirtió su depresión en materiales poéticos, dramáticos e incluso filosóficos.[2] En la ciudad del Tormes y durante su breve estancia (1773–1774), Cadalso se convirtió en el epicentro de un círculo de admiradores y amigos, entre ellos: fray Diego González, Juan Pablo Forner, León de Arroyal y dos jóvenes poetas, el salmantino José Iglesias de la Casa y el extremeño, estudiante en la Universidad de Salamanca, Juan Meléndez Valdés. Su influjo fue enorme, como testimonia este último en carta a Ramón Caseda:

Él fue el primero que sublimó nuestros tiernos ojos hasta los cielos y nos hizo ver en ellos las inmensas grandezas de la creación ; él nos enseñó a buscar en el hombre al hombre mismo, y no dejarnos seducir de la grandeza y el poder.

También allí dio término a las Cartas marruecas, una novela epistolar que es en realidad una colección de ensayos sobre el atraso material, social, cultural y moral de España. En 1777 fue ascendido a comandante de escuadrón. Dos años más tarde participó en el asedio de Gibraltar (que duraría hasta 1783) y fue ascendido a coronel en 1781. Poco tiempo le quedaba: José Cadalso murió, el 27 de febrero de 1782, tras recibir el impacto en la sien de un casco de metralla o granada. Tenía sólo cuarenta años y apenas hacía un mes que le había sido conferido el grado de coronel. Su tumba se encuentra en la Iglesia Parroquial Santa María La Coronada en la Ciudad de San Roque, donde reside la de Gibraltar. Fue nombrado Caballero de la Orden de Santiago.

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