Jornadas de Mayo de 1937

Jornadas de Mayo de 1937
Revolución social española / Guerra Civil Española
Fecha 3 - 8 de mayo de 1937
Lugar Barcelona y otras zonas de Cataluña ( España).
Coordenadas 41°24′07″N 2°10′17″E / 41.4019, 41°24′07″N 2°10′17″E / 2.17139
Casus belli Ocupación gubernamental de la central Telefónica en Barcelona, controlada por la CNT- FAI.
Resultado El estado recupera sus competencias en Barcelona y Cataluña.
Beligerantes
Flag of Spain (1931 - 1939).svg República Española Bandera CNT-FAI.png CNT- FAI
Bandera CNT-FAI.png FIJL
Bandera CNT-FAI.png Agrupación de los Amigos de Durruti
Partido Obrero de Unificación Marxista flag.svg POUM
Flag of the Soviet Union.svg Sección Leninista-Bolchevique
Fuerzas en combate
Variable[nota 1] Desconocido
Bajas
500-1.000 muertos[1]
1.500 heridos.[1]
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Las Jornadas de Mayo de 1937, a veces también denominados Sucesos de Mayo o los Hechos de Mayo, hacen referencia a una serie de enfrentamientos ocurridos entre el 3 y el 8 de mayo de 1937 en diversas localidades de las provincias de Cataluña, con epicentro en la ciudad de Barcelona, en el contexto de la Guerra Civil Española.

En estos sucesos se enfrentaban los grupos anarquistas y trotskistas (partidarios de la Revolución), por un lado, y el Gobierno de la República, la Generalidad de Cataluña y algunos grupos políticos, por otro lado. Fue el punto culminante del enfrentamiento entre la legalidad republicana de la preguerra y la Revolución, que estaban en roce constante desde el 18 de julio de 1936.

Antecedentes: un largo conflicto incubado

Desde que fracasase la rebelión militar en Barcelona en julio de 1936 la ciudad de Barcelona y, con ella a la cabeza, toda la región catalana habían quedado bajo control de las milicias obreras, especialmente la sindical anarquista CNT- FAI, pero también de la socialista UGT. Recién tomados los últimos cuarteles en rebeldía, los líderes anarquistas se reunieron con Companys y resultado de esta reunión fue la constitución del Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña, el verdadero gobierno de Barcelona y toda Cataluña, donde estaban representados la mayoría de partidos del Front d'Esquerres (marca del Frente Popular en Cataluña); la Generalidad y el gobierno central habían perdido todo margen de actuación y asistieron pasivos ante la revolución que estaba teniendo lugar en Cataluña y que se extendió hasta Aragón. Las industrias se habían colectivizado, pero siempre se encontraban el mismo problema cuando acudían a los bancos (colectivizados, pero bajo control comunista y la Generalidad) a solicitar créditos y se los negaban por no estar supervisadas por la Generalidad.[2] En octubre el Comité se autodisolvió y sus miembros pasaron a ser los consellers del gobierno de la Generalidad de Cataluña. Pero las Patrullas de Control (organismo revolucionario de carácter represor y controlada por la CNT-FAI) continuaron su política de terror con total libertad, vista la imposibilidad del gobierno catalán de poderlas controlar.

El clima de desconfianza y enfrentamientos estaba presente no solo entre las instituciones republicanas y las organizaciones obreras, sino inclusive mismo entre estas, especialmente entre los anarquistas, por un lado, y los socialistas, nacionalistas catalanes y comunistas, por otro. Incluso entre los comunistas existía una fuerte división. Por un lado se encontraban los comunistas estalinistas del PCE y el PSUC, que seguían la doctrina oficial de la URSS, además de ser partidarios de llevar la guerra y la revolución de forma separada, así como la defensa del orden burgués de la Segunda República.[4]

La tensión fue en aumento desde el invierno debido a una serie de sucesos en cadena que calentaron el clima político y prepararon el camino para lo que luego tendría lugar. La campaña del PCE contra el POUM ya había empezado durante la celebración de una conferencia en Valencia, durante el mes de marzo. Durante la misma, se vilipendió a los líderes del POUM y se les acusó de ser agentes nazis encubiertos bajo una falsa propaganda revolucionaria, constituyendo unos agentes enemigos infiltrados en el país.[8]

El 25 de abril una fuerza de carabineros en Puigcerdá obligó a las patrullas de la CNT a que les entregaran el control de las aduanas; Juan Negrín, ministro de Hacienda, había resuelto poner fin a aquella anomalía en virtud de la cual la CNT controlaba aquella importante frontera.[10]

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