John D. Rockefeller

John Davison Rockefeller
John D. Rockefeller 1885.jpg
John Davison Rockefeller
Información personal
Nacimiento 8 de julio de 1839
Richford, Estados Unidos Bandera de Estados Unidos
Fallecimiento 23 de mayo de 1937 (97 años)
Nueva York, Estados Unidos Bandera de Estados Unidos
Nacionalidad estadounidense
Familia
Padres William Avery Rockefeller (padre)
Eliza Rockefeller (madre)
Cónyuge Laura Celestia Spelman
Hijos Elizabeth Rockefeller (1866-1906)
Alice Rockefeller (1869-1870)
Alta Rockefeller (1871-1962)
Edith Rockefeller (1872-1932)
John D. Rockefeller Jr. (1874-1960)
Información profesional
Ocupación

Empresario e Inversionista

Patrimonio Crecimiento 663 400 millones de dólares de acuerdo a Forbes[1] y ajustado a la inflación-febrero de 2008.
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John Davison Rockefeller ( Richford, 8 de julio de 1839- Nueva York, 23 de mayo de 1937) fue un empresario, inversionista, industrial y filántropo estadounidense, que trabajó en el mundo de la industria petrolera, llegando al punto de monopolizarla. Fue el fundador y presidente de la Standard Oil, una gigantesca compañía que llegó a controlar la extracción, refinamiento, transporte y distribución de más del 90 % del petróleo de Estados Unidos y sostuvo monopolios enteros (en forma de inversiones) en múltiples países extranjeros.[4]

Sus logros empresariales son tan magníficos como controvertidos, pues mediante astucia, ingenio, dedicación y pocos escrúpulos, ascendió en el mundo empresarial, levantó un extenso imperio que se extendió hasta tal punto que ninguna otra empresa en la historia ha logrado alcanzar hasta hoy en día. Señalado por sus prácticas monopolistas, fue denunciado por periodistas e investigadores, y a la larga el gobierno de los Estados Unidos tuvo que enfrentarse a él, logrando llevarlo ante los tribunales y consiguiendo tras años enteros de litigios que se dictara la separación de la gigantesca petrolera de Rockefeller, separación que tardó mucho tiempo en materializarse después de dictada.

Rockefeller es hasta ahora el único caso que se haya visto de un hombre que llegó a construir un monopolio puro, que le costó al mismo gobierno disolver y que de hecho marcó en profundidad el desarrollo de la industria petrolera a nivel mundial.

Está considerado como el hombre más acaudalado de la Historia Mundial[8] y es el fundador de la mítica familia de millonarios que aún persiste hoy en día, con su mismo apellido y poderío así como la extensión de su riqueza fueron extremas no solo sobre Estados Unidos sino sobre otros lugares, como Europa y Latinoamérica, de hecho, su familia continuó controlando el 90 % de la industria petrolífera en esta última región durante más de seis décadas luego de su fallecimiento.

Inicios

Infancia

John Davison Rockefeller nació en Richford ( Nueva York), el 8 de julio de 1839, en una famila de clase media descendiente de inmigrantes alemanes (y estos descendientes de franceses hugonotes que se trasladaron a Alemania en el siglo XVII) llegados a Estados Unidos en 1733. Su madre, Eliza, era una mujer muy organizada y dedicada a atender a su familia y su padre, William Avery Rockefeller, no fue modelo de fidelidad conyugal ni ejemplo para sus seis hijos. Alejado del seno familiar por largos periodos, cuando volvía sus bolsillos por lo general estaban llenos de dinero e increíblemente volvía cargado de regalos para su mujer y sus hijos. Mucho más tarde, John descubriría que su padre no era más que un impostor, que visitaba las reservas indígenas vendiéndoles a sus moradores toda suerte de objetos y posteriormente fue mucho más rentable la venta de productos farmacéuticos, que vendía como panacea para el cáncer.

De su madre Eliza heredó no sólo el físico, sino también la estricta moral calvinista, además de muchos de los principios básicos de su vida, entre ellos el orden y la dedicación.

John Davison demostró ser desde muy joven inteligente y aplicado. Se mudó con su familia a Ohio, Cleveland, donde su padre había conseguido una mejor oportunidad de trabajo. Ahí estudió en varios colegios públicos.

Ya desde muy joven Rockefeller mostraba gran interés por los negocios. De hecho, recolectaba piedras para pintarlas y luego venderlas a sus compañeros, cuyos pagos depositaba en un frasco azul, que él mismo denominó más tarde como su primera «caja fuerte», que guardaba celosamente en su habitación, logrando, a la larga, amasar la pequeña fortuna de 50 dólares, que para la época representaba una suma de dinero considerable. Rockefeller alega que fue entonces cuando pudo aprender una de las lecciones más valiosas de su vida, cuando un día un amigo de su padre fue a su casa a pedirle un préstamo para saldar un par de deudas que estaban a punto de vencer. Su padre no tenía el dinero, pero él sí, y acordó prestárselo con un interés del 7 %. Rockefeller se sorprendería posteriormente cuando, al cabo de un año, recibió una suma monetaria muy superior a la que había dado originalmente. Por ello se fijó la máxima de su vida:

No trabaje por el dinero, deje que el dinero trabaje por usted.

De allí en adelante, todas sus ganancias serían religiosamente contabilizadas en una libreta que él llamaba «el registro A» y comenzó a fundamentar la mentalidad que lo llevaría a triunfar años más tarde.

Carrera temprana

Rockefeller a los 18 años

Su innato gusto por los negocios lo estimuló aún más la escuela comercial de Cleveland, de donde salió a los 16 años. Ese mismo año obtuvo su primer empleo en una empresa de corredores y comerciantes en granos, donde trabajó con general beneplácito sin fijarse en horarios, perdido en ese mar de cifras que tanto lo apasionaba. Por la noche, en la cama, repasaba mentalmente las operaciones financieras del día, tratando de descubrir en qué podría haber obtenido mejores ganancias.

Ya a sus 16 años, John Davison Rockefeller era contador en Cleveland y mostraba gran competencia en esta rama, trabajando para la firma Hewit and Tuttl y otras empresas, llegando al punto de que, al tercer año en el susodicho sector, ya ganaba 600 dólares anuales (una suma considerablemente alta, teniendo en cuenta que era el año 1857), pero cuando le negaron un aumento de 200 dólares, decidió instalar un negocio por cuenta propia. Tenía ahorrados 800 dólares, pero aún le faltaban otros 1000 para crear su primera firma de corretaje. Su padre se los adelantó con un interés anual del 10 %, hasta que alcanzara la mayoría de edad. Así fundó, con su socio M. B. Clark, la firma Clark & Rockefeller, que obtuvo, en el primer año, beneficios por 4000 dólares y en el segundo cuadruplicó la suma.

Entonces comenzó a invertir en el sector cafetero, con lo que aumentó aún más sus ingresos. Pero a pesar de la gran cantidad de dinero que ganaba, Rockefeller no se sentía complacido, pues deseaba llegar mucho más lejos y estaba decidido a lograrlo.

El imperio de Rockefeller

La inconformidad de Rockefeller respecto a sus logros y a la producción de su firma, así como su percepción de que la industria petrolera le brindaría más oportunidades, le indujeron a meterse en el sector industrial, en la producción petrolera. John Davison Rockefeller era ahora un joven y acaudalado entusiasta del sector petrolero, pero ninguna persona en aquel mundo se imaginaba que la ambición e inteligencia de este joven le llevaría a crear el mayor monopolio de todos los tiempos y justamente sobre aquella tan importante industria.

Fuerza y sentido de la oportunidad

Cleveland en 1857.

Desde los años 1850, Cleveland había estado experimentando un acelerado crecimiento, especialmente en los sectores industriales, dando como resultado que, para 1861, se había tornado en una de las ciudades más modernas y productivas de Estados Unidos, además de ser una de las principales sedes industriales. En medio de este ambiente, Rockefeller apreció de cerca el crecimiento paulatino que la industria petrolera empezaba a experimentar y fue lo bastante brillante como para entender que ese combustible pronto se convertiría en la fuente de energía del mundo.

En 1862, con los ahorros y ganancias de su firma cafetera, pasó a ser socio de la Clark & Andrews, que comenzó instalando sus refinerías, y en cuestión de muy poco tiempo empezó a adquirir otras en Cleveland, actividad que continuó hasta apropiarse de forma definitiva de gran parte de las de la ciudad.

El estallido de la Guerra Civil en 1861 fue la llave de su fortuna. Dos años antes, con la perforación del primer pozo de petróleo, comprendió que podía ganar más con su transporte y refinación que con la explotación. Cuando la compañía ferroviaria del Atlántico y el Oeste extendió su línea hasta Cleveland en 1863, poniendo esta ciudad en contacto directo con Nueva York a través de la región del petróleo, supo que había llegado el momento. Tenía 23 años e invirtió 4000 dólares como socio comanditario en la nueva firma Clark, Andrews & Co. Las refinerías surgían como hongos en Cleveland y su entusiasmo por el oro negro le hizo abandonar el comercio de granos. Al negarse su socio Clark a expander la firma (le atemorizaba el pasivo de 100 000 dólares), decidieron subastar la empresa. El 2 de febrero de 1865, la compañía salió a la venta, las apuestas subieron rápidamente. Clark, decidido a quedarse con la firma, ofreció 72 000 dólares. Rockefeller, imperturbable, retrucó con 72 500 dólares y se quedó con la compañía. El negocio, que en adelante se llamaría Rockefeller & Andrews, era la mayor refinería de Cleveland, con una capacidad de 500 barriles por día y ganancias de un millón de dólares por año, que se duplicarían al año siguiente.

En aquella época John Davison Rockefeller se decía que sólo tenía que mostrarles a sus competidores su cartera de inversiones y propiedades, para que estos decidieran venderle o negociar con él. De lo contrario podían estar seguros de que Rockefeller se encargaría de quebrarlos y llevarlos a la bancarrota. Después de todo, él dejaba muy en clara su visión con la frase:

La competencia es un pecado, por eso procedemos a eliminarla.

Ya desde entonces Rockefeller mostraba su mentalidad de hombre de negocios depredador, buscando la expansión de sus empresas, el aumento de sus inversiones y la eliminación progresiva de la competencia a toda costa. El astuto e inteligente empresario haría en el futuro muchas maniobras que reflejarían su visión y en más de una ocasión demostraría su efectividad a la hora de sobreponerse a los demás.

La conquista de Cleveland y la expansión nacional

Rockefeller en 1875

Su siguiente paso fue negociar con el ferrocarril tarifas preferenciales, y ese descuento fue un arma esencial para fundar en 1870 una nueva sociedad, con 1 millón de dólares de capital: la Standard Oil, que absorbió a la empresa Rockefeller & Andrews, que venía de una rápida expansión, en el año 1870. Debido a que la Standard Oil había sido creada por Rockefeller, su hermano William y varias personas más, Rockefeller pasó a liderar la compañía.

Ahora John Davison Rockefeller controlaba una vasta red de refinerías. Además, como él mismo había determinado que el negocio del petróleo podía generar ganancias desde más de un enfoque, llevó a la compañía a desarrollar sistemas de extracción y transporte del crudo, controlando así todos los aspectos de la producción petrolera.

En 1870 la Standard Oil era una de las mayores refinerías del centro de los Estados Unidos y ya en 1872, junto con dos de los más importantes refinadores de Pittsburg y Filadelfia, pudieron manejar a su antojo las tarifas con los ferrocarriles. La Standard Oil refinaba un cuarto de toda la producción de petróleo del país, y eliminando paso a paso a la competencia, se convirtió en un poderoso monopolio que refinaba el 95 % de la capacidad total del país. Su equipo directivo estaba formado por un conjunto de los más capaces financieros del país. Todos eran millonarios. Para Rockefeller, la elección del personal siempre había sido un ingrediente importantísimo; elegía a los más capaces y entusiastas.

A principios de 1872, Rockefeller estaba decidido a finalizar su proyecto de adueñarse de la industria petrolera, para lo cual avanzó, dando una maniobra sin precedentes, al ayudar a crear la South Improvement Company, una asociación que englobaba a los principales refinadores de petróleo de Cleveland, llegando a acuerdos con las empresas ferroviarias para obtener importantes descuentos para los miembros de la asociación. Este acuerdo ocasionó el reclamo del público que abogó por su anulación, algo se logró de modo legal, tres meses más tarde, ante las protestas de la gente, pero para entonces casi todos los competidores de Rockefeller se habían visto obligados a vender o a asociarse con él. En cuestión de tres meses, Rockefeller había comprado 22 de las 25 refinerías de Cleveland, todo gracias a esta magnífica maniobra, pasando aquella hazaña a ser denominada la "Conquista de Cleveland".

Luego de aquel extraordinario éxito, John Davison Rockefeller se encargó de expandir la presencia de la Standard Oil hacia todo el país. Instalando o comprando, su objetivo era dominar la industria. En 1878 Rockefeller controlaba el 90 % de las refinerías de petróleo de Estados Unidos y poco después ejercía un monopolio de los canales de distribución.

Ahora Rockefeller era, para fines prácticos, "el dueño de la industria petrolera de Estados Unidos" y ya nada podía cambiarlo.

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