Joaquín Dicenta

Joaquín Dicenta
Joaquín Dicenta, de Compañy.jpg
Fotografiado por Manuel Compañy (c. 1909)

Concejal del Ayuntamiento de Madrid

Información personal
Nacimiento 3 de febrero de 1862
Calatayud
Fallecimiento 21 de febrero de 1917
Alicante
Nacionalidad Española Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Periodista y escritor Ver y modificar los datos en Wikidata
Género Dramaturgia y novela Ver y modificar los datos en Wikidata
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Joaquín Dicenta Benedicto ( Calatayud, Zaragoza, 3 de febrero de 1862 - Alicante, 21 de febrero de 1917), periodista, dramaturgo del neorromanticismo, poeta y narrador naturalista español, padre del dramaturgo y poeta del mismo nombre y del actor Manuel Dicenta.

Biografía

Hijo de un teniente coronel del ejército, nació por pura casualidad en Calatayud cuando su familia se trasladaba de Alicante a Vitoria. En la guerra carlista cayó herido en la cabeza su padre, que a consecuencia del daño cerebral perdió la razón, y la familia volvió a Alicante, donde todavía vivió algunos años el padre enfermo hasta que murió, pues su mujer no quiso hacerlo internar. En esta ciudad pasó su infancia el futuro escritor; allí estudió la educación secundaria junto a Rafael Altamira y Carlos Arniches, aunque otros afirman que en realidad estudió en Madrid con los escolapios de Getafe. El caso es que ingresó en la Academia de Artillería de Segovia, pero fue expulsado de la misma 1878, a causa de su vida bohemia y su afición al alcohol y a las mujeres. Malvivió entonces en los arrabales y ambientes marginales de Madrid, frecuentando aquel tabernáculo de los bajos fondos llamado "La Estufa", intentando estudiar derecho e introduciéndose en los círculos republicanos y demócratas, y experimentó el influjo del socialismo utópico y del Krausismo, y en concreto de Francisco Giner de los Ríos. En Madrid, asimismo, conoció al que sería su gran amigo, el desdichado poeta y periodista Manuel Paso, que fallecería alcoholizado en plena juventud. Colaboró en el periódico El Liberal y publicó sus primeros poemas en la revista Edén.

Joaquín Dicenta, fotografiado por Christian Franzen (c. 1908).

Estrenó su primer drama en 1888, gracias a la protección de Manuel Tamayo, y escribió numerosas novelas, cuentos y piezas de teatro en prosa y verso. También escribió poesía, aún por recopilar y estudiar, y en su poema Prometeo de 1885 declaró ya su ateísmo. Tras un breve y frustrado matrimonio, la sociedad le marginó a causa de haberse unido a una mujer gitana, la bailaora andaluza Amparo de Triana, que abandonó la profesión para vivir con el altivo, independiente y pendenciero poeta. El resonante éxito internacional de su drama Juan José, rechazado anteriormente por la compañía de Ceferino Palencia y María Tubau, y una de las obras más representadas en España antes de la Guerra Civil, le sacó del arroyo. A resultas de ello recibió poco después un homenaje por parte de los literatos y periodistas madrileños el 11 de noviembre de 1895. Fundó con Ruperto Chapí, en 1889, la Sociedad de Autores, entidad precursora de la Sociedad General de Autores y Editores. Dirigió el semanario Germinal (1897), que agrupaba a bastantes autores del naturalismo, o más bien un grupo ecléctico de utopistas honestos, republicanos y anticlericales independientes que se autodenominaba Gente nueva, disconforme con la sociedad española de entonces: Ricardo Fuente, Antonio Palomero, Rafael Delorme, Ernesto Bark, Jurado de la Parra, Ricardo Yesares, Miguel y Alejandro Sawa, Manuel Paso, Eduardo Zamacois, Urbano González Serrano, Nicolás Salmerón, Rotuney, A. de Santaclara... A estos se añadieron otros autores más conocidos, como Ramiro de Maeztu, Ramón María del Valle-Inclán, Pío Baroja y Jacinto Benavente. La revista publicaba ensayos, poesía y literatura de contenido social.

Caricatura de Dicenta en Don Quijote, 1902.

Germinal salió a la luz el 30 de abril de 1897 y prolongó su vida dos años; Dicenta fue el redactor jefe hasta el número 24; después lo sustituyó Nicolás Salmerón y García. En 1903 volvió a publicarse como diario de la tarde, pero muy alejado ya del contenido y de los intereses iniciales, que se resumieron en los siguientes puntos del primer número:

  • 1. Sistema democrático;
  • 2. Justicia gratuita;
  • 3. Autonomía administrativa del municipio;
  • 4. Obligación de todos los ciudadanos de servir a la patria con las armas;
  • 5. Renovación del código civil para la nacionalización de bienes por muerte intestada;
  • 6. Instrucción primaria gratuita y obligatoria;
  • 7. Fiscalización del Estado en el régimen del trabajo industrial y agrícola;
  • 8. Reversión al Estado de todo capital improductivo por voluntad del dueño o por carencia de medios de explotación;
  • 9. Derecho a la vida y a los medios para que sea digna;
  • 10. La pena como reparación del daño y medio de corrección del culpable;
  • 11. Creación del Ministerio del Trabajo, como centro de las reformas sociales;
  • 12. Derecho al trabajo.

Dicenta dirigió también el más importante de los diarios republicanos españoles de su época, El País. Volvió gravemente enfermo a Alicante y murió poco después; como ateo confeso, fue enterrado en el cementerio civil de San Blas. En la actualidad descansa en el cementerio alicantino de Nuestra Señora del Remedio, muy cerca de su buen amigo Antonio Rico Cabot.

Tuvo un gran adversario en Julio Camba, que escribió en muchas ocasiones contra el bilbilitano; por el contrario, Ramiro de Maeztu y su amigo Pedro de Répide le elogiaron. Azorín y Miguel de Unamuno le censuraron su vida disipada y frecuentar los bajos fondos y los hampones. Aunque salió de apuros económicos merced al éxito de Juan José, tuvo una vida turbulenta. Eduardo Zamacois, gran amigo suyo, le recuerda el día del estreno: "Llegó sangrando: alguien le había atizado un par de bastonazos en la cabeza". Añade que a Dicenta le gustaba reñir. "En su biografía hay puñaladas, un rapto, un suicidio". Era, dice, "vanidoso, informal, ilógico, esquivo y cordial. Era la juventud". Parece que Dicenta, en una de tantas francachelas nocturnas, le cortó a Valle las melenas y el genial gallego hubo de afeitarse el cráneo y esperar al crecimiento natural.

La más importante de sus obras dramáticas es la ya citada Juan José, estrenada con gran éxito en el Teatro de la Comedia de Madrid en 1895; con esta pieza inaugura el drama social en España, pese a que se trata de un melodrama sobre los celos, ya que se desarrolla en una tasca frecuentada por albañiles y contiene denuncia social; se representó habitualmente todos los primeros de mayo en Alicante. Sin embargo, una pieza de drama social más genuina es Aurora, estrenada en 1902, que constituye un auténtico teatro revolucionario y progresista.

Los diálogos de Joaquín Dicenta intentan reproducir el habla normal del proletariado madrileño; en ese sentido resulta castizo, aunque su casticismo es mucho más realista que, por ejemplo, el estilizado que se encuentra en la obra dramática de Arniches.

Fue concejal del Ayuntamiento de Madrid.[1]

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