Jesse Owens

Jesse Owens
Olympic rings with white rims.svg Medallista olímpico Olympic rings with white rims.svg
Jesse Owens3.jpg
Jesse Owens en las Olimpiadas de Berlín (1936).
Datos personales
Nombre completo James Cleveland Owens
Nacimiento Oakville, Estados Unidos
12 de septiembre de 1913
Nacionalidad(es) Bandera de Estados Unidos Estadounidense
Fallecimiento Tucson, Estados Unidos
31 de marzo de 1980 (66 años)
Altura 1,80 metros (6  pies)[1]
Peso 165 libras (75  kg)
Pareja Minnie Ruth Solomon
Carrera
Deporte Atletismo
Universidad Universidad de Ohio
Especialidad Carreras de velocidad
salto de longitud
Página web oficial
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James Cleveland «Jesse» Owens ( Oakville, Alabama, Estados Unidos, 12 de septiembre de 1913- Tucson, Arizona, Estados Unidos, 31 de marzo de 1980) fue un atleta estadounidense. En los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 ganó fama internacional al conquistar cuatro medallas de oro en las pruebas de 100 m, 200 m, salto de longitud y la carrera de relevos 4×100 m.[2]

En su apogeo fue considerado como «el mejor y más reconocido atleta de la historia».[4]

Biografía

Infancia y juventud

Owens nació en la localidad de Oakville, Alabama, el 12 de septiembre de 1913 como el menor de diez hijos (tres mujeres y siete hombres) de Henry Cleveland Owens y Mary Emma Fitzgerald. «J.C.», como era conocido, tenía nueve años cuando la familia se mudó a Cleveland, Ohio, en búsqueda de un mejor futuro durante la Gran Migración Negra, cuando un millón y medio de afroamericanos huyeron de la segregación imperante en el sur del país. Al iniciar su etapa escolar en esta ciudad, su profesor le preguntó por su nombre, a lo que el joven respondió «J. C.» (pronunciado en inglés jay-cee), pero debido a su fuerte acento sureño el educador le escuchó Jesse. Esta fue la razón de que fuera conocido como Jesse Owens de ahí en adelante.[5]

En su adolescencia trabajó en diferentes oficios durante su tiempo libre: como repartidor de mercancías, estibador en vagones de carga y en un taller de reparación de calzado mientras su padre y su hermano trabajaban en una acerería.[6] En esos años también comenzó su interés por las carreras de velocidad. Charles Riley era su entrenador en Fairmont High School, y fue tan determinante en la instrucción de Owens que éste le consideraba como el responsable de su éxito en el atletismo. Riley además se ganó su estima, ya que le daba la oportunidad de entrenar antes de iniciar el horario escolar, puesto que trabajaba en el taller de calzado después de la escuela.

En esa misma institución conoció a Minnie Ruth Solomon, su futura esposa, cuando él tenía 15 años de edad y ella 13. La relación dio fruto a la primera hija de la pareja, Gloria Owens, nacida en 1932. Ambos contrajeron matrimonio en 1935 y tendrían dos hijas más: Marlene, nacida en 1939, y Beverly, nacida un año después.[7]

Ya en 1933, cuando se encontraba estudiando en la East Technical High School en Cleveland, Owens atrajo la atención del entorno deportivo nacional al igualar el récord mundial de 9,4 s en la carrera de 100 yardas (91,44 m) y al lograr una marca en el salto de longitud de 7,56 m durante el campeonato nacional de secundaria que tuvo lugar en Chicago.[8]

Carrera deportiva

En la Universidad de Ohio

Owens asistió a la Universidad de Ohio después de que su padre consiguiera empleo. En dicha institución educativa era conocido como «La bala», y como parte de la institución logró ocho títulos durante las competiciones de la NCAA: cuatro en 1935 y otras tantas en 1936. Sin embargo, pese a su éxito deportivo, debía alojarse fuera del campus universitario junto a otros atletas afroamericanos. Asimismo cuando viajaba con el equipo tenía que cumplir con ciertas disposiciones, entre otras hacer sus pedidos en restaurantes únicamente en el servicio de comida para llevar, y además asistir a comedores exclusivos para afroamericanos. Lo mismo ocurría con los hoteles. De hecho, nunca recibió una beca por sus logros deportivos, por lo que continuó trabajando a jornada parcial para pagarse los estudios.

Particularmente especial fue el año 1935, cuando el 25 de mayo realizó una memorable hazaña durante 45 minutos en las competiciones de la Big Ten Conference que tuvieron lugar en Ferry Field en Ann Arbor, Míchigan. En ese día estableció tres récords mundiales e igualó otro más: En la carrera de 100 yardas corrió en 9,4 s empatando la marca mundial, y las nuevas plusmarcas a su cuenta fueron en el salto de longitud (8,13 m que se mantendría por 25 años), 20,3 s en la carrera de 220 yardas (201,168 m), y 22,6 s en la carrera de 200 yardas con vallas bajas, que era la primera marca conocida por debajo de los 23 s.[9]

Los Juegos Olímpicos de Berlín

«Dejaba mis pies lo menos posible en la superficie. Siempre aceleraba al tocar el suelo y cuando me alzaba».[11]
—Palabras de Owens acerca de su técnica en la carreras.

En el año 1936 se llevarían a cabo los Juegos Olímpicos en la ciudad de Berlín. Con Adolf Hitler en el poder, se pretendía que el evento demostrara al mundo el progreso de la Alemania nazi.[13]

Owens durante la prueba del salto de longitud en los Juegos Olímpicos de Berlín.

En ese contexto Owens llegó a Berlín para competir por los Estados Unidos. De acuerdo con las declaraciones de su compañero de equipo James LuValle, ganador de una medalla de bronce en los 400 m, Owens era esperado por muchos aficionados, la mayoría jovencitas alemanas que gritaban Wo ist Jesse? Wo ist Jesse? (¿Dónde está Jesse?). Muchas de ellas habían llegado con tijeras en sus manos para intentar cortar fragmentos de su traje, lo que obligó al atleta a meterse de vuelta al tren. Tras ese incidente, y cuando salía de la villa de los atletas, debía de hacerlo con un grupo de soldados para protegerle.[14]

Su fama internacional era también reconocida por Adi Dassler quien le visitó en la villa Olímpica. Dassler, futuro fundador de la compañía Adidas, le convenció de utilizar las zapatillas de la empresa Gebrüder Dassler Schuhfabrik, lo que se convirtió en el primer patrocinio para un atleta afroamericano.[15]

El día 3 de agosto Jesse Owens ganó su primera medalla de oro. La conquistó en la carrera de los 100 m con un tiempo de 10,3 s, por delante de su compañero de estudios Ralph Metcalfe[16]

El 5 de agosto se adjudicó la carrera de los 200 m con un tiempo de 20,7 s por delante de Mack Robinson; y el 9 de agosto se llevó su cuarta medalla de oro en la carrera de relevos 4×100 m. En esta competición el entrenador Dean Cromwell había remplazado a Marty Glickman y Sam Stoller por Owens y Ralph Metcalfe, quienes completaron el equipo con Frank Wykoff y Foy Draper para establecer un récord mundial de 39,8 s.[17] La hazaña de las cuatro medallas de oro no sería igualada hasta los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984 en los que Carl Lewis ganó la misma cantidad en los mismos eventos.

Jesse Owens, Adolf Hitler y el Partido Republicano

Alrededor de Jesse Owens y Adolf Hitler han circulado varias versiones sobre su posible encuentro durante los juegos. Desde el primer día de competición, se sabe que Adolf Hitler únicamente saludaba a los atletas alemanes que habían obtenido medallas y posteriormente abandonaba el estadio. Por esto, los oficiales del comité olímpico le insistían en que saludase a todos los medallistas sin distinción, o bien a ninguno. Hitler se decidió por esta última opción y por tanto se ausentaría de la entrega de medallas.[20] Acerca de estas aseveraciones de que Hitler deliberadamente evadía reconocer sus triunfos y por tanto rechazarle cualquier saludo, Owens aseveró:

Hitler tenía controlado su tiempo tanto para llegar al estadio como para marcharse. Sucedió que debía marcharse antes de la ceremonia de entrega de medallas de los 100 m. Pero antes de que se fuera yo me dirigí a aparecer en una transmisión televisiva y pasé cerca de donde él estaba. Él me saludó y yo le correspondí. Creo que es de mal gusto criticarle si no estás enterado de lo que realmente pasó.[21]

Sin embargo, las palabras de Albert Speer han abonado la versión del pretendido desdén de Hitler hacia Owens. Según Speer, Hitler estaba «muy molesto por los triunfos del negro estadounidense. [Porque] cualquiera que tuviese ancestros procedentes de la jungla era un salvaje; su constitución física era mucho más fuerte que la de los blancos y por ello deberían haber sido excluidos de los juegos».[22]

Jesse Owens en el podio olímpico después de su victoria en el salto de longitud en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 junto a Naoto Tajima (izquierda) y Luz Long (derecha).

En una entrevista realizada el 2009, Siegfried Mischner, periodista alemán, aseveró que Owens llevaba en su cartera una fotografía de Hitler en la que le extendía la mano. Owens, quien pensaba que los periódicos habían tratado injustamente al Führer en sus reportajes, en los años 1960s trató de convencer a Mischner y a sus colegas para cambiar la versión más aceptada, pero equivocada, del trato de Hitler hacia su persona. Mischner aseveró que Owens le enseñó esa fotografía y que éste le dijo que «había sido uno de sus mejores momentos». Mischner agregó: «[La foto] había sido tomada detrás del palco de honor y por tanto no había sido cubierta por la prensa. La observé, ¡Él estrechaba la mano de Hitler!». De acuerdo a Mischner, «en la Alemania de posguerra predominaba la idea de que Hitler había ignorado a Owens, por lo que decidimos no revelar la existencia de la foto. Estábamos de acuerdo en que Hitler debía ser considerado como un malvado con respecto a Owens».[25]

Sin embargo, en 2014, Eric Brown, distinguido piloto aéreo británico, aseveró en un documental de la BBC que había visto a «Hitler estrechar la mano de Owens y felicitarle por lo que había logrado».[27]

Ya de vuelta en su país, la vida de Owens tendría una serie de altos y bajos. Mientras en Alemania el atleta podía viajar libremente y hospedarse en cualquier hotel, en los Estados Unidos debía quedarse en los hoteles segregados como los demás afroamericanos. Sin embargo, cuando se realizaba el desfile con confeti en Nueva York en su honor por la Quinta Avenida, recibió un reconocimiento muy particular: alguien le dio una bolsa de papel, a la que no prestó atención hasta que el desfile concluyó. Al abrirla, encontró en su interior 10 mil dólares en efectivo. Su esposa declararía posteriormente que «él ignoraba quién sería tan bueno para hacer algo así. Con todo el alboroto alrededor, no la recogió inmediatamente, lo hizo cuando salió del coche».[28]

En contraste, después del desfile el homenajeado debió utilizar el montacargas del Waldorf-Astoria para asistir a otra recepción en su honor.[30]

Owens, quien se integró en el Partido Republicano al retornar de Europa, recibió dinero para conseguir votos entre los afroamericanos en favor del candidato presidencial Alf Landon para la elección presidencial de 1936.[35]

Después de Berlín

Imagen de Owens en un sello postal de los Emiratos Árabes Unidos de 1971.

Al terminar los juegos, Owens y sus compañeros del equipo olímpico recibieron una invitación para viajar a Suecia. Él pretendía que al regresar a los Estados Unidos sacaría partido a su fama y por tanto conseguiría las mejores ofertas de patrocinio. Por el contrario, las autoridades del atletismo nacional mostraron su oposición y le retiraron su estatus de amateur, lo que acabó con su carrera deportiva. Owens, contrariado, expuso: «El mundo del atletismo se está convirtiendo en una farsa. Ya no significa nada para nosotros los atletas. La AAU se lleva todas las ganancias. Se lleva todo nuestro dinero en este país y te persigue en Europa para conseguir su parte. Tus mismos compatriotas te quitan lo que te pertenece».[37]

Pese a la decisión tomada por las autoridades atléticas, las ofertas de patrocinio deportivo no desaparecieron. En 1946 participó en la fundación de la West Coast Baseball Association (WCBA) junto a Abe Saperstein, en lo que era una Liga de Béisbol afroamericana; y en la que Owens era vicepresidente y propietario del equipo Portland Rosebuds.[39]

El ex campeón olímpico trataba de ejercer como promotor deportivo, específicamente como organizador de eventos. También participaba en carreras de velocidad de 100 yardas (91,44 m) en las que daba la ventaja a sus competidores de adelantarse 10 o 20 yardas, pese a lo que resultaba ganador al final de la carrera. Además siguió participando en espectáculos donde desafiaba a caballos de carreras. Como revelaría posteriormente, se enfrentaba a un caballo que se asustaba fácilmente con el ruido de la pistola de salida, lo que le impedía hacer un buen trote. Al respecto de estas carreras, Owens opinaba que «la gente decía que era degradante ver a un campeón olímpico competir con un caballo, pero ¿qué podía hacer? Tenía cuatro medallas de oro, pero no podía comérmelas».[40]

Además, Owens tenía una lavandería y trabajaba en una gasolinera para conseguir un dinero extra; pero no pudo evitar caer en la bancarrota. En 1966 fue juzgado por evasión de impuestos.[41] Tras haber tocado fondo, encontró ayuda en el gobierno, que le designó embajador de buena voluntad. Una vez retirado se convirtió en propietario de caballos de carreras.

Con respecto al incidente ocurrido en los Juegos Olímpicos de México 1968 donde los velocistas Tommie Smith y John Carlos realizaron el saludo del Poder Negro, Owens no mostró su apoyo. Al respecto dijo:[42]

Es un símbolo sin significado. Cuando abres los puños, tienes a la vista tus dedos, que son frágiles. La única ocasión en que el puño cerrado tiene significado es cuando tienes dinero agarrado. Allí reside el verdadero poder.

Cuatro años después, en 1972, cuando salió publicado su libro «He cambiado», matizó aquella opinión:

Me di cuenta de que luchar, en su mejor sentido, era la única respuesta que el afroamericano tenía, que cualquier negro que no estaba comprometido en la lucha en 1970 estaba ciego o era un cobarde.

Fallecimiento

Jesse Owens fumaba una cajetilla diaria de cigarrillos y se mantuvo así durante 35 años. Pero en diciembre de 1979 comenzaron sus entradas y salidas del hospital por padecer cáncer de pulmón. Murió a los 66 años en Tucson, Arizona, el 31 de marzo de 1980 rodeado de su esposa y demás familia.[43] Sus restos se encuentran en el cementerio de Oak Woods en la ciudad de Chicago.

El dormitorio en el que se alojó durante los Juegos Olímpicos fue convertido en un museo con fotografías de sus logros durante la competición. Allí se encuentra una carta (interceptada por la Gestapo) de un admirador que le recomendaba no darle la mano a Adolf Hitler.[44]

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