Jerónimo de Pasamonte

Jerónimo de Pasamonte
Información personal
Nacimiento 1553 Ver y modificar los datos en Wikidata
Ibdes, España Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento post. 1605 Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Española Ver y modificar los datos en Wikidata
Orden religiosa Orden del Císter Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Escritor y militar Ver y modificar los datos en Wikidata
Años activo 1571–1605
Participó en Batalla de Lepanto Ver y modificar los datos en Wikidata
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Jerónimo de Pasamonte (n. Ibdes, Zaragoza, 8 de abril de 1553 - fl. 1605), militar, probablemente monje de la Orden del Cister y escritor español del Siglo de Oro.

Biografía

Nació en Ibdes, un pueblo de la comarca de Calatayud, en la provincia de Zaragoza, hijo de una baja nobleza de infanzones; antes de los once años quedó huérfano de padre y madre. Aunque tenía la vocación del monacato, y en su juventud hizo el voto religioso de ingresar como fraile bernando en un monasterio cisterciense, su hermano mayor le impidió hacerlo, por considerarlo una deshonra para su linaje. Entonces marchó a Barcelona, y allí, con solo dieciocho años, se alistó en el ejército que marchaba a Italia. Participó en las jornadas de Lepanto (1571), Navarino (1572) y en la batalla de Túnez (1573), donde, formando parte de la guarnición, fue capturado por los turcos en 1574, en su tercer año de carrera militar.

Permaneció cautivo durante casi dieciocho años (desde el 19 o 20 de agosto de 1574 hasta el 30 de marzo de 1592) entre Estambul, Túnez, Bizerta, Alejandría, Misistro, Rodas, Argel y de nuevo Estambul. En Túnez y Bizerta trabajó como esclavo y peón albañil levantando fortificaciones; en Alejandría pasó cuatro años remando en los veranos como galeote, labor que también le encomendaron en Estambul. En Rodas permaneció ocho años (1582-1590) ayudando a construir una mezquita, acarreando madera para construir bajeles en las atarazanas y también como galeote. Pasó por diferentes amos, intentando escapar de su mísero destino en tres ocasiones, pero fracasando en todas ellas a causa de traiciones, enredos y otros factores. En la primera vez es dado por muerto de tan terribles como eran las heridas de los brutales castigos que se le infligieron (llegaban a cortar orejas y narices y romper brazos y piernas, y a veces incluso había empalamientos). Evitó sin embargo las penas más severas. Y en la tercera de sus tentativas, cuando fue traicionado por cierto barbero luterano francés, de nuevo tuvo suerte, a pesar de las feroces represalias: "Viéredes nuestro Pasamonte, que tenía la muerte tragada, entrar por la puerta del baño con la mitad de los palos de los otros y con sus orejas".

El jesuita aragonés Bartolomé Pérez de Nueros (a quien Pasamonte dirigiría en agradecimiento la segunda dedicatoria de su Vida) le envió 150 escudos para pagar su rescate y finalmente, con la ayuda de un personaje llamado Pablo Mariano, que añadió 60 escudos de oro de su propia bolsa, Jerónimo de Pasamonte consiguió su libertad el 30 de marzo de 1592. Tras un azaroso viaje de regreso por mar en el que pasó por Olivara, Castel Tornese, Zante, Corfú, Otranto y Lecce, en el que estuvo a punto de volver a ser capturado, Pasamonte consiguió llegar a Nápoles en junio de 1592. En septiembre de ese año partió hacia Roma, e hizo después una penitencia de cuarenta días en el santuario de Nuestra Señora de Loreto en agradecimiento por su liberación, sustentándose de la caridad. De vuelta en Roma, fracasó en sus gestiones para ordenarse sacerdote. A fin de liquidar lo que le correspondía de la herencia de sus parientes, marchó a Génova y allí se embarcó para España con una pierna maltrecha y después a Zaragoza con un terrible dolor de muelas. Al llegar a Zaragoza, se enteró de que su hermano mayor, Estaban, había fallecido, y en Maluenda, en casa del tío clérigo, se ve desheredado: "Hallé un niño, hijo de mi hermano, de dos años, y una hija bastarda, para mi mayor trabajo... y yo desheredado de la hacienda de mis padres como si fuera bastardo". Si muriera el hijo, heredaría su prima Isabel de Salaberte (una de los pocos parientes que le trataron con generosidad constante) —«y de mí ninguna memoria, como si yo fuera muerto, habiendo tenido mi hermano cartas mías de Roma»—. Realizó dos viajes a pie de ida y vuelta desde Aragón a la Corte madrileña, con el objetivo de obtener alguna recompensa por los servicios prestados como soldado y por el largo cautiverio que resultó de los mismos, y con la esperanza de poder ordenarse sacerdote. Para ello, buscó la ayuda de un primo hermano, Jerónimo Marqués («contino de Su Majestad, gran faraute de negocios…, y Veedor de la Infantería del Rey, de Aragón», pero este no le ayudó en lo que quería. Al no conseguir nada en la Corte, volvió a Italia con la esperanza de ordenarse sacerdote, pero no lo consiguió, y se vio forzado a servir como soldado en el reino de Nápoles. Se alojó en casas de distintas patronas, a las que consideraba brujas que querían envenenarlo, y se sentía continuamente perseguido por quienes considera agentes demoniacos. Finalmente, obtuvo una plaza de residente en Nápoles, la cual le permitió obtener algún dinero y estar exento de la milicia activa. Se casó entonces con una mujer que sacó de un convento, y tuvo después frecuentes disputas con sus suegros y su cuñada. A causa de un supuesto envenenamiento, perdió la visión del mejor de sus ojos, aunque pudo seguir escribiendo su autobiografía con su otro ojo miope (pues la miopía no impide leer ni escribir). En los capítulos finales de su autobiografía, cuenta su vida espiritual y su afición a los sacramentos y a la oración, mostrando su convencimiento de que su vida piadosa, el rezo continuado del rosario y su devoción por los santos y por la Virgen le salvaguardan de las acehanzas de los seres malignos, y realiza algunas disquisiciones de índole teológico, alertando contra los agentes demoniacos que pueden poner en peligro a la Iglesia católica, contra los que pide la excomunión. Finalmente, cierra sus memorias en diciembre de 1603. Sus dedicatorias están firmadas en Capua en enero de 1605.

Aunque no sabemos exactamente qué fue de él tras enero de 1605, ha aparecido un documento firmado entre 1622 y 1626 por "fray Gerónimo de Passamonte" como "alcayde" de Carenas, pueblo de señorío que dependía del cisterciense monasterio de Piedra, el cual tenía la potestad de nombrar alcalde de Carenas a alguno de sus frailes. Por ello, es posible que, en algún momento posterior a enero de 1605, Jerónimo de Pasamonte regresara a España y cumpliera su voto juvenil de hacerse monje cisterciense, ingresando en el monasterio de Piedra.[1]

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