Jean Racine

Jean Racine
Jean-Baptiste Racine.PNG
Información personal
Nacimiento 22 de diciembre de 1639 o 21 de diciembre de 1639 Ver y modificar los datos en Wikidata
La Ferté-Milon, Francia Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 21 de abril de 1699 Ver y modificar los datos en Wikidata
París, Francia Ver y modificar los datos en Wikidata
Lugar de sepultura Saint-Étienne-du-Mont Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Antiguo Régimen en Francia Ver y modificar los datos en Wikidata
Lengua materna Francés Ver y modificar los datos en Wikidata
Familia
Hijos
Educación
Alma máter
  • Lycée Saint-Louis Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Dramaturgo, poeta, escritor, hagiógrafo y traductor Ver y modificar los datos en Wikidata
Género Tragedia Ver y modificar los datos en Wikidata
Movimientos Clasicismo Ver y modificar los datos en Wikidata
Obras notables
Miembro de
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Jean Racine ( La Ferté-Milon, 21 de diciembre de 1639 - París, 21 de abril de 1699) fue un dramaturgo francés del neoclasicismo, padre del poeta Louis Racine. Es considerado uno de los tres grandes dramaturgos del siglo XVII junto con Pierre Corneille y Molière. Racine fue principalmente un dramaturgo de obras trágicas, en las cuales destacan Fedra,[4]

Biografía

Formación Jansenista

Al quedar huérfano a los cuatro años de edad, su educación queda a cargo de sus abuelos, quienes la confían a las religiosas de las escuelas de Port - Royal de 1655 a 1658. Allí recibirá una educación jansenista y humanista muy sólida, estudiando las tragedias de Sófocles y Eurípides en su lengua original, y publica sus primeras poesías. Bajo la influencia de Malherbe hay que situar El paseo de Port - Royal, de tipo pastoral. Pero le atraen más las tragedias, lo que provocó una violenta ruptura con sus antiguos maestros de Port - Royal, que consideraban el teatro como un instrumento de corrupción de las costumbres. Más tarde cursa estudios de filosofía en el Colegio D'Harcourt de París. En un primer momento, tratará de conciliar sus aspiraciones literarias con los deseos de su familia de que siguiese la carrera eclesiástica, por lo que permaneció hasta 1663 en Uzès. Escribe une interesante oda, La Ninfa del Sena, en 1660, así como varias obras más que no consigue que sean puestas en escena.

Sus inicios literarios

Finalmente, decide consagrarse por completo a la literatura y lleva entre 1664 y 1677 una vida mundana en París. En 1662, recibe una pensión del rey gracias a una obra basada en la convalecencia del rey Luis XIV, La fama de las Musas. Consigue que la compañía de Molière represente dos de sus obras, La Tebaida en 1664, y Alejandro Magno en 1665. Sin embargo, al no quedar satisfecho con el montaje de la segunda, Racine la encargó a una compañía teatral rival de la de Molière, lo que enemistó a ambos.

Las grandes tragedias

El éxito que consigue en 1667 con la tragedia Andrómaca le proporciona una gran reputación. Después de escribir una comedia, Los Litigantes en 1668, vuelve a consagrarse ya definitivamente a la tragedia y compone sucesivamente Británico (1669), Berenice (1670), Bayaceto (1672), Mitrídates (1673), Ifigenia (1674) y Fedra (1677). Hay que señalar su posible implicación en el llamado asunto de los venenos, en el que fue sospechoso de haber envenenado a la Du Parc, una de sus actrices y amantes, para recuperar una joya que ésta llevaba en un dedo. En realidad se trataba de un proceso por aborto provocado.

Las obras religiosas

Casado con una dama honesta que le dio siete hijos, Catherine de Romanet, y miembro de la Academia francesa desde 1673, es nombrado historiógrafo del rey Luis XIV, lo que le hace, junto al éxito de la que hoy se considera su mejor obra, Fedra, renunciar al teatro para consagrarse por entero a sus funciones de cronista. Sin embargo, a petición de Madame de Maintenon, aún escribirá para las alumnas del internado o Colegio de Saint-Cyr las tragedias bíblicas Esther (1689) y Atalía (1691). A pesar de las persecuciones de las que son víctimas los jansenistas, Racine se reconcilia con ellos, tras una época de disputas, y escribe una Breve Historia de Port-Royal que se publicará póstuma.

"Esa obra es el primer trabajo ordenado que cuenta la historia de la institución y pone en contexto las distintas incidencias que debió padecer en el curso de casi un siglo de ruda querella con la Compañía de Jesús. Y dice, sin disimular el dolor y la indignación, en absoluta consonancia con lo que estaban sufriendo sus amigos y sus queridos maestros y sin medir las graves consecuencias que podrían tener sus palabras: “no dudo que la posteridad verá un día en el que se cotejará por un lado las grandes cosas que el rey ha realizado para el avance de la religión católica, y del otro lado incluirá los grandes servicios que Antonio Arnauld ha rendido a la Iglesia, y la virtud extraordinaria que ha brillado en esa casa, y no comprenderá cabalmente cómo bajo un rey tan pleno de piedad y de justicia se pudo haber destruido una casa tan santa; y que Arnauld haya sido obligado a marcharse al extranjero y terminar allí sus días. No es la primera vez que Dios permite que los más grandes santos sean tratados como culpables por príncipes virtuosos".[5]

Muerte

En octubre de 1698 Racine redactó la última voluntad. «Deseo —dice el testamento— que luego de mi muerte, mi cuerpo sea llevado a Port-Royal de Champs, y que sea inhumado en el cementerio, al pie de la fosa de Jean Hamon. Suplico muy humildemente que la madre abadesa y las religiosas, si les parece bien concederme este honor, y no me reconocen demasiado indigno para merecerlo debido a los escándalos de mi vida pasada, y al poco uso que hice de la excelente educación que he recibido en esa casa, y de los grandes ejemplos de piedad y penitencia que he visto, y de los que he sido un estéril admirador. Pero cuanto más he ofendido a Dios, más tengo necesidad de plegarias por parte de una santa comunidad para atraer sobre mí la misericordia. Ruego también a la madre abadesa y a las religiosas tengan a bien aceptar la suma de ochocientas libras, que ordené se les entregue luego de mi muerte».[6] Su voluntad se cumplió, y el 10 de abril del año siguiente sus restos fueron enterrados en el campo santo de la abadía de Port-Royal y más tarde, en 1711, fueron trasladados junto con los de Blaise Pascal al presbiterio de Saint-Étienne-du-Mont.

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