Jardines de Europa

La jardinería en Europa se inició, probablemente, en la Antigua Grecia, aproximadamente hacia el siglo IV a.C.

Jardín de la abadía de Zwettl en la Baja Austria.

Se tiene conocimiento de ello mediante los escritos de Hipócrates y otros sabios griegos en los que se demuestra que ya se cultivaban determinadas plantas para utilizarlas como medicamentos. La cultura romana de la jardinería está basada en la jardinería griega que se extendió por toda la Roma Antigua. Así nació, poco a poco, la Jardinería italiana que, hasta los alrededores de los años 1920 fue el modelo occidental de la jardinería. Posteriormente, el interés, en occidente, por los Jardines de Asia cobró un impulso equivalente.

La jardinería en la Antigüedad

El origen de la jardinería europea se situaría, por tanto, en Grecia. Como en Egipto, pero varios siglos más tarde, el cultivo de las plantas para su uso medicinal o bien para su consumición directa, dieron lugar a una prolongada evolución. En principio, el interés por el cultivo de las plantas (excepción hecha de aquellas que se cultivaban como alimento), se debió a su eventual poder medicinal. Se dieron, así, las dos condiciones indispensables y necesarias para que se desarrollara la jardinería: el progreso de las técnicas agrícolas y de la ciencia. Es probable que fuera en Atenas, unos cuatrocientos años antes de Jesucristo, donde se dieran las condiciones idóneas para el posterior desarrollo de la jardinería sobre el territorio europeo. Algunos sabios empezaron a estudiar las plantas con el fin de hallar, en ellas, sus poderes curativos, lo que les obligó a domesticarlas y cultivarlas. Se supone, por tanto, que los primeros jardines fueran unos jardines-laboratorio situados en los patios interiores de las ciudades griegas. Epicuro fue uno de estos biólogos-filósofos que se dedicó al estudio de las plantas. En sus escritos queda reflejada la estima que sentía por esos momentos de meditación que le proporcionaba la contemplación de su jardín: las plantas que cultivaba le permitían conocer mejor la naturaleza y la vida. Su idea era la de que, el paraíso, tenía que ser un sublime jardín con plantas lujuriosas y sanas, creando un ambiente sumamente agradable, y es lo que los griegos, lentamente, trataron de conseguir. Un jardín tenía que ser el reflejo de la perfección del mundo y de la naturaleza, a fin de obtener un cierto bienestar, un positivismo. De ahí que también se incorporaran a estos jardines algunos animales domésticos con el objetivo de perfeccionar esta imagen.

El modelo romano, basado en el griego, está más documentado gracias al estudio de algunos vestigios pompeyanos y de las descripciones que nos han llegado. El jardín de la domus romana es un jardín doméstico, con elementos vegetales y de agua. Se trata de una evocación del paisaje mediterráneo.

Topia: los muros se pintaban con escenas de jardín o paisajes, de modo que los límites del recinto se desdibujen. Se usan para cerrar los límites del jardín. Como evolución se empiezan a podar setos con formas geométricas y animales (límites naturales). Esta práctica se va a mantener durante toda la historia del jardín europeo. En los jardines de mayor escala se colocan además elementos arquitectónicos (fuentes, pérgolas, pabellones...) y esculturas.

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