Jacques Paul Migne

Jacques Paul Migne.

Jacques Paul Migne ( Saint-Flour, 25 de octubre de 1800- París, 24 de octubre de 1875) fue un sacerdote francés cuya obra más renombrada fue la de publicar dos económicas y extensas colecciones de escritos de los Padres de la Iglesia, la Patrologia Latina y la Patrologia Graeca.

Biografía

Nació en Saint-Flour ( Cantal). Luego de una infancia un tanto turbulenta, en 1817 estudia teología en el colegio de Saint-Flour, en Orleans. Al finalizar su formación de clérigo, demasiado joven aun para ser ordenado, es enviado como profesor a un colegio de Chateaudun donde se destaca por sus capacidades didácticas. Deseando afianzar su teología consagra durante seis meses, quince horas de estudio por día. En 1824 es ordenado sacerdote.

Inmediatamente es enviado a una parroquia del cantón de Chátillon-sur-Loing, pero por tener un clima que afecta su salud es rápidamente relevado y enviado a Puiseaux, del cantón de Gálinais.

Su ministerio es muy fructífero: divide su tiempo entre el estudio y el celo por las almas, haciéndose notar por una infatigable actividad, mostrando características propias de sus compatriotas –la energía, la fortaleza y una indomable tenacidad que ayuda a asegurar el éxito de los proyectos que inicia–.

La revolución de 1830 repercute en Puiseaux. Hay un incidente, que nace de su simpatía católica regalista frente al patriotismo local, que luego es exagerado y agrandado. El P. Migne responde a sus acusadores a través de un boletín titulado De la libertad, por un sacerdote. Ampliando el debate, trata sobre cuestiones importantes del derecho eclesiástico, y de las relaciones con la autoridad secular. Se desata el debate y el obispo interviene prohibiendo la publicación de la respuesta del P. Migne. El cura de Puiseaux se somete y guarda silencio.

En 1833, luego del enfrentamiento con el obispo, parte hacia París, y el 3 de noviembre comienza con el periódico L'Univers religieux, al que intenta mantener libre de cualquier influencia política. Rápidamente consigue 1800 suscriptores. Lo edita por tres años. Pero el periodismo no lo retiene por largo tiempo, al menos de modo exclusivo.

En 1836 abandona L'Univers religieux para comenzar una obra de otra envergadura que llegará a ser llamada «una de las más colosales del siglo». Titulada Biblioteca universal del clero, debería contar con 2000 volúmenes. Llega a París sin protectores; posee una instrucción ordinaria. Pero, por otro lado, es activo, emprendedor, entendido en el tema, fecundo en recursos. Imaginando obras gigantescas, con el arte de descubrir talentos ignorados… y de lograr hacerlos concurrir, con habilidad, hacia su objetivo. Dotado de una inagotable paciencia, de una fuerza de voluntad que logra que todo se doblegue frente a ella, construye obra tras obra. Sin otro capital que la confianza en sí mismo y su energía logra una de las empresas más considerables del siglo: la edición de una enciclopedia teológica que abarcará miles de volúmenes.

En 1836 abre su gran casa de publicación en Petit Montrouge, en el arrondissement 14 de París. Allí se suceden con rapidez numerosos trabajos religiosos pensados para el clero bajo, a precios accesibles que aseguran amplia circulación. Las más conocidas son: Scripturae sacrae cursus completus, que ensambla un amplio repertorio de comentarios sobre cada libro de la Biblia y Theologiae cursus, cada uno en 28 volúmenes, entre 1840 y 1845; luego Collection des auteurs sacrés (100 vols., 1846-8); Encyclopédie théologique (171 vols., 1844-6).

Trabaja en sus publicaciones sin interrupción hasta el incendio de sus Ateliers catholiques, en febrero de 1868. Se encuentra, desde el principio, con graves dificultades. Si bien fue animado por cartas y felicitaciones que le llegaron por millares, también debió enfrentar la oposición del arzobispo de París, Monseñor de Quélen. Sin dudar de la excelencia de la obra de Migne estimaba que la empresa poseía un carácter comercial y que por lo tanto no era bueno que un sacerdote estuviera a cargo de ella. Y ordena al editor a suspender su trabajo. Migne cree ver en esta medida que lo golpea, el resultado de la presión de las grandes librerías, celosas de su obra. Grandes intereses se han entretejido en la empresa. El P. Migne puede argüir que no es ni impresor ni librero: los dos cargos corresponden a Víctor Migne, su hermano y colaborador y rehúsa a someterse. El arzobispo le retira sus poderes y le prohíbe celebrar la misa. Meses antes de morir, el arzobispo propone a Migne convertir este proyecto particular en una obra diocesana, en la que él será el superior y el P. Migne el director. Queriendo guardar su libertad, el sacerdote mantiene su posición. Monseñor Affre, su sucesor, mantiene también la línea de conducta de su antecesor. Y se siente en la obligación de condenar también la publicación Voix de la Vérité, nuevo periódico publicado por Migne. Finalmente, tocado por la franqueza de su editor y por la molestia que su decisión podía acarrear entre la autoridad eclesiástica, levanta la condena.

El 2 de junio de 1849, Jacques Paul Migne asume el título de impresor–tipógrafo, en Petit–Montrouge. Le donan 5000 francos y le encargan la edición de las Actes de l'Église de Paris.

En 1853, A. Bonnety, director de los Annales de la philosophie chrétienne, escribía respecto de la Patrologie latine: «Esta obra debería estar protegida por los gobiernos, por los obispos y por todos los católicos», dejando entrever que no siempre la respuesta del público acompañó al editor. Una indicación semejante vuelve a escucharse respecto de la Patrologie grecque: «Nos entristece tener que afirmar que aún faltan suscribirse a esta bella y buena publicación muchas de casas: bibliotecas de los obispos, seminarios, principales curas, comunidades religiosas… El editor se encuentra aún al comienzo de sus esfuerzos, y si no hubiera consagrado a esta obra todo su capital, todos los beneficios de sus publicaciones precedentes, se vería obligado a interrumpir la impresión».

Sin embargo, las muestras de simpatía no faltan, desde el principio, a la obra de Migne. Desde Roma, del universo católico, afluirán felicitaciones de obispos, cardenales y laicos instruidos. Otro elogio que llega a Migne viene de parte del Senado francés, en la sesión del 20 de junio de 1862, por parte del Baron Ch. Dupin: «Un simple cura rural, el Sr. Migne, ha encarado sólo con la ayuda financiera del clero inferior –en un precio bajo y sin lujos–, la publicación de una colección completa, una colección donde los textos más fieles son comparados con las versiones más autorizadas, una colección donde figuran los libros Sagrados, los Padres de la Iglesia latinos y griegos, todos los grandes teólogos, todos los oradores sagrados, todos los comentarios y aún miles de escritos de los obispos de nuestros días. Esta será una Biblioteca universal de la Iglesia Católica: 850 volúmenes ya vieron la luz. 1150 restan por aparecer. Y para llevar a cabo esta empresa… es con sus modestos recursos que el clero francés ha inaugurado esta gran empresa católica. Muchos laicos generosos han venido en su ayuda…».

Frente a esto, los reproches hechos por Bonnetty a la indiferencia del clero francés suenan un tanto exagerados. A pesar de la modestia del precio de los ejemplares, no se puede pedir al clero francés un esfuerzo mayor.

Si la obra monumental ha quedado inacabada se debe al incendio del 12 de febrero de 1868, el único responsable. El fuego se desató en el compartimiento de las prensas tipográficas y rápidamente alcanzó todo el edificio, abarcando casi todas las obras que estaban allí. Los daños fueron considerables e irreparables en su mayor parte. Los clichés de prensa de grandes colecciones (en número de 667.855) fueron destruidos. De los escombros no pudo retirarse más que una masa de 600 kilogramos de plomo. La fábrica de muebles de iglesia, de órganos, de estatuas, de mesas, de bajorrelieves, que Jacques Paul Migne había construido a un lado de la imprenta fueron del mismo modo alcanzados por el incendio. Un gran órgano, de 30.000 francos, listo para ser entregado, fue completamente devastado. Sobre el total de 12 millones que representaba el material y las mercaderías, Jacques Paul Migne sólo recuperó apenas seis.

La pérdida fue enorme. Las aseguradoras no le devolvieron más que una suma irrisoria. Y resultó insuficiente para permitir a Migne recomenzar con las publicaciones interrumpidas. La guerra franco-prusiana de 1870 le suma pérdidas. A pesar de todo él quiere luchar contra la suerte. Arruinado, busca proveerse de nuevos recursos. Recomienza su comercio de muebles sagrados y organiza un tráfico de intenciones de misa. El arzobispo le da la orden de cesar. Migne se resiste y recibe una suspensión. Poco después, el 25 de julio de 1874, desde la curia romana llega un decreto del papa Pío IX en el que se condena el uso de estipendios de misa para la compra de libros… en el cual las publicaciones de Migne son nombradas expresamente.

Estas pruebas se suman a las fatigas a las que lo ha sometido la dirección de su obra: su vista ha disminuido considerablemente y se ha vuelto casi ciego. El 24 de octubre de 1875 muere en París dejando el legado de «uno de los escritores y compiladores más extraordinarios de los que tiene memoria la historia de la erudición». Un año después de su muerte, su Imprimerie Catholique pasa a manos de los hermanos Garnier.

Las tres grandes series que más reputación tuvieron fueron Patrologiae cursus completus, serie en latín, en 221 vols. (1844-5); la serie en griego, primero publicada en latín (85 vols., 1856-7); y la edición con traducción en griego y latín (165 vols., 1857-8). A pesar de que muchos estudios lo han criticado, estas precopitadas ediciones, baratas y ampliamente difundidas, sólo fueron reemplazadas muy lentamente por ediciones críticas más modernas. Aunque lo barato del papel de las ediciones originales las hace frágiles, la envergadura de la Patrología aún hace de la obra algo único e invaluable. Es, ampliamente, la colección de textos patrísticos y literatura antigua más completa que haya aparecido y que exista hasta hoy. Los índices son útiles aún hoy para encontrar referencias en los escritos patrísticos.

La Patrología latina y la Patrologia graeca (junto con la Monumenta Germaniae Historica) se cuentan entre las contribuciones más importantes del siglo 19 al estudio de la patrología y de la Edad media. En la Iglesia católica, las ediciones de Migne pusieron por primera vez muchos textos originales en manos de los presbíteros.

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