Jacobismo

Jacobo II de Inglaterra, retrato de 1686
Bandera de Escocia

El jacobismo fue el movimiento político que intentó conseguir la restauración en los tronos de Inglaterra y Escocia de la Casa de Estuardo (incluso con posterioridad a 1707 cuando ambos títulos se unieron de facto en el trono del Reino Unido por medio del Acta de Unión). El movimiento toma su nombre del rey católico Jacobo II, destronado en 1688 y reemplazado por su yerno e hija protestantes: Guillermo de Orange, que reinó como Guillermo III, y María Estuardo, coronada como María II.

Historia

Antecedentes

En la Inglaterra del siglo XVI, el rey Enrique VIII y su hija, Isabel I, rechazan la autoridad papal y se proclaman jefes de la nueva Iglesia Anglicana (protestante), esto es, la cabeza de la Iglesia es el rey de Inglaterra en lugar del papa de Roma. Entre ambos reinados, María I, hija de Catalina de Aragón, restauró brevemente el catolicismo oficial, que quiso afianzar contrayendo matrimonio con Felipe II de España, también católico, aunque no tuvieron descendencia.

El tradicional enfrentamiento entre los reinos de Escocia e Inglaterra se manifestó en el siglo XVII con la Guerra de los Obispos, entre 1639 y 1640. Al poco, 1649, Carlos I de Inglaterra, de la Casa Estuardo, es destronado y decapitado cuando triunfa el movimiento iniciado por Oliver Cromwell, parlamentario británico y líder militar. Cromwell se erige como dictador con el título de lord protector de la Commonwealth de Inglaterra, Escocia e Irlanda. Cuando muere Oliver Cromwell, en 1658, le sucede su hijo, Richard Cromwell, que tuvo que dimitir al año siguiente. Se restaura la monarquía en la persona de Carlos II, hijo de Carlos I y, por tanto, Estuardo, con los títulos de rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda. Carlos II abrazaría el catolicismo en su lecho de muerte, siendo el primer monarca católico en Inglaterra desde María I. A su muerte en 1685 le sucede su hermano, Jacobo II de Inglaterra, también católico y de la Casa Estuardo, que reinaría como monarca de Inglaterra, Escocia e Irlanda.

El destronamiento de Jacobo II

En Inglaterra tiene lugar la Revolución Gloriosa en 1688, que da como resultado el destronamiento de Jacobo II y su sustitución por María II de Inglaterra, con el título de reina de Inglaterra, Escocia e Irlanda, en 1689, de la Casa de los Estuardo e hija de Jacobo II pero de religión protestante. María II reinaría hasta 1694 y le sucedería su marido Guillermo, perteneciente a la Casa Orange-Nassau. Jacobo II muere en 1701 y Guillermo III reinaría en Inglaterra, Escocia e Irlanda hasta 1702.

Después de la huida del rey Jacobo a Francia como consecuencia de la Revolución Gloriosa, intentó en reiteradas ocasiones retornar a su país. Por un lado, contaba con el apoyo de los irlandeses por su afinidad religiosa, al igual que varios clanes de las Tierras Altas ( Highlands) de Escocia. Apenas un año después de su salida, regresó (ayudado por franceses y mercenarios católicos) con un ejército a Irlanda, pero fue derrotado el 1 de julio de 1690 en la Batalla del Río Boyne, Los irlandeses disponían de una excelente caballería que se vio menguada por la fuerte superioridad artillera de los ingleses. El rey Jacobo derrotado se vio obligado a regresar nuevamente a Francia.

En 1702 reinará Ana I como reina de Inglaterra, Irlanda y Escocia, y, en 1707, Inglaterra y Escocia pasan a llamarse Reino Unido, perdiendo Escocia ese trato de Estado independiente y pasando a ser su título Ana I del Reino Unido e Irlanda. Ana era de la Casa Estuardo e hija de Jacobo II de Inglaterra. Ana I era protestante y no estaba considerada por los jacobitas la "legítima heredera" de entre los hijos que había tenido Jacobo II. Los jacobitas se inclinaban por otro hijo; Jacobo Francisco Eduardo Estuardo, el cual defendía con ahínco la causa católica.

La causa siguió provocando durante largos años perturbaciones de todo tipo en la vida de Gran Bretaña. Los escoceses jacobitas se vieron envueltos en una cruenta guerra civil, siendo una de las principales razones naturalmente la causa jacobita. Sin embargo, los jacobitas nunca pudieron consolidar en forma militar el gran apoyo que encontraron entre los países continentales. Entre los países que apoyaban la causa jacobita se encontraba España, que colaboró militarmente de modo tímido en la Batalla de Glenshiel de 1719.

A la muerte del último heredero, el cardenal Enrique IX, los derechos dinásticos fueron recibidos por un lejano pariente, el rey Carlos de Saboya.

Todos los varones pretendientes al "Trono Unificado" fallecieron, de modo tal que la herencia jacobita se perpetuó por linaje femenino.

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