Isidoro Máiquez

Isidoro Máiquez
Goya isidoro maiquez.jpg
Isidoro Máiquez, retrato realizado por Francisco de Goya en 1807.
Información personal
Nacimiento 17 de marzo de 1768
Cartagena
Fallecimiento 18 de marzo de 1820 (52 años)
Granada, Andalucía
Nacionalidad Española Ver y modificar los datos en Wikidata
Familia
Pareja Antonia Prado
Información profesional
Ocupación Actor
Años activo 29
Año de debut 1791
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Isidoro Máiquez ( Cartagena, 17 de marzo de 1768 - Granada, 18 de marzo de 1820), actor español a caballo entre el siglo XVIII y el XIX, considerado uno de los mejores de su época.[3]

Biografía

Hijo de cómicos, y a pesar de que su padre se oponía a que continuase la tradición familiar, empezó muy joven en teatros de diversas capitales españolas, como Cartagena, Málaga, Valencia y Granada. Hizo su debut en el Teatro del Príncipe de Madrid en 1791,[5]

Isidoro Máiquez en el papel de Otelo. Litografía de José Ribelles. Museo del Romanticismo, Madrid.[6]

Rompiendo las normas e ignorando el "amaneramiento, efectismo, falsedad y desidia" que asfixiaban la interpretación en España a fines del siglo XVIII, Máiquez trasladó a los géneros teatrales clásicos la esencia popular de los entremeses de Lope de Rueda,[4] En esa línea, consiguió su primer éxito con El celoso confundido representada en el Teatro de los Caños del Peral el 20 de junio de 1801.

Admirador de Shakespeare y del actor francés de la Revolución François-Joseph Talma, el gobierno español -por mediación del ministro Manuel Godoy- le concedió una pensión de cuatrocientos reales mensuales para que fuera a París a conocer a Talma y a estudiar su técnica. Regresó en 1802 y consiguió grandes éxitos con Otelo (Shakespeare, 1802), en el Coliseo de los Caños del Peral; Macbeth, un año más tarde; Polinice ( Vittorio Alfieri); La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca; Pelayo, de Manuel José Quintana; Bruto, de Alfieri y la Numancia de Miguel de Cervantes.

El Reglamento de Máiquez

Como dramaturgo, es autor de un Reglamento (1818) en el que se planteaban algunas reformas importantes en la vida teatral madrileña:[7]

  1. Creación de una Junta para administrar los fondos, compuesta por los dos autores (empresario y dramaturgo) y dos cómicos de cada teatro;
  2. fusión de los intereses de las tradicionales dos 'compañías de verso' con una de 'cantado' y otra de 'baile';
  3. conservación del cargo de 'autor' (en el esquema de la época, el equivalente a empresario teatral);
  4. elevar la figura del director, de manera que su opinión prevaleciera en la organización del orden de trabajo y los ensayos, pudiendo requerir en caso de conflicto la mediación del corregidor;
  5. anunciar en los carteles el nombre de los artistas;
  6. supresión de los vendedores ambulantes en los teatros;
  7. implantación de las funciones nocturnas;
  8. supresión de la figura del gracioso (que anunciaba las funciones sucesivas);
  9. la libertad de las compañías quedaba bajo la autoridad del corregidor de la villa.

Máiquez fue asimismo uno de los pioneros en la defensa de la creación de una Escuela Nacional de Declamación. Enrique Funes, en su tratado La declamación española,[8] escribió sobre él:

"Harto consiguió con fundar la dirección de escena, no conocida mientras él no vino [...] Como ingenio de primer orden, se adelanta, realizándose en él y por él la armonía entre la declamación trágica, la de la comedia, la de los géneros intermedios y la de los ínfimos: la recitación y la mímica líganse para engendrar la expresión propia del carácter, de la pasión y de las situaciones, con las indefinidas causas que lo modifican; álzase un trono en el escenario a la verdad y a la belleza. El maestro cuida de que tonos y acción de los actores estén en armonía con la frase, con las ideas y con el diálogo, con los afectos y con las situaciones, con los personajes y con la obra entera, muchas veces con el espíritu del autor y siempre con la naturaleza."

En los aspectos relativos a la escenografía y la utilería, siguiendo a Talma, cuidó el vestuario y el decorado en sus actuaciones. Como maestro sin competencia, protegió la incipiente carrera teatral del después famoso comediógrafo Manuel Eduardo de Gorostiza. Entre sus discípulos se cuentan: Carlos Latorre, Antonio Guzmán, Andrés Prieto, Rafael Pérez y Joaquín Caprara.[1]

Talante liberal, destierro y muerte

Al estallar la Guerra de la Independencia, Máiquez, que había participado en el levantamiento del dos de mayo, fue exiliado a Francia como reo de Estado, pero José Bonaparte revocó la orden, le permitió volver a España y le otorgó una pensión de 24.000 reales.[4]

Durante el Sexenio Absolutista (1814-1820) consiguió sobrevivir a la censura del gobierno del rey Felón, hasta que negándose a representar una comedia del influyente político -aunque mediocre dramaturgo- Javier de Burgos, impuesta por el corregidor José Manuel de Arjona y Cubas, fue desterrado a Ciudad Real y después a Granada, cumpliendo la pena que por desacato le había impuesto en Madrid el corregidor José Manuel de Arjona. En esa ciudad andaluza murió loco el 18 de marzo de 1820, al poco de triunfar la revolución liberal.[9]

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