Irene Pepperberg

Irene Pepperberg
Información personal
Nacimiento 1 de abril de 1949 (67 años)
Bandera de Estados Unidos Brooklyn, Estados Unidos
Nacionalidad estadounidense
Educación
Alma máter
Información profesional
Ocupación psicóloga, etóloga, profesora
Empleador
Distinciones
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Irene Pepperberg ( 1 de abril de 1949, Brooklyn, Nueva York) es una psicóloga y etóloga estadounidense destacada por sus estudios en cognición animal, particularmente en relación a los loros. Es profesora-adjunta de psicología en la Universidad de Brandeis y profesor-lector en la Universidad de Harvard. En junio de 1977, un joven loro gris africano ( Psittacus erithacus) de 13 meses llegó a la Universidad de Purdue, en West Lafayette ( Indiana). El yaco había sido escogido de un aviario de las cercanías de Chicago no por sus cualidades, sino completamente al azar. Nada más llegar al laboratorio recibió el nombre de Alex(1976-2007), cuyas iniciales se corresponden con «Animal Learning EXperiment». Estaba a punto de comenzar una de las más apasionantes experiencias ocurridas en el ámbito de la ciencia que se dedica al estudio de la inteligencia animal.

Veinticinco años después, podemos decir que los loros grises africanos han entrado por fin en los debates y teorías de psicólogos cognitivos, neurólogos y etólogos como nunca había ocurrido antes, y aunque lo han hecho de manera algo polémica, pocos expertos en cognición animal dudan ahora que hay tomarse en serio la inteligencia de los papagayos. Esto se lo debemos fundamentalmente a la tenacidad, el empeño y la perseverancia de la persona que encargó en su día aquel yaco de Chicago para someterlo a un largo programa de investigación: Irene Maxine Pepperberg. Por supuesto, también se lo debemos a Alex.

Irene M. Pepperberg se doctoró en Química en el MIT ( Massachusetts Institut of Technology) y trabajó durante un tiempo en Purdue, pero ha sido durante la mayor parte de su carrera investigadora del Departamento de Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Arizona, en Tucson. Lleva desde 1978 publicando sobre cognición animal en revistas especializadas e interviniendo en discusiones sobre el tema en congresos científicos, y hasta hace muy poco tiempo ha continuado sus trabajos en el Media Lab del MIT, en el área de Boston, un prestigioso centro de investigación que ha sufrido recientemente drásticos recortes de presupuesto, lo que ha obligado a paralizar los proyectos que ha venido realizando aquí en los últimos años. No obstante, Pepperberg continúa investigando con loros grises en otros frentes, al tiempo que suma sus esfuerzos por la conservación y el estudio de campo del loro gris en libertad desde la Alex Foundation. En 1999 publicó un grueso volumen en el que compilaba sus más de 20 años de trabajo con Alex y otros yacos: The Alex Studies. Cognitive and Communicative Abilities of Grey Parrots; un libro técnico, arduo y prolijo como todos sus textos, que se ha convertido en una referencia inexcusable para muchos estudiosos de la cognición animal. El 6 de septiembre de 2007, con la edad de 31 años, Pepperberg encontró a Alex sin vida en su jaula. Se supone que fue por causa natural.[1]

La Dra. Pepperberg recordaba aquel día como el peor de su vida. La víspera se despidió de Alex, con quien sostuvo este diálogo. "Eres buena y te quiero"; "Yo también te quiero", "Nos veremos mañana", "Sí, mañana nos vemos"

La técnica de adiestramiento

Se sabía desde hace siglos que los yacos,[3] se habían dedicado a explorar la capacidad de cuervos, minás y papagayos para aprender a imitar voces humanas y usarlas comunicativamente, no fue hasta los años setenta cuando se comenzó a investigar de un modo sistemático la capacidad de aprendizaje de los loros. Lo hizo primero el etólogo alemán Dietmar Todt, de la Universidad Libre de Berlín, quien escogió precisamente la especie Psittacus erithacus para enseñar a hablar con sentido a un psitácido. Todt creó a tal efecto el método M/R (modelo/rival). Consiste en lo siguiente: frente al loro se sitúan dos personas, una que hace de entrenador y otra de «loro rival»; el entrenador hace una pregunta, y cuando la otra persona la contesta vocalizando correctamente una palabra, recibe a cambio un premio muy apetecido por el verdadero loro, que en ese momento está contemplando con gran interés la escena. De vez en cuando, el rival se equivoca intencionadamente y no recibe la recompensa, pero cuando corrige su intervención y acierta, entonces sí la gana con gran alegría. El loro observa con el irreprimible deseo de intervenir para recibir ese premio, y a fuerza de observación acaba sabiendo que debe hacer lo mismo que el humano que interpreta el papel de «loro rival». Ese humano es para él al mismo tiempo un modelo y un rival (de ahí el nombre de la técnica: M/R). Cuando le toca el turno al loro, su aprendizaje es sorprendentemente eficaz. Irene Pepperberg modificó algunos detalles del método de Dietmar Todt. Concretamente, permitió que no fueran siempre las mismas personas las que hacen de entrenador y de rival. Era preciso que éstos intercambiasen los papeles para que el yaco pudiera responder adecuadamente ante cualquier persona que se dirigiera a él, y no sólo a un entrenador fijo; si las preguntas las hiciera siempre la misma persona, el loro tendería a creer que las vocalizaciones son específicas de un individuo concreto, y no terminaría de comprender que el lenguaje verbal es un medio de comunicación de doble vía. También cambió una cosa importante: la recompensa no debía ser algo diferente al objeto sobre el cual se le pregunta, sino el mismo objeto. Es lo que Pepperberg llama refuerzo intrínseco: por ejemplo, tras haber visto cómo responde el «rival», se le pregunta a Alex «qué es esto» señalando hacia un grano de maíz puesto sobre un plato, y si contesta con la palabra correcta, en lugar de darle como premio su alimento preferido (un cacahuete), se le da ese mismo grano de maíz. Si el objeto de la pregunta no es un alimento sino un simple trozo de papel de color azul, pongamos por caso, entonces la recompensa es la entrega del papel azul... acompañada de un encendido elogio: «¿de qué color es este papel, Alex?»; «azul»; «¡¡muy bien, Alex!!, es azul, tómalo». Si no se hace de este modo, el loro no asocia la palabra al objeto, sino a una recompensa que nada tiene que ver con él, lo cual retrasa el aprendizaje. Además de esto, en la técnica empleada por Pepperberg al yaco se le habla del objeto en cuestión con frases completas, subrayando con la entonación la palabra, pero permitiendo que no se presente como un sonido único y repetitivo, sino más bien como una vocalización integrada con otras, con las que puede combinarse de diferentes formas; gracias a ello el loro aprenderá a combinar expresiones. Y lo hará, como vamos a ver en seguida, de un modo nada simple.

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