Invasiones de Britania por César

Invasiones de Britania por César
la Guerra de las Galias
Caesars invasions of Britain.jpg
Reconstrucción de la primera invasión.
Fecha55 a. C. - 54 a. C.
LugarKent, Essex y el Támesis
Coordenadas51°07′46″N 1°18′32″E / 51°07′46″N 1°18′32″E / 1.3089
ResultadoEstablecimiento de varios estados-cliente britanos
Beligerantes
República Romana y sus aliados en BritaniaCoalición anti-romana
Comandantes
Cayo Julio César,
Comio,
Cayo Trebonio,
Mandubracio
Casivelono,
Cingétorix,
Ségovax,
Carvilio,
Taximágulo
Fuerzas en combate
5 legiones
aprox. 35.000 legionarios veteranos
cerca de 2.000 jinetes
pequeña flota compuesta por transportes
Un número desconocido de infantería, caballería y unos 4.000 carros de guerra
Este artículo se refiere a la invasión a Britania comandada por César. Para otras invasiones romanas, véase Conquista romana de Britania y Revuelta carausiana.

Las invasiones de Britania por César son dos campañas bélicas dirigidas por el general de la República Romana Julio César contra el sur de la isla de Gran Bretaña conocida como Britania por los romanos. Durante la guerra de las Galias, César invadió la isla en dos ocasiones: en 55 y 54 a. C.[1]​ La primera invasión tuvo lugar en verano y se desconoce si fue planeada como una invasión a gran escala (si fuera así, fue un fracaso, ya que Roma sólo pudo conquistar la playa de Kent y poco más), o como una misión de reconocimiento. La segunda tuvo más éxito, y César logró restaurar en el trono de los trinovantes a su aliado Mandubracio, deponiendo a su rival Casivellauno. Aunque César no logró conquistar territorios para la república, el éxito de la campaña radica en que Roma contó con sus primeros aliados en la isla e impuso los primeros tributos entre las tribus de Britania.

Situación de Britania

Britania era conocida durante la Antigüedad clásica como una gran fuente de estaño. La isla había sido probablemente explorada por el geógrafo griego Piteas en el siglo IV a. C. y por el navegante cartaginés Himilcón en el siglo V a. C., pero su posición en el orbe, separada por el océano del resto del mundo conocido, le confería un alto grado de misterio. Algunos historiadores insistían incluso en que su existencia era pura falacia,[3]

Gran Bretaña desde el espacio.

En la época en la que César fue nombrado gobernador proconsular de las provincias galas y entró en guerra contra prácticamente todos los pueblos de la región, iniciando un conflicto que pasaría a la historia con el nombre de la guerra de las Galias, Britania vivía su Edad del Hierro en su apartado rincón del mundo. Las fuentes antiguas estiman que, en esta época, la isla contaría con aproximadamente un millón de habitantes. Los yacimientos arqueológicos han mostrado una fuerte división económica entre las tierras altas y las bajas. Al sureste de las tierras bajas se extendían grandes zonas de tierras fértiles, con amplias regiones cultivables que daban lugar a una agricultura considerablemente dinámica. Las comunicaciones estaban bastante desarrolladas a través de una serie de carreteras que conectaban diversos puntos de la geografía britana; las más importantes fueron la Vía Icknield, la Vía Pilgrim y la Vía Jurásica, sin contar los ríos navegables, como el Támesis. En las tierras altas, en la región situada al norte de la línea entre Gloucester y Lincoln, el relieve más accidentado complicaba las comunicaciones y hacía más difícil la agricultura, por lo que predominaba el pastoreo. En esta zona, la población habitaba en recintos fuertemente fortificados, en contraste con los oppidum menos protegidos del sudeste de la región. Las fortalezas se erigían generalmente en las inmediaciones de los ríos navegables, lo que pone de manifiesto la importancia del comercio en Britania. Los intercambios comerciales con Roma se incrementaron con la conquista romana de la Galia Transalpina en el año 124 a. C., cuando los comerciantes iniciaron el comercio del vino italiano a través de la región de Armórica.[4]

Los escritos de César dicen que los belgas del noreste de la Galia habían viajado a través del océano y se habían asentado en el sur de las islas, estableciendo colonias en las áreas costeras y manteniendo su poder en ambas zonas gracias a la fuerza de su rey Diviciaco, monarca de los suesiones.[6]

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