Invasión luso-brasileña

Invasión lusobrasileña
Tropas brasileiras 1825.jpg
Tropas lusobrasileñas alistándose para sitiar Montevideo
Fecha28 de agosto de 1816-22 de enero de 1820
LugarBanda Oriental, Mesopotamia argentina, Misiones Orientales (actuales territorios de Uruguay, Argentina y Brasil).
Casus belliExpansión imperial del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve encabezado por Juan VI. Promovido por el enfrentamiento del Directorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata y los sectores no artiguistas de Montevideo, contra José Gervasio Artigas y la Revolución Oriental.
ResultadoVictoria del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve
Beligerantes
Flag of Artigas.svg Provincia Oriental
Flag of Misiones (1815-1827).svg Misiones Occidentales
Bandera de la Provincia de Entre Ríos.svg Provincia de Entre Ríos
Flag of Artigas 1815.svg Provincia de Corrientes
Flag of the United Kingdom of Portugal, Brazil, and the Algarves.svg Reino Unido de Portugal, Brasil y AlgarveFlag of the Princes of Brazil.svg Brasil Colonial
Comandantes
Flag of Artigas.svg José Gervasio Artigas
Flag of Misiones (1815-1827).svg Andresito Guazurarí  (P.D.G.)
Flag of Artigas.svg Fructuoso Rivera  Rendición
Flag of Artigas.svg Fernando Otorgués
Flag of Artigas.svg Pedro Campbell
Flag of the United Kingdom of Portugal, Brazil, and the Algarves.svg Carlos Federico Lecor
Flag of the United Kingdom of Portugal, Brazil, and the Algarves.svg Joaquín Javier Curado
Flag of the United Kingdom of Portugal, Brazil, and the Algarves.svg José de Abreu
Flag of the United Kingdom of Portugal, Brazil, and the Algarves.svg Luís Teles da Silva Caminha e Meneses
Flag of the United Kingdom of Portugal, Brazil, and the Algarves.svg Jacinto Roque de Sena Pereira
Unidades militares
Flag of Artigas.svg Ejército Provincial Artiguista[1]
Flag of Misiones (1815-1827).svg Ejército Provincial Misionero
Bandera de la Provincia de Entre Ríos.svg Ejército Litoraleño o Ejército Provincial Entreriano
Flag of the United Kingdom of Portugal, Brazil, and the Algarves.svg Ejército del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve
Fuerzas en combate
Inicio: 8.000[9]Inicio: 10.000[15]
Bajas
3.190 muertos y 360 heridos y prisioneros sanos, incluyendo mujeres (hasta inicios de 1817, informe portugués)[17]135 muertos y 267 heridos (hasta inicios de 1817; informe portugués)[20]

La Invasión luso-brasileña, también conocida como Invasión portuguesa de 1816, Guerra contra Artigas (en Brasil) o Segunda Invasión portuguesa de 1816,[21]​ es el nombre que los contemporáneos de los hechos e historiadores han dado al conflicto armado que se produjo entre 1816 y 1820 en la totalidad del territorio actual de la República Oriental del Uruguay, en la Mesopotamia argentina y el sur del Brasil, y que tuvo como resultado la anexión de la Banda Oriental al Reino del Brasil, con el nombre de Provincia Cisplatina.

Los beligerantes fueron, de un lado, los orientales artiguistas,[22]​ liderados entonces por el caudillo José Gervasio Artigas y algunos caudillos de otras provincias que componían la Liga Federal y que optaron por seguirlo, como el comandante guaraní Andresito Guazurarí. Del otro lado combatieron las tropas del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve, dirigidas por el portugués Carlos Federico Lecor (1764-1836).

En el frente naval, el conflicto excedió ampliamente la región del Río de la Plata y el litoral argentino para extenderse globalmente, ya que los corsarios artiguistas acosaron a los buques portugueses y españoles en Europa, África y el Caribe.

La invasión luso-brasileña fue un conflicto militar que en la actualidad posee pocas fuentes de información en comparación con otros temas. Esto se debe principalmente a dos causas: el desinterés hacia este conflicto mostrado por los fundadores de la historiografía uruguaya (Juan Zorrilla de San Martín, Francisco Bauzá, etc.) debido a que pretendían crear una apoteosis de la figura de Artigas[25]

Causas de la guerra

Planisferio Cantino (de 1502), en el que se encuentra marcada la línea de Tordesillas. La región del Río de la Plata fue zona de frontera entre España y Portugal y como tal, zona de alta conflictividad y teatro de cruentas luchas a lo largo de varios siglos.

Las causas que llevaron al rey de Portugal Juan VI de Braganza, instalado desde 1808 en Río de Janeiro, a lanzarse a la conquista de la Banda Oriental pueden dividirse en generales y circunstanciales.

Entre las primeras se encuentra, en lugar principal, la antigua aspiración portuguesa de llevar las fronteras del Brasil hasta la costa del Río de la Plata, sosteniendo que el mismo coincidía con la Línea de Tordesillas mediante la cual España y Portugal se habían dividido el mundo en 1494. Por esa razón, la región del Río de la Plata fue área de frontera entre España y Portugal y como tal, zona de alta conflictividad y teatro de cruentas luchas a lo largo de los siglos, incluso luego de que las colonias americanas se independizaran de las potencias europeas. El historiador argentino Liborio Justo (1902-2003), quien calificó de «atávico» a este conflicto, cita las siguientes palabras de Ramón J. Cárcano:

Las luchas y rivalidades de Portugal y España se concentraban en América en la región del Plata. Persisten en todas las etapas del tiempo secular: el descubrimiento, la conquista, la colonia, el reino, el imperio, la república, la dictadura... ¡Notable caso de la historia humana! ¡Contienda de tres siglos!

El Río de la Plata resultaba estratégico debido a que es el punto de salida de una extensa cuenca fluvial, la quinta del mundo, que se interna hasta el corazón de América del Sur, desde cerca de las zonas mineras del Potosí en la actual Bolivia, pasando por el Paraguay, el Mato Grosso y llegando hasta São Paulo. Adicionalmente, la Banda Oriental, en el siglo XVIII y comienzos del XIX, era una zona de importante riqueza agropecuaria, en la que, organizada sobre las antiguas vaquerías,[28]

Siguiendo esa línea histórica conflictiva, en 1536 Buenos Aires fue fundada con el fin de impedir que los portugueses remontasen el Río de la Plata.[29]​ Durante el periodo en el que el reino de Portugal estuvo integrado en la monarquía católica, entre 1580 y 1640, se relajaron las precauciones españolas para cuidar las mal definidas fronteras entre ambos reinos, circunstancia que aprovechó Portugal para extender el territorio del Brasil, hacia el oeste y hacia el sur.[30]

En 1680 el Reino de Portugal fundó la Colonia del Sacramento, primer asentamiento en el actual territorio uruguayo, exactamente frente a Buenos Aires, en la otra margen del Río de la Plata. Desde ese momento se suceden varios enfrentamientos y acuerdos precarios entre portugueses y españoles en la Banda Oriental y la zona de Las Misiones, conocidas como las guerras del Río de la Plata.[31]

Portugal aprovechó también las agitadas circunstancias políticas producidas a partir de la invasión napoleónica a España en 1808, presentando a la princesa Carlota Joaquina, esposa de Juan VI y hermana del rey Fernando VII, cautivo de Napoleón, como la mejor alternativa para preservar los intereses de la corona española. Empero, la lucha común contra Napoleón Bonaparte ―quien invadió España con el objetivo de atacar a Portugal, ya que su gobierno no acataba el bloqueo continental impuesto por este a Gran Bretaña― llevó a Portugal a evitar un desacuerdo con España y la ocupación fue postergada.

Antecedentes directos de la empresa conquistadora de 1816 fueron la ocupación de las Misiones Orientales en 1801 por tropas portuguesas, comandadas por el bandeirante José Francisco Borges do Canto y los intentos de generar un protectorado durante la crisis de 1808. Dicha crisis se originó cuando el gobernador de Montevideo, Francisco Javier de Elío, entró en conflicto con el virrey del Río de la Plata, Santiago de Liniers, que llegó a la ruptura política con la constitución de la Junta de Montevideo el 21 de septiembre de ese año. La monarquía portuguesa aprovechó la situación enviando al militar y diplomático Joaquín Javier Curado ―lo que se conoce como Misión Curado― a ofrecer, en términos conminatorios, la aceptación del protectorado en la Banda Oriental con el argumento de preservarla de un virrey al que consideraba «afrancesado».[30]​ Elío, en un principio, rechazó dicha oferta, pero el devenir de los hechos políticos a partir de la Revolución de Mayo de 1810 en Buenos Aires permitió a los portugueses, en dos ocasiones, intentar la toma armada del territorio oriental. Esas ocasiones fueron las de 1811 y las de 1816.

Debe mencionarse que las ricas y estratégicas Misiones Orientales siguieron siendo un territorio disputado por los nuevos países (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) hasta la Guerra de la Triple Alianza, en que la soberanía brasileña quedaría finalmente asegurada.[32]

La invasión portuguesa de 1811, fue producto de una solicitud del entonces devenido en virrey del Río de la Plata, Francisco Javier de Elío, en apoyo de las autoridades españolas contra los revolucionarios artiguistas. Dicha invasión se realizó en el contexto, como ya se ha mencionado, de la Revolución de Mayo, donde por influencia de la misma Elío fijó la capital del Virreinato del Río de la Plata en Montevideo, convirtiéndose de esa forma en virrey. La revolución se había logrado infiltrar en la Banda Oriental tras el Grito de Asencio. José Artigas y José Rondeau comandaban las tropas rebeldes que, tras la batalla de Las Piedras, pusieron sitio a Montevideo el 21 de mayo de 1811. Elío, a pesar de estar sitiado y en considerables dificultades, logró bloquear con una flota naval realista el puerto de Buenos Aires y llamó en su auxilio a los portugueses. Un mes después, en julio, se despachó desde Río de Janeiro hacia el Sur un ejército de 4.000 hombres al mando del general Diego de Souza. Derrotado en Paraguay y Alto Perú ―actual Bolivia― y con el comercio impedido por el sitio naval de Elío, el gobierno bonaerense buscó a partir de agosto un acuerdo con Montevideo y el territorio oriental a cambio de retirar el bloqueo portuario y la retirada de los portugueses. Los orientales rechazaron el acuerdo, que los abandonaba en poder del enemigo, y siguieron a Artigas en el episodio conocido como el Éxodo del Pueblo Oriental. Las tropas portuguesas no habían abandonado el territorio oriental sino hasta agosto de 1812 cuando, con el apoyo del gobierno británico, Buenos Aires aseguró el cumplimiento del Armisticio de 1811 a través del Acuerdo Rademaker-Herrera de 1812.[30]

La coyuntura de 1816, contra la revolución agraria artiguista en pleno desarrollo ―que supuso la derrota militar del caudillo José Gervasio Artigas―, la situación de guerra entre el movimiento federal y Buenos Aires (que prácticamente aseguraba la neutralidad, por lo menos, del gobierno central de las Provincias Unidas ante la ocupación del territorio oriental) y la realidad europea, signada por la Restauración y el legitimismo que negaba a las colonias su derecho a independizarse de las monarquías titulares (lo que garantizaba a Portugal contra la eventual reacción hostil de España), resultó ideal para la realización del antiguo objetivo. Esas fueron las principales circunstancias.

La alicaída familia real portuguesa que en 1808 había emigrado a Río de Janeiro huyendo de la invasión napoleónica no tenía nada que ver con la orgullosa Corte que en 1816 preocupaba a Inglaterra por sus aspiraciones expansivas. Mucha agua había corrido bajo los puentes y otros vientos soplaban tanto en Europa como en América. Las infinitas posibilidades del inmenso y rico territorio del Brasil, el desarrollo económico producido por la apertura de los puertos brasileños al comercio internacional ―decisión de 1808― y la lejanía respecto de los conflictos europeos provocaron en la dirección política portuguesa una idea audaz. Convertir al Brasil en el centro de decisión del reino y sede permanente de sus autoridades. La presencia del gobierno portugués en América cambió sustancialmente la visión geopolítica de sus dirigentes. Dicha idea fue seriamente considerada por el rey particularmente después del fallecimiento de su madre, la reina María, ocurrido en marzo de 1816, quien estaba mentalmente inhibida desde mucho tiempo atrás. El príncipe regente don Juan ascendió por fin al trono con nombre de Juan VI.[30]​ El flamante monarca dio a su política un sesgo definidamente americano. Brasil parecía asegurar a los Braganza un destino mundial de primer orden, cosa que el pequeño Portugal ya no volvería a ofrecer.

Juan VI de Portugal, el rey del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve, trató de cerciorarse al máximo de que su campaña de conquista a la Banda Oriental, no sufriera ningún problema.

Un decreto casi de inmediato transformó al Reino de Portugal en Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve; el Brasil dejaba de ser una colonia y pasaba a formar el Reino del Brasil parte esencial del Estado. A partir de ese momento la política expansiva se acentuó y la idea de un Imperio del Brasil fue alentada y respaldada. Semejante política no coincidía con los planes de Inglaterra, y a ella se opuso el ministro británico Lord Strangford, que tenía anteriormente una gran influencia sobre el gobierno. El diferendo culminó cuando el propio rey pidió a Londres, en abril de 1815, la sustitución del diplomático, lo que obtuvo casi de inmediato. Estas circunstancias no alteraron la vieja dependencia de Portugal, y luego del Brasil Imperial, respecto a la política económica del Imperio Británico. Pero la relativa emancipación de Juan VI respecto a la potencia británica que hasta ese momento había controlado cercanamente la política portuguesa le permitió ejecutar su viejo proyecto de invadir y anexar la Provincia Oriental. Particular interés en el proyecto, tenían los hacendados de Río Grande del Sur, que, por una parte, aspiraban al control del puerto ultramarino de Montevideo como forma de canalizar su actividad comercial (las fuertes tendencias autonómicas e incluso separatistas de la región tenían el máximo interés en contar con una salida propia que los vinculase al comercio internacional), y por la otra, se sentían preocupados por la aplicación del reglamento rural artiguista, aprobado en septiembre de 1815, por el que se establecía la facultad de confiscación de las tierras de los enemigos de la revolución con su irrespeto al derecho de propiedad y el fenómeno del pueblerío rural repartiéndose las tierras, bajo la consigna de que «Los más infelices serán los más privilegiados».[30]​ Además, bajo el caos imperante en las Provincias Unidas, que se declararon independientes tras el Congreso de Tucumán, y el «radicalismo» de Artigas, se consideraba a la Provincia Oriental como un peligroso centro de propagación de la «anarquía» a impulsos de la «montonera» federalista y republicana. .[30]​ No es de extrañar entonces que el Marqués de Alegrete, jefe militar riograndense, haya realizado máximos esfuerzos en pro de la empresa de conquista, y que los que serían más tarde destacados caudillos del separatismo riograndense, Bento Gonçalves da Silva y Bento Manuel Ribeiro, hayan jugado en esta un papel de primer orden (que, los vincularía, en circunstancias posteriores, a los caudillos Lavalleja y Rivera).

También, los emigrados españoles y americanos que habían procurado refugio en Brasil persuadieron al rey portugués y brasileño Juan VI, para que iniciara una campaña militar sobre la Banda Oriental con el fin de conquistarla. Gaspar de Vigodet, último gobernador español colonialista de Montevideo, y el fraile español Cirilo Alameda promovieron la aventura con la esperanza de que, una vez obtenida la victoria, Portugal regresaría esos territorios al dominio español. Los porteños unitarios exiliados por el motín de Fontezuelas, encabezados por Carlos de Alvear, esperaban una derrota de Artigas, líder del federalismo suministrando a la Corte Portuguesa-brasileña toda clase de informaciones, con lo que apoyaron sus planes de conquista.[25]​ Y los orientales antiartiguistas ( Mateo Magariños, José Batlle y Carreó) hicieron también un importante esfuerzo al respecto. Particular importancia tuvo Nicolás Herrera, que reunía en su persona el doble carácter de oriental enfrentado a Artigas y de ex secretario del gobierno de Alvear desplazado en 1815. Herrera llegó a Río de Janeiro exiliado, en desgracia y en bancarrota, pero su innegable encanto personal y su talento le permitieron persuadir a Antonio de Araujo y Acevedo, conde da Barca, uno de los principales consejeros de Juan VI. Pronto los responsables de la política portuguesa-brasileña apreciaron los conocimientos del abogado oriental, respecto a la geografía y la realidad política de la provincia a anexar.

También Herrera suministro datos militares de suma importancia, entregando al representante español en Río de Janeiro un informe, sobre las fuerzas militares que disponía la Banda Oriental y la Provincia de Entre Ríos, como también el estado de dichas tropas:

*1.ª División al Mando de Fernando Otorgués compuesta del Regimiento de Dragones de la Libertad: 600 hombres

  • 2ª División al mando de Fructuoso Rivera: 500 hombres
  • 3ª División al mando de José Artigas compuesta del Regimiento de Blandengues: 1000 hombres
  • Otro batallón al mando de Blas Basualdo: 400 hombres

Todas estas tropas son de Caballería, están mal vestidas pero en el día bien armadas. Estas dos provincias son las más entusiastas por la guerra, y todos sus habitantes a excepción de una pequeña parte se unirán inmediatamente a las tropas de Artigas, y engrosaran su número en caso de invasión. Estas tropas son valientes y de una constancia admirable; no tienen disciplina de ninguna especie, ni conocen otra formación que la de ponerse en ala. Hacen la guerra por el estilo de los cosacos, devastando todo el terreno que deben ocupar sus enemigos y cargándolos al descuido; pero nunca presentando batalla a no ser el caso de contemplarse en una marcada superioridad numérica.[25]

Por ello lo designaron ayudante del general Lecor, encargado de dirigir la invasión.

La complicidad del directorio unitario

El principal inconveniente de la campaña de conquista residía en la posibilidad de que las Provincias Unidas del Río de la Plata reaccionarían en defensa de un territorio que formaba parte de ese país desde sus orígenes. Desde luego, a Portugal no le convenía en absoluto que la anexión de la Provincia Oriental tuviera como consecuencia una guerra de difícil resolución, con la totalidad de las provincias del Plata. Según los historiadores uruguayos Washington Reyes Abadie, Oscar H. Bruschera y Tabaré Melogno,[34]​ esa seguridad se la dio, en primer lugar, Manuel José García, enviado de las Provincias Unidas ante Inglaterra y la corte real portuguesa establecida en Río de Janeiro, con el fin de evitar que apoyaran al Imperio español, en momentos en que esta intentaba recuperar las colonias independizadas. La correspondencia de Manuel José García refleja claramente su conocido pensamiento contrario a que la Banda Oriental integrara las Provincias Unidas del Río de la Plata, así como de su pragmática aceptación de las más diversas alternativas para alcanzar ese objetivo:

Es un error imaginar proyecto alguno de sólida prioridad, mientras sus bases no se asienten sobre las ruinas de la anarquía que actualmente nos devora. Estoy persuadido, la experiencia parece haberlo demostrado, que necesitamos la fuerza de un poder extraño, no solo para terminar con nuestra conidenda, sino para formarnos un centro común de autoridad, capaz de organizar el caos en la que están convertidas nuestras provincias [...] El poder que se ha levantado en la Banda Oriental del Paraná fue mirado desde los primermos momentos de su aparición como un tremendo contagio [...] En tal situación es preciso renunciar a la esperanza de cegar por nuestras manos la fuente de tantos males. Pero como ellos son igualmente terribles a los Gobiernos vecinos, de aquí poviene que alarmado este Ministerio de los progresos que sobre el Gobierno de las Provincias Unidas va haciendo el caudillo de los anarquistas, no ha podido menos que prepresentar a S. M. F. (Su Majestad Fidelísima [Rey del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve]), la urgencia de remediar en tiempo tantas desgracias, y S. M. parece haberse iniciado a empeñar su poder en extinguir hasta la memoria de esta calamidad, haciendo el bien que debe a sus vasallos y un beneficio a sus buenos vecinos que cree le será agradecido.[35]

En otro oficio García explicitaba aún más el papel que le asignaba de las fuerzas portuguesas en el Río de la Plata:

Desde que llegué a esta Corte procuré ponerme en la misma dirección de los sucesos públicos y de los intereses políticos de aquellos con quienes debía tratar, pues no teniendo fuerza alguna para detener aquellos y alterar estos, habría sido deshecho en el caso de aventurar un choque. Así, pues, mi empeño fue combinar los intereses peculiares a esas Provincias, con los de las extranjeras, y neutralizar ya que no era posible destruir, los principios de la oposición. Los resultados hasta aquí son los siguientes:

  • Suavizar las impresiones que un sistema exagerado de libertad popular había hecho sobre el corazón de soberanos constituidos y apoyados además por la opinión del mundo civilizado.
  • Conservar la buena armonía y las relaciones mercantiles, que siendo fruto de transiciones celebradas en circunstancias totalmente diversas de las actuales, debían naturalmente alterarse con ellas.
  • Desviar del gobierno de Buenos Aires el golpe que los procedimientos anárquicos del caudillo de la Banda Oriental estaba preparando.
  • Contribuir de este modo para que las operaciones militares sobre esta Provincia se modifiquen de manera que sean útiles a las demás, tanto por la aniquilación del poder anárquico de Artigas como por la preparación de un orden de las cosas mejor que el que jamás pudo tener la anarquía, ni esperarse de una subyugación enteramente militar.
  • Poner así a estos pueblos en aptitud de aprovecharse de las ventajas de una variedad de intereses en las Potencias interesasdas en la cesación de sus oscilaciones para hacer con alguna más dignidad, seguridad y provecho la mudanza, a la cual en otro caso serían fosados irresistiblemente sin condición alguna.[35]

Según el escritor uruguayo Lincoln Maiztegui Casas,[23]​ «García ―con su ideal unitario e intervencionista― empleó toda su influencia para persuadir al rey portugués de que el gobierno de Buenos Aires no tomaría acciones militares para conservar el territorio oriental». Con respecto al papel de Juan Martín de Pueyrredón, quien asumiera en 1816 como director supremo de las Provincias Unidas en reemplazo de Alvear, Maiztegui Casas asevera que, aunque se diferenciaba del unitarismo radical de quienes habían comisionado a García, pensaba que el unitarismo por sí solo, no tenía la fuerza suficiente para someter al movimiento federal, que se extendía rápidamente sobre las provincias; Pueyrredón, como los anteriores gobernantes porteños, veía con buenos ojos una derrota del artiguismo, al que continuaba considerando una expresión de la barbarie y del federalismo.

La actitud de Pueyrredón fue ambigua frente a la invasión portuguesa, respondiendo por un lado al hecho positivo que la misma implicaba en la lucha de Buenos Aires contra el federalismo y el artiguismo en particular, pero por otro lado también a una opinión pública porteña que se oponía masivamente a la segregación de la Banda Oriental y a los intereses británicos que pretendían la conformación de un pequeño estado independiente.[34]

En definitiva, Pueyrredón como director supremo, colaboró con la invasión, no solo porque no declaró la guerra al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve ante la ocupación de una parte del país que gobernaba, sino porque atacó de manera constante a las provincias de la Liga Federal, que se vieron inhibidas de colaborar con la defensa del territorio oriental organizada por Artigas.[23]​ Pero ello también sucedió después de hechos que no se pueden omitir, entre ellos, la intransigencia del Protector, Artigas que se negó sistemática y firmemente a reconocer la autoridad del Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, lo que llevó a este a la convicción de que el caudillo oriental era intratable.[23]

Pueyrredón, expresaba una línea política que mantenía diferencias con el Partido Unitario predominante en Buenos Aires desde 1812, y se tomó con bastante preocupación la invasión portuguesa a la Banda Oriental, sin que haya razones objetivas para asegurar que esa actitud fue aparente.

En primer lugar, envió a Nicolás de Vedia a entrevistarse con Lecor, llevando un oficio de asegurar que la invasión no continuase hacia Entre Ríos, pero que tenía instrucciones de «guardar respecto de Buenos Aires una estricta neutralidad».[24]​ El comisionado porteño regresó con una carta de seguridad de que la aventura portuguesa no pasaría de la Provincia Oriental, obtenida en sus conversaciones con Nicolás Herrera. Luego Pueyrredón envió algunas armas y suministros de guerra a Artigas (de escaso volumen, pero como testimonio de buena voluntad; 300 monturas y 100 quintales de pólvora), emitió un empréstito de 200 000 pesos para gastos militares y constituyó una comisión de guerra encargada de organizar el posible conflicto.

El historiador argentino y unitario Bartolomé Mitre, justifica estas acciones llevadas a cabo por el Directorio Unitario, formulando el siguiente juicio:

Siendo un peligro para ambos vecinos de la actitud de Artigas, lo era aún más para la República Argentina, pues mientras existiera ese foco disolvente de anarquía crónica, era imposible toda organización nacional y efímera toda combinación política o militar. En vista de ese problema de las armas habían sido imponentes para resolver en el curso de la revolución. Unos creyeron que las Provincias Argentinas no tenían fuerzas propias para triunfar de España y buscaron por la diplomacia el concurso directo de naciones extrañas Otros se persuadieron que ellas no tenían elementos de gobierno propio y buscaron la salvación en la monarquía, con el concurso de las grandes potencias europeas, sin excluir el de España, sobre la base de la independencia garantida. Algunos fueron más allá y considerando que la anarquía era el peor de todos los males y que el mal era incurable, se resignaban a ser colonia de Portugal antes de someterse al yugo español.[36]