Interpretación de los sueños

La interpretación de los sueños es el arte y la técnica de asignar significado a los diversos componentes, elementos e imágenes que aparecen en los sueños. Se trata de una práctica humana milenaria, de la que se conservan registros escritos de más de 3.800 años de antigüedad. Igualmente, algunas comunidades humanas y pueblos originarios actualmente existentes (por ejemplo, varios pueblos amazónicos, tales como los Shuar y Achuar, o los aborígenes australianos) incorporan la práctica a su sistema de creencias y organización social. Mientras el desciframiento de los símbolos oníricos buscaba en la antigüedad revelar un mensaje divino, a comienzos del siglo XX y a partir de los desarrollos teóricos del psicoanálisis la interpretación de los sueños se orienta a revelar contenidos inconscientes y pasa a ser una técnica clínica, utilizada hasta la época actual no solo por el psicoanálisis, sino por diversas vertientes de la psicología clínica.

Manifestaciones oníricas en el pensamiento griego

El sueño fue en la Antigüedad una incógnita más de cuantas rodeaban al ser humano. En un primer momento, la aproximación del hombre griego al fenómeno onírico debió plasmarse en la tradición oral, basada en la experiencia práctica e influenciada por corrientes orientales ( caldeos). Las fuentes antiguas confirman un conocimiento muy difundido a nivel popular, juzgándose el sueño como el vehículo idóneo para la expresión de la voluntad divina, realizándose a su vez la interpretación de las visiones portadoras de un mensaje alegórico. Creencias muy arraigadas que perdurarán durante siglos hasta la etapa bizantina.[1]

Simultáneamente discurrirá paralela una corriente que abordará el sueño desde un análisis más racional, gracias a los representantes de una clase intelectual, defensora del espíritu de la ilustración griega.[2]

Edición de 1713 de La República de Platón.

El desarrollo histórico de esta dualidad se puede contemplar empezando por la orientación más especulativa:[3]

  • Libro IV del tratado Sobre la dieta del Corpus Hippocraticum. Primer documento constatable donde los sueños son considerados signos premonitorios de desarreglos corporales.
  • La República de Platón, como deducción de su división tripartita del alma (racional, irascible y concupiscible).
  • Acerca de los ensueños y Acerca de la adivinación por el sueño (incluidos en Parva Naturalia) de Aristóteles.

Todas estas exposiciones teóricas presupondrán un origen exclusivamente físico de los sueños, dando paso con posterioridad a la hipótesis de un origen trascendente:

Frente a esta vía metafísica es reseñable un último esfuerzo por defender una causa fisiopsicológica en los sueños:

Finalmente, y con posterioridad, la escuela neoplatónica dará fuerza de ley al anterior transcendentalismo estoico al ver en el sueño la mejor prefiguración de la experiencia mística.

Oniromancia

Simultáneamente al citado desarrollo epistemológico sobre la experiencia onírica, discurrían también importantes divagaciones y prácticas de honda repercusión cultural: la adivinación en general y la oniromancia (del griego ὄνειρος, ensueño, y -mancia, arte que por medio de los sueños pretende adivinar lo porvenir) en particular.[5]

  1. Creencia en que algunos sueños pueden predecir el futuro.
  2. El lenguaje empleado es alegórico.
  3. Existencia de profesionales de la interpretación.

Representantes obligados serán los siguientes:[6]

  • Homero relata diversas experiencias oníricas en sus dos obras fundamentales:
Odysseus und Penelope, Johann Heinrich Wilhelm Tischbein (1802).

En la Odisea, Penélope refiere a un mendigo ( Odiseo) la visión que ha tenido, expresando al finalizar:

Hay sueños inescrutables y de lenguaje oscuro y no se cumple todo lo que anuncian a los hombres. Hay dos puertas para los leves sueños: una, construida de cuerno, y otra, de marfil. Los que vienen por el bruñido marfil nos engañan, trayéndonos palabras sin efecto, y los que salen por el pulimentado cuerno anuncian al mortal que los ve cosas que realmente han de verificarse.[7]

En la Ilíada, Aquiles se cuestiona la actitud del dios Apolo, para lo cual consulta a un intérprete de sueños (oneiropólos),[9]

  • En Antifonte encontramos el que es considerado el primer tratado oniromántico, abordado desde una perspectiva más racional.
  • Aristandro, al servicio de Filipo de Macedonia y de su hijo Alejandro, era procedente de Telmeso, Caria, centro neurálgico de la adivinación. Su aportación marcaría un hito fundamental en el desarrollo posterior de la disciplina, introduciendo en su obra una subdivisión teórica y práctica imitada en lo sucesivo.
  • Artemidoro citará a varios autores: Demetrio de Falero, Antípatro, Alejandro de Mindo, Febo de Antioquía, Artemón de Mileto, Paníasis de Halicarnaso, Nicóstrato de Éfeso, Apolonio de Atalia, Apolodoro de Telmeso y Gémino de Tiro.

Además de estos escritos existieron en gran número otros menores que compendiaban fórmulas aplicadas por el intérprete en correspondencia a las características del sueño del consultante. Estos documentos fueron quizá los precedentes de la posterior manualística. Los índices de equivalencias entre imagen onírica y realidad crearon un sistema con la intención de abarcar la totalidad de la experiencia onírica y reconducirla a un nivel simbólico accesible al estado de vigilia. Este uso no se perdió a pesar de la abundancia textual dedicada al estudio onírico en todos sus aspectos.[10]

Otras manifestaciones tardías

Incubatio

En el dilatado mundo de la interpretación de los sueños existió también un área que alcanzó un desarrollo espectacular: la incubatio que tenía lugar en determinados santuarios.

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