Internalismo y externalismo

Uno de los temas que debe estudiarse en torno a los posibles usos de la historia de las matemáticas en su enseñanza aprendizaje es la polémica que se dio hace algunos años en torno a la metodología de la historia de la ciencia. El internalismo y el externalismo son dos posturas teóricas enfrentadas tanto en filosofía (filosofía moral y epistemología) como en biología teórica. El internalismo asume que la génesis y la validación de los conocimientos no están influenciados por factores externos y su estudio es de competencia de la historia y la filosofía de las ideas: la sociología y la psicología tienen muy poco que ver en el desarrollo de la ciencia. Los elementos que se tienden a enfatizar son los teóricos en sí mismos: la racionalidad y la lógica. El externalismo asume la posición opuesta. Su interés debe dirigirse hacia la estructura u organización de la ciencia: ciencia y tecnología, responsabilidad social de la ciencia, política científica, gobierno y ciencia, etc. Es decir, se da un énfasis a los factores psicosociales, políticos, orgánico-administrativos, etc., en detrimento generalmente de elementos lógico-deductivos de la ciencia. El externalismo encuentra sus raíces en tendencias teóricas que van de la fenomenología y la sociología descriptiva hasta el marxismo.

Filosofía moral

En la filosofía moral contemporánea, el internalismo sostiene que las función de las creencias morales es motivar. Es decir, el internalista cree que hay una conexión interna entre su juicio evaluativo de que “X debería hacerse” y su motivación para realizar X. Por el contrario, un externalista sostendría que no hay una relación interna esencial entre las creencias morales y los motivos, que no hay una razón esencial por la que la creencia “X es incorrecto” lleve a desear no llevar a cabo X. Es probable que el empleo de estos términos provenga del trabajo de W. D. Falk Ought and motivation (1948).

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