Intelectual

L'Age du papier ("La edad del papel"), ilustración de Felix Valloton, año 1898.
En las calles de París todos leen periódicos de diversas tendencias, y uno de ellos, el famoso ejemplar de L'Aurore con el J'Accuse de Zola (otros tienen preferencia por ejemplares de otras publicaciones, Le Temps, Le Journal, etc).[1]
Dibujo satírico en Le Pélerin, un periódico de la derecha católica, contra los intellectuels del caso Alfred Dreyfus (1898).[2]

Intelectual es el que se dedica al estudio y la reflexión crítica sobre la realidad, y comunica sus ideas con la pretensión de influir en ella, alcanzando cierto estatus de autoridad ante la opinión pública.[5]

La intelectualidad es el colectivo de intelectuales, agrupados en razón de su proximidad nacional (intelectualidad española, francesa, etc.) o ideológica (intelectualidad liberal, conservadora, progresista, revolucionaria, reaccionaria, democrática, fascista, comunista, etc.).[7]

El término fue acuñado en Francia durante el llamado affaire Dreyfus (finales del siglo XIX), inicialmente como un calificativo peyorativo que los anti-dreyfusistas ( Maurice Barrès[10]

Con posterioridad, su uso se hace habitualmente con connotaciones positivas, al estar dotado socialmente de un valor de prestigio asociado a la atribución de un intelecto o inteligencia superior a quienes son identificados con el término; y sobre todo, al entenderse que la actividad pública de los intelectuales que previa o simultáneamente se dedican al pensamiento, tiene una dimensión y una repercusión que se consideran muy valiosas, y que confieren altos valores humanísticos a quien ejerza tal función ( responsabilidad, altruismo, solidaridad, etc.), especialmente cuando lo hace elevando el nivel intelectual del público que lo recibe, sin manipularlo ni caer en el populismo o el paternalismo condescendiente.[11]

Soy hombre, nada humano me es ajeno (Homo sum: humani nihil a me alienum puto).

El factor determinante en la consideración de un pensador ( filósofo, científico, escritor, o artista) como un intelectual es su grado de implicación o compromiso (engagement)[13] con la realidad vital de su época. Como derivación de ello, la interferencia de los intereses y de las distintas opiniones y opciones ideológicas, políticas y sociales, hace que la aplicación del término dependa del grado de afinidad que tenga quien lo aplica con respecto al sujeto en cuestión.

Intelectual es el que se mete donde no le importa (L'intellectuel est quelqu'un qui se mêle de ce qui ne le regarde pas).

En otras ocasiones, el uso del término, o la valoración del propio concepto, puede ser también negativa, identificando a la intelectualidad con el establishment.

Los intelectuales son especialistas en la difamación, son básicamente comisarios políticos, son los administradores ideológicos, los más amenazados por la disidencia.

Crítica que implica la existencia de otro tipo de intelectuales:

El real o "verdadero" intelectual es siempre un intruso [ outsider], que vive en un exilio autoimpuesto, en los márgenes de la sociedad.

Intelectuales del siglo XIX

En todas las épocas históricas personajes caracterizados por sus conocimientos o por su producción literaria estuvieron presentes en las cercanías del poder político, y especialmente del poder religioso, y ejercieron esa habilidad con propósitos apologéticos: tanto para sustentarlo y justificarlo como para destruirlo y construir su alternativa, papel en que destacaron en Francia los politiques del siglo XVI ( guerras de religión)[19]

Pero la edad contemporánea les reservó un papel notablemente diferenciado, muy vinculado al nacimiento del concepto de ideología,[21] Paralelamente, la contribución de los intelectuales de todos los ámbitos del arte y la cultura al movimiento obrero y a los movimientos nacionalistas fue fundamental.

La reflexión intelectual sobre la era de la revolución -industrial, liberal y burguesa- llevó a los intelectuales, estimulados por el Sapere aude kantiano (el espíritu de la Ilustración) a comprometerse en juicios sobre los acontecimientos de su presente, y en casos destacados, a participar de ellos, a veces con consecuencias graves (Lavoisier fue guillotinado al grito: La République n'a pas besoin de savants -"la república no necesita sabios"-).[22] La opuesta valoración de Burke sobre la revolución americana y la francesa contrastó con la participación en ambas de Paine. Dentro del nuevo contexto intelectual del romanticismo, los contrarrevolucionarios franceses ( Bonald y Maistre) dieron paso a una reflexión moderada que pretendía la adaptación del Antiguo Régimen al Nuevo ( La democracia en América de Tocqueville, doctrinarismo de Guizot).

Los filósofos del idealismo alemán ( Kant,[24] La edad de oro de la literatura rusa produjo simultáneamente a intelectuales de una dimensión universal ( Pushkin, Gogol, Turgueniev, Chejov, y sobre todo Tolstoi y Dostoievski).

En Inglaterra, el utilitarismo de Bentham y Mill (movimiento contemporáneo al positivismo francés de Comte) abrió una línea de interés intelectual por la situación social desde una perspectiva reformista, vinculada a la idea de progreso que preside la época y que a finales del XIX se plasmó en los fabianos. Ya en el siglo XX, con nuevos presupuestos, menos optimistas, la tendencia intelectual progresista y de experimentación de modelos alternativos fue continuada por el grupo de Bloomsbury. El impacto del evolucionismo fue decisivo para todos los campos del pensamiento, incluyendo peculiares interpretación de los postulados de Darwin aplicados fuera de su contexto biológico (el darwinismo social de Spencer).

En los Estados Unidos tuvo una gran repercusión local The American Scholar de Ralph Waldo Emerson (1837), calificado como "la declaración de independencia intelectual" por Oliver Wendell Holmes. Mucho más universal fue la influencia de Thoreau (La desobediencia civil, 1849) en el pacifismo posterior, un movimiento que alcanzó una dimensión trascendental entre los intelectuales de todo el mundo ( Tolstoi, H. G. Wells, Rolland, Tagore, Gandhi, Russell). Cuando Alfred Nobel instauró los premios que llevan su nombre, consideró que además de las diferentes ramas del saber, debía concederse uno a la paz (el primero, de 1901, se concedió ex-aequo a Henry Dunant, fundador de la Cruz Roja, y a Frédéric Passy, impulsor de la Unión Interparlamentaria).

En el ámbito hispánico, el papel de los intelectuales fue decisivo en los últimos movimientos independentistas ( Martí y Rizal); mientras que en la metrópoli alcanzaba gran influencia el krausismo, la corriente de pensamiento progresista que se sustanció en la Institución Libre de Enseñanza ( Giner de los Ríos); frente a la que se articuló la corriente de pensamiento reaccionario de los neocatólicos (Menéndez y Pelayo). Tras el desastre del 98, con gran repercusión pública, se insistió en la reflexión intelectual sobre las causas del fracaso histórico de España y su posible remedio, en lo que ve denominó regeneracionismo (término ambiguo, con el que, junto a los políticos que protagonizaron la crisis de la Restauración, se etiquetan tanto científicos - Cajal- como movilizadores sociales - Costa- y literatos - generación del 98-).

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