Inspiración artística

La inspiración en la composición artística se asocia a un brote de creatividad. Literalmente, la palabra significa "recibir el aliento", y tiene sus orígenes en el helenismo y la cultura hebrea. Homero y Hesíodo, en las primeras discusiones sobre la naturaleza de la inspiración destacan como importante tanto los aspectos rituales como los orígenes divinos del aliento de un dios. Por ejemplo tanto el oráculo de Delfos, como otras sibilas, recibían el vapor y humos divinos en una caverna dedicada a Apolo antes de realizar una profecía. En la Odisea, 22. 347-8, un poeta menciona que sus cantos fueron puestos en su corazón por los dioses.[1]

Modelos antiguos de inspiración

El rey David danzando en éxtasis frente al Arca de la Alianza.

Según los griegos, la inspiración supone que el poeta o artista alcanza un estado de éxtasis o furor poeticus, el frenesí divino o locura poética. El artista es transportado más allá de su propia mente y recibe los pensamientos de los dioses. Platón, en Symposium 197a, Phaedrus 244, como también Teócrito, Píndaro, y Aristóteles (en Poetics) argumentan que el poeta se transporta temporariamente al mundo de la verdad o comprensión divina, y es esta visión la que lo obliga a crear. Por lo tanto, las invocaciones a las musas y otros varios dioses poéticos (en particular, Apolo y Dionisio) son auténticas plegarias en busca de inspiración, para recibir el aliento del dios.[3] Esta comprensión de "inspiración" es vital para aquellos que hacen una lectura literal de la Biblia, para ellos, los autores de las escrituras si son poseídos por la voz de Dios, no "filtrarían" ni interpondrían su visión personal en el texto. Para aquellos que entienden la "inspiración" como un fenómeno menos extático (menos platónica), la personalidad humana y puntos de vista del autor harían de mediadores de la palabra santa. Para los padres de la iglesia como San Jerónimo, David era el poeta perfecto, ya que sabía negociar entre el impulso divino y la conciencia humana.

En las sociedades nórdicas, la inspiración también era asociada con un regalo de los dioses. En forma similar a la literatura, griega, latina y romántica, los bardos nórdicos eran inspirados por un estado mágico y divino, dándole luego forma de palabras con sus mentes conscientes. Su entrenamiento era un intento de aprender a modelar las fuerzas que estaban más allá de lo humano. En el relato del Venerable Beda de Caedmon, se combinan las tradiciones cristianas y germánicas tardías. Caedmon era un pastor sin ningún entrenamiento o habilidad en componer versos. Una noche, tuvo un sueño donde Jesús le pedía que cantara. Entonces compuso el Himno de Caedmon, y a partir de ese momento fue un gran poeta. La inspiración en la historia es el producto de la gracia: no es posible buscarla (pero si desearla), es incontrolable, e irresistible, y si bien la obra del poeta comprende en forma completa su mente y su cuerpo, es fundamentalmente un don.[4]

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