Indalecio Prieto

Biografía

Orígenes

Nacido en Oviedo el 30 de abril de 1883[2] De origen humilde, muy pronto se fue a vivir a Bilbao, donde estudió en un centro religioso protestante. Autodidacta, se vio obligado a trabajar desde muy joven en los más diversos oficios para ganarse la vida. Cuando apenas tenía catorce años comenzó a asistir al Centro Obrero de Bilbao, donde se relacionó con los socialistas, e ingresó en 1899 en la Agrupación Socialista de Bilbao. Inició su vida laboral como taquígrafo en el diario La Voz de Vizcaya. Ya convertido en periodista, empieza a trabajar como redactor del diario El Liberal, del que con el tiempo llegaría a ser director y propietario, y que sería el portavoz de sus opiniones políticas.

Entrada en la política

Como periodista, en la primera década del siglo XX, Prieto se convierte en figura destacada del socialismo en el País Vasco. En este trabajo aprendió los recursos de la oratoria que tan importantes fueron en su carrera política posterior. Fue ferviente partidario de la Conjunción Republicano-Socialista, a través de la cual consiguió sus primeros cargos públicos —diputado provincial por Vizcaya en 1911— para lo que tuvo que enfrentarse con el núcleo socialista contrario, liderado por Facundo Perezagua, al que expulsó del partido en 1914. Fue elegido concejal del Ayuntamiento de Bilbao en 1917.

Es este un periodo marcado por la Primera Guerra Mundial, en la que España se mantuvo neutral, lo que reportó grandes beneficios a la industria y al comercio español. Pero estos beneficios no se vieron reflejados en los salarios de los obreros, por lo que se fue generando una gran agitación social, que culminó el 13 de agosto de 1917 con el comienzo de una huelga general revolucionaria que, ante el temor de la repetición en España de los hechos acaecidos en Rusia por esas fechas, es reprimida duramente mediante la intervención del Ejército y la detención en Madrid del comité de huelga. Prieto, involucrado como estaba en la organización de esta huelga, huye a Francia antes de ser detenido y ya no volvería hasta el mes de abril de 1918, después de haber sido elegido diputado.

Muy crítico con la actuación del Gobierno y del Ejército en la Guerra de Marruecos, tuvo frases muy duras en las Cortes con motivo del denominado Desastre de Annual de 1921, así como sobre la más que probable, aunque no probada, responsabilidad del rey Alfonso XIII en la imprudente actuación militar del general Manuel Fernández Silvestre en las operaciones de la zona de la comandancia de Melilla.

Dirigente del PSOE

Su fama como parlamentario aumentó en paralelo a su influencia en el partido, entrando en la Ejecutiva del PSOE. Contrario a la incorporación del partido a la Tercera Internacional,[3] permaneció en el PSOE tras la escisión del Partido Comunista de España en 1921- 1922.

Opuesto a la facción liderada por Largo Caballero favorable a la colaboración del partido con la dictadura de Primo de Rivera,[4] mantuvo agrios enfrentamientos con Largo, lo que le llevó a apartarse de la dirección del partido. En este sentido, Prieto representó una posición intermedia entre la moderación de Besteiro y el radicalismo sindical de Largo.

Al final de la dictadura tomó partido por la República como salida a la crisis del país, llegando a comparecer, a título personal, ante la oposición de Julián Besteiro, en la formación del llamado Pacto de San Sebastián en agosto de 1930, formado por una amplia coalición de partidos republicanos que se proponía acabar con la Monarquía. En esta cuestión, sin embargo, sí que contó con el apoyo del ala liderada por Largo Caballero, ya que este creía que la caída de la monarquía era el único camino por el que, en esos momentos, el socialismo podría alcanzar el poder.

La Segunda República

Fotografía de Prieto publicada en 1931

Proclamada la II República el 14 de abril de 1931, Prieto fue nombrado Ministro de Hacienda del Gobierno provisional presidido por Niceto Alcalá-Zamora y participó en los primeros gabinetes de la República, ocupando las carteras de Hacienda ( abril- diciembre de 1931) y Obras Públicas (hasta septiembre de 1933), siendo Presidente de la República Alcalá-Zamora y Jefe de Gobierno Manuel Azaña.

Como ministro de Hacienda, firmó la entrega de la Casa de Campo al ayuntamiento de Madrid para uso y disfrute de sus vecinos, y tuvo que hacer frente a las repercusiones de la crisis internacional en la economía española, manteniéndose en una estricta ortodoxia liberal. Pese a todo afrontó la oposición de los empresarios, que desconfiaban de él, y la del Banco de España, que se resistía a una mayor intervención del Estado en este organismo.

Junto a Niceto Alcalá-Zamora y otra personalidades en la plaza de toros de San Sebastián en 1932

Siendo Ministro de Obras Públicas, continuó y amplió la política de obras hidroeléctricas iniciadas en la época de la dictadura de Primo de Rivera, así como un ambicioso plan de mejora de infraestructuras en Madrid, como el de los enlaces ferroviarios, la construcción de una nueva estación en Chamartín y el túnel de enlace, bajo el suelo de Madrid, entre esta estación y la de Atocha (que la prensa opositora bautizó como Túnel de la Risa, nombre que llega hasta nuestros días), obras estas que no verían la luz hasta muchos años después, como consecuencia de la guerra civil.

En el XIII Congreso del PSOE, celebrado en octubre de 1932, intervino de forma destacada en los debates acerca de la conveniencia o no de mantener la colaboración a nivel ministerial con los republicanos.[n. 1]

En su actividad parlamentaria se opuso a reconocer el voto a las mujeres, lo que le llevó al enfrentamiento directo con la diputada Clara Campoamor, llegando a afirmar tras su aprobación que ello había supuesto "una puñalada trapera a la República".

La huelga general revolucionaria de 1934

La crisis de septiembre de 1933 provocó la salida de los socialistas del Gobierno y que concurrieran en solitario a las elecciones de noviembre. La victoria electoral de la derecha y la posibilidad de que la CEDA accediese al poder orientó al PSOE a preparar la huelga general revolucionaria de octubre de 1934, en la que Prieto tuvo una participación muy activa. Su propia opinión sobre la misma y su participación en ella la expuso posteriormente en el exilio, en una conferencia que tuvo lugar en la Ciudad de México el 1 de mayo de 1942:

Me declaro culpable ante mi conciencia, ante el Partido Socialista y ante España entera, de mi participación de aquel movimiento revolucionario. Lo declaro, como culpa, como pecado, no como gloria. Estoy exento de responsabilidad en la génesis de aquel movimiento, pero la tengo plena en su preparación y desarrollo [...].[7]

Antes de que la huelga general revolucionaria se llevase a cabo se puso a salvo huyendo a París. Prieto representaba un punto de vista liberal dentro del partido, y apoyaba la colaboración con los partidos republicanos de izquierdas para volver al poder, y como garantía de estabilidad de las instituciones republicanas. Por ello se opuso a las ideas revolucionarias de la izquierda de su partido —reflejadas por el diario Claridad— a la radicalización de las juventudes y a la colaboración con el PCE y la CNT.

Elecciones de 1936

En las elecciones de 1936 fue elegido por la circunscripción de Bilbao con 69.193 votos de un total de 143.868 votantes, de 184.787 electores, resultando el tercer candidato más votado tras Mariano Ruiz-Funes y Julián Zugazagoitia.

Después de las elecciones fue nombrado presidente de la Comisión de Actas formada el 17 de marzo de 1936 en el seno del Congreso de los Diputados de España.

Con motivo de la repetición de elecciones a diputados en la provincia de Cuenca, intervino en Cuenca el 1 de mayo de 1936 en un famoso mitín de campaña del Frente Popular en el que hizo alusión a los problemas del país y se mostró contrario a la violencia o el desorden y en donde manifestó que «aunque internacionalista», se sentía «cada vez más profundamente español».[8]

Guerra Civil

Prieto era un firme convencido de que la situación política y social de España en 1936 necesariamente desembocaría en una guerra civil, y así lo escribió y publicó en diversas ocasiones a lo largo de la primavera de dicho año.

Gabinete ministerial de Largo Caballero

Iniciada la guerra, aunque no formó parte del gobierno tuvo una gran actividad política y en el seno del propio gobierno. Se mostró contrario a la violencia revolucionaria que se desató en la zona republicana, y cuando se produjo la Matanza de la cárcel Modelo de Madrid llegó a decir: «La brutalidad de lo que aquí acaba de ocurrir significa, nada menos, que con esto hemos perdido la guerra».[9] Tras la caída de Talavera de la Reina en septiembre de 1936, Largo Caballero se convierte en presidente del Consejo de Ministros, siendo nombrado Prieto Ministro de Marina y Aire del nuevo gobierno.

Tras los sucesos revolucionarios de mayo de 1937 en Barcelona, cae el gabinete Largo Caballero por la oposición del Partido Comunista de España y del propio Prieto. El nuevo gobierno es presidido por Juan Negrín, en principio miembro de la facción de Prieto, y éste es designado Ministro de la Defensa Nacional, aunque, en su fuero interno, reconocía que la guerra no podía ganarse por carecer la República del apoyo de las potencias democráticas (durante su ministerio, el acceso marítimo para los suministros soviéticos quedó cortado por los ataques de los submarinos italianos y la frontera francesa estaba cerrada).

Tras la caída del Frente Norte en octubre, presenta la dimisión que no le es aceptada, aunque en abril de 1938, tras el derrumbe del frente de Aragón y sus enfrentamientos con Negrín y con los ministros comunistas, sale del gobierno.

Exilio

Visado de entrada en los Estados Unidos expedido a Indalecio Prieto (1941).

Se aparta de la política activa el resto de la guerra, aunque acepta una embajada extraordinaria en varios países de Sudamérica, donde le sorprende el fin de la guerra. Desde su exilio en México lidera la fracción mayoritaria del Partido Socialista. En 1939 se funda la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles (JARE), sucesora del SERE. Prieto fue nombrado secretario general de la Junta Española de Liberación (1943-1945). En el congreso de Toulouse del PSOE en 1946 triunfaron sus tesis: condena de Negrín y su política, ferviente anticomunismo y colaboración con los monárquicos para restaurar la democracia en España. En mayo de 1948 asistió, invitado por Salvador de Madariaga, al congreso de la Haya.[13]

Sus restos mortales descansan en el cementerio de Vista Alegre, en Derio, en la parte que dicho cementerio tiene reservada como Cementerio Civil.

Fundamentó la naturaleza de su pertenencia al PSOE describiéndose en repetidas ocasiones como «socialista a fuer de liberal».[14]