Incunable

Una página de una Biblia con letra gótica ( 1497) impresa en Estrasburgo por J.R. Grueninger.

Un incunable (del latín incunabulae, en la cuna)[3] .

En este período la industria tipográfica todavía no se había especializado: el impresor era dueño y manipulador de la prensa, fundidor de tipos, fabricante del papel, encuadernador, editor, librero, artesano, artista y erudito. Algunos de ellos dejaban una « marca de agua» o filigrana en el papel que fabricaban, de esa manera sabemos quién la editó; pero hay muchos que carecían de firma y fecha. Hoy en día, estudios científicos que analizan los tipos de fundición utilizados, han ayudado a catalogar la mayoría de las ediciones existentes. Estas ediciones son documentos históricos que, por primera vez, pusieron la cultura al alcance de todos.

El término «incunable» hace referencia a la época en que los libros se hallaban «en su cuna», es decir en la primera «infancia» de la técnica moderna de hacer libros a través de la imprenta. Así, son reconocidos como incunables los libros impresos entre 1453 (fecha de la invención de la imprenta moderna) y 1500, procedentes de unas 1200 imprentas, distribuidas entre 260 ciudades, con un lanzamiento aproximado de 35 000 obras distintas.

A Johann Gutenberg, de Maguncia, se le atribuye la invención de los caracteres móviles fundidos. Los primeros incunables salieron de su imprenta, y entre ellos destaca la Biblia de Gutenberg ( 1453- 55), en latín, de 42 líneas. Durante los primeros treinta años, la imprenta se expandió por Europa occidental y comenzó a dividirse en diferentes actividades especializadas. Al principio, Los libros no tenían portada con caracteres, en letra gótica y las palabras tenían numerosas abreviaturas, imitando a los códices. Pero ya en el mismo siglo fueron adoptándose otros tipos de letras, especialmente la redonda o romana, la veneciana o itálica y la cursiva, mucho más legibles que las primeras y que al fin prevalecieron sobre éstas (salvo en Alemania) desde comienzos del siglo siguiente. Hacia finales del siglo XVI, se introdujo el tipo elzeviriano (del holandés Elzevir) más delgado que los anteriores y después siguieron otros caracteres de fantasía, hasta llegar a la gran variedad que hoy conocemos.

Tipos de incunables

Antes de los tipos metálicos móviles, se usaban planchas de madera fija, que dieron lugar a los incunables xilográficos, entre los que destaca la Biblia Pauperum o Biblia de los pobres. Los protoincunables son los libros impresos en los primeros talleres, entre 1472 y 1480. A su vez, se denominan post-incunables aquellos libros impresos a principios del siglo XVI que por error o debido a una insuficiente información, han sido clasificados como incunables.

El primer libro español impreso que se conserva es el Sinodal de Aguilafuente, impreso por Juan Párix de Heidelberg (Johannes Parix) en 1472, que contiene actas de una reunión celebrada en Aguilafuente, Segovia. Incunables españoles de gran valor son la Biblia (impresa en valenciano en Valencia en 1478), Los doce trabajos de Hércules (originalmente escrita en catalán, con el título Los dotze treballs de Hèrcules) de Enrique de Villena ( Zamora, 1483), Tirante el Blanco (originalmente escrita en valenciano, con el título Tirant lo Blanch) de Joanot Martorell ( Valencia, 1490), Gramática de la lengua castellana de Antonio de Nebrija ( Salamanca, 1492) y la primera edición de La Celestina de Fernando de Rojas, atribuido a Fadrique de Basilea en 1499, afamado impresor que trabajó en Burgos durante treinta años y que dejó tras de sí una importante estirpe de impresores en la ciudad.

Entre las ediciones más importantes de incunables, se encuentran las de Gutemberg, Nicolas Jensen, William Caxton y Aldo Manuzio.

Para conocer los incunables principalmente aquellos que no tienen fecha. hay que fijarse en otras particularidades que los distinguen y son:[4]

  1. La falta de título en hoja separada al principio de la obra, pues sólo en 1479 fué que se empezó á imprimir el título de la obra en una hoja sola, en las Espístolas de Cicerón y de Plinio, impresas en Venecia por los hermanos Juan y Vindelin de Spira, edición que les valió un privilegio por cinco años concedido por el Senado de Venecia.
  2. La falta de letras iniciales, porque los impresores de esa época dejaban un hueco al principiar una obra ó capítulo, que los iluminadores llenaban después poniendo hermosas iniciales adornadas de arabescos de oro, plata y colores estos ornamentos eran generalmente finos y muy variados de color.
  3. Las pocas divisiones que tenía el texto o contenido de la obra, pues la materia era corrida y compacta, sin títulos y sin separación de capítulo ó párrafos.
  4. La falta de signos de puntuación, porque se usaba tan sólo el dos puntos y el punto final, este último a veces cuadrado, otras veces redondo y otras veces en forma de estrella...
  5. La poca igualdad y grueso de los caracteres defecto que se observa visiblemente en algunas ediciones...
  6. La omisión de colofón, pues en las primeras ediciones se hizo abstracción de ellos en lo absoluto, a fin de no divulgar el nuevo invento de la Imprenta y poder vender los ejemplares de esas ediciones como manuscritos...
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