Incrustación

Toba en Mono Lake, California

Una incrustación es la acción y el efecto de cubrirse una roca, un animal o un vegetal con una costra de sustancia mineral abandonada por el agua que la contiene en disolución. Las incrustaciones más frecuentes son las de naturaleza calcárea. Una vez saturada de gas carbónico, el agua puede disolver una cantidad de carbonato de calcio equivalente a 0,000.9 de su masa. Esa sal se convierte en carbonato que, en razón de su inestabilidad química, se disocia: el gas carbónico se desprende y el carbonato de calcio queda depositado en las superficies sobre las cuales discurre el agua. Así, los objetos mojados acaban por desaparecer bajo una costra calcárea cada vez más líquida.[1]

Ese mismo proceso químico es, por lo demás, el que da lugar a la formación de tobas (por el gua que gotea sobre hierbas y musgos), de estalactitas, estalagmitas y otras concreciones minerales.[2]

Incrustaciones cálcareas

Las incrustaciones calcáreas están asociadas a las aguas industriales, ya sea sistemas de producción de vapor, chillers o torres de enfriamiento. La incrustación forma un depósito muy adherente a la superficie rugosa del conducto. Los problemas asociados a estos depósitos se traducen en la pérdida de eficiencia del sistema por pérdida de la transferencia de calor, menor producción de vapor por unidad de tiempo, mayor consumo de insumos y corrosión en los equipos. Dichas incrustaciones se sitúan en cualquier parte del sistema, de preferencia en ductos y cañerías.

Dentro de las especies químicas encontramos al calcio (Ca), magnesio (Mg), hierro(Fe) asociados a aniones de tipo sulfatos (SO4), carbonatos (CO3) y sílices amorfas. Las especies más adherentes y compactas son los Silicatos de Magnesio, los carbonatos y luego los sulfatos, en ese mismo orden.

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