Incineración

Incineración de basura
Planta incineradora en Malmö, Suecia.

La incineración (del latín incinerāre, ‘incinerar’) es la combustión completa de la materia orgánica hasta su conversión en cenizas, usada en el tratamiento de basuras: residuos sólidos urbanos, industriales peligrosos y hospitalarios, entre otros. Tanto la incineración, como otros procesos de tratamiento de basuras a alta temperaturas son descritos como " tratamiento térmico".

La incineración se lleva a cabo hornos mediante oxidación química en exceso de oxígeno. Algunos de los motivos por los que se usa este tratamiento pueden ser la destrucción de información (incineradora de documentos) o la destrucción de productos o compuestos químicos peligrosos ( incineradora de residuos sólidos orgánicos). Los productos de la combustión son cenizas, gases, partículas tóxicas y algunas con efectos cancerígenos,[2] así como calor, que puede ser usado para generar energía eléctrica.

Por sus efectos nocivos sobre la salud, su alto precio económico y su insostenibilidad es un método de eliminación de residuos fuertemente criticado.

Ventajas e inconvenientes

Este sistema de procesamiento de los residuos presenta una serie de ventajas frente a otras técnicas de tratamiento como son:

  1. Posibilidad de recuperación de energía.
  2. Posibilidad de tratamiento de numerosos tipos de residuos.
  3. Posibilidad de implantarlo cerca de núcleos urbanos.
  4. Es necesaria poca superficie de terreno.
  5. Reduce el volumen de los residuos sólidos en un 80 %-85 %.

También presenta una serie de inconvenientes bastante importantes como son:

  1. No elimina totalmente los residuos, por lo que se necesita un vertedero especial para el depósito de cenizas procedentes de la incineración, parte de las cuales son muy tóxicas.
  2. Se generan gases tóxicos que deben ser tratados, como las dioxinas, que son compuestos cancerígenos.
  3. Necesitan un aporte de energía exterior para su funcionamiento.
  4. Baja flexibilidad para adaptarse a variaciones estacionales de la generación de residuos.
  5. La inversión económica y los costes del tratamiento son elevados (250 millones de euros para una planta de tratamiento de unas 450.000 t/año).[2]
  6. Posibilidad de averías, por lo que se necesita un sistema alternativo de tratamiento.
  7. Anula la puesta en marcha de políticas encaminadas a la reducción y reutilización de residuos, por la necesidad de rentabilizar la inversión hecha.
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