Incendio del Reichstag

Incendio del Reichstag
Reichstagsbrand.jpg
Fachada del Reichstag durante el incendio
Lugar Reichstag de Alemania
Fecha 27 de febrero de 1933
21:14 horas
Tipo de ataque Incendio
Perpetrador(es) Marinus van der Lubbe (acusado y sentenciado por los nazis)
Sospechoso(s) Partido Nazi
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El incendio del Reichstag (en alemán: Acerca de este sonido  Der Reichstagsbrand ) fue un incendio perpetrado contra el edificio del Reichstag en Berlín, el 27 de febrero de 1933. La responsabilidad del incendio sigue siendo un tema de permanente debate e investigación;[2] Marinus van der Lubbe, un joven comunista holandés fue culpado del evento por el gobierno alemán del canciller Adolf Hitler. Van der Lubbe era un albañil desempleado que había llegado recientemente a Alemania, y que fue capturado en el lugar del incendio. Después de ser torturado, admitió haber prendido fuego al edificio, por lo que fue sentenciado a muerte y ejecutado. El incendio fue utilizado como «prueba» por los nazis para acusar a los comunistas de conspirar contra el gobierno y está considerado un hecho fundamental en el establecimiento de la Alemania nazi o Tercer Reich.

El fuego comenzó en la Sala de sesiones del edificio del Reichstag, donde se ubicaba el parlamento alemán. Una estación de bomberos de Berlín recibió una llamada alertando del incendio a las 21:25.[3] En el momento en que los bomberos y la policía llegaron, la cámara de diputados estaba envuelta en llamas. La policía, tras una búsqueda exhaustiva en el interior del edificio, encontró a Marinus van der Lubbe. Van der Lubbe y cuatro dirigentes comunistas fueron posteriormente arrestados.

Adolf Hitler, quien había jurado como Canciller de Alemania cuatro semanas antes, el 30 de enero, instó al presidente Paul von Hindenburg a que firmara un decreto de emergencia para suspender las libertades civiles con el fin de «contrarrestar la confrontación despiadada del Partido Comunista de Alemania». Después de aprobarse el decreto, el gobierno perpetró arrestos masivos de comunistas por todo el país, incluyendo a los diputados comunistas del parlamento, a pesar de que estos contaban con inmunidad parlamentaria. Con sus rivales detenidos y sus escaños vacíos, el NSDAP amplió su mayoría y permitió a Hitler consolidar su poder; los nazis estaban deseosos de «descubrir» una posible complicidad de la Internacional Comunista. En febrero de 1933, tres hombres fueron detenidos y protagonizaron el célebre Juicio de Leipzig: Georgi Dimitrov, Vasil Tanev y Blagoi Popov. Los tres eran comunistas búlgaros y la policía prusiana los acusó de ser altos dirigentes de la Comintern, pero en realidad la policía no tenía ni idea de qué puesto ocupaban realmente. Por ejemplo, Georgi Dimitrov era nada menos que jefe de todas las operaciones de la Internacional Comunista en Europa Occidental y más tarde se convertiría en Secretario General de la Internacional y Presidente de la Bulgaria socialista.

Los historiadores no están de acuerdo en si Van der Lubbe actuó solo, como él declaró, para protestar por la mala situación de la clase obrera alemana. Los nazis acusaron a los comunistas, tanto alemanes como extranjeros, del incendio. Algunos historiadores sugieren que la contra-acusación del Partido Comunista de Alemania era verdadera y que el incendio fue planeado y ordenado por los nazis como una operación de falsa bandera con el fin de aumentar su creciente poder. Fuera quien fuera su autor, lo cierto es que los principales beneficiados de este suceso fueron los propios nazis, que pudieron consolidar su poder y eliminar a los comunistas, que junto a los socialdemócratas eran los principales opositores al NSDAP.[6]

El comentario de Göring

En el libro The Rise and Fall of the Third Reich (Auge y caída del Tercer Reich), del historiador estadounidense William L. Shirer, se recoge una declaración jurada del general alemán Franz Halder, donde este afirma que Hermann Göring en Nuremberg se jactó acerca del incendio:

En un almuerzo con ocasión del cumpleaños del Führer en 1943, las personas alrededor del Führer dirigieron la conversación hacia el incendio del Reichstag y su valor artístico. Escuché con mis propios oídos como Göring irrumpió en la conversación y gritó: el único que realmente sabe sobre el edificio del Reichstag soy yo, porque yo le prendí fuego. Y diciendo esto, dio una palmada.[7]

Durante su interrogatorio en los juicios de Nuremberg de 1945 y 1946, se le leyó a Göring la declaración jurada de Halder, pero negó haber tenido implicación alguna en el incendio, y tildó la declaración de Halder de "tonterías". Göring dijo:

No tenía razón o motivo alguno para incendiar el Reichstag. Desde el punto de vista artístico no me arrepiento en absoluto de que la cámara se quemara; tenía la esperanza de construir una mejor. Por lo que si lo lamento mucho es porque me vi obligado a buscar un nuevo lugar de encuentro para el Reichstag, y al no ser capaz de encontrar uno, tuve que renunciar a mi Ópera Kroll. La ópera me parecía mucho más importante que el Reichstag.[8]

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