Impuesto sobre sociedades

El impuesto de sociedades, también denominado impuesto sobre la renta o el beneficio de las sociedades, es un impuesto directo, de carácter personal y habitualmente de tipo impositivo único, que recae sobre los beneficios obtenidos por las sociedades.

En los sistemas fiscales, el gravamen de las rentas se estructura en dos grandes impuestos, uno que grava a las personas físicas ( impuesto sobre la renta de las personas físicas) y otro paralelo que grava la renta o beneficio de las sociedades (impuesto sobre sociedades). A pesar del protagonismo actual de las sociedades en la vida económica de los países desarrollados, sin embargo la participación del impuesto sobre sociedades en el conjunto de ingresos fiscales en los países pertenecientes a la OCDE alcanzó un 10%, frente al 26% correspondiente al impuesto sobre la renta de las personas físicas.

La existencia de un impuesto sobre las sociedades ha sido objeto de controversia en el ámbito teórico de la economía pública, enfrentando a los que consideran que es una figura independiente de impuesto sobre la renta de las personas físicas, así desde la perspectiva legal, las sociedades son personas jurídicas que tiene capacidad legal para contratar y asumir deudas y derechos, y por tanto igual que las personas físicas deben pagar impuestos. Frente a esta postura se encuentran los que opinan que las sociedades son un mero conducto de transmisión de la renta hacia las personas físicas y que es en éstas donde debe producirse el gravamen de las rentas.[1]

Estructura del impuesto

Sujeto pasivo

Constituyen el sujeto pasivo típico del impuesto las sociedades de capital, entidades con personalidad jurídica propia y responsabilidad limitada de los socios. Aunque la mayoría de entidades carentes de personalidad jurídica quedan fuera del impuesto, determinadas entidades carentes de personalidad, como son los fondos de inversión y los planes de pensiones, suelen ser gravados por este impuesto, aunque sea con la aplicación un tipo de gravamen especial.

Base imponible

En la práctica se acerca al beneficio contable, suma de ingresos netos y variaciones patrimoniales. En el cálculo de los ingresos netos se restan de los ingresos brutos los gastos deducibles. Se admite normalmente la compensación de las pérdidas de un ejercicio con los beneficios de los ejercicios siguientes. Los problemas que se suscitan en la fijación de la base imponible son:

  • la valoración de las existencias
  • las amortizaciones o deducciones por depreciación del activo.
  • las variaciones patrimoniales.

Tipo impositivo

Generalmente, el tipo aplicable en los impuestos sobre sociedades es fijo y no dependen del nivel de base imponible, constituyendo por tanto un impuesto de carácter proporcional. No obstante es corriente la existencia de tipos de gravamen especiales para sociedades dedicadas a actividades no lucrativas. También existen en determinados países tipos de gravamen diferenciados para los beneficios distribuidos y para los no distribuidos.

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