Imperio austrohúngaro

Österreichisch-Ungarische Monarchie
Osztrák-Magyar Monarchia

Monarquía austrohúngara

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1867-1919

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Bandera Escudo
Bandera Escudo
Lema nacional: Indivisibiliter ac Inseparabiliter
(‘Indivisible e inseparable’)
Himno nacional: Gott erhalte Franz den Kaiser
(‘Dios salve a Francisco el Emperador’)
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Ubicación de Austria-Hungría
Situación del Imperio austrohúngaro en Europa para 1914
Capital Viena y Budapest
Idioma oficial Alemán, húngaro
Otros idiomas Checo, polaco, rumano, esloveno, eslovaco, serbocroata, ucraniano e italiano
Religión Cristiana católica
Gobierno Monarquía constitucional dual en unión personal
Emperador de Austria y Rey de Hungría
 • 1867- 1916 Francisco José I
 • 1916- 1919 Carlos I
Período histórico Nuevo Imperialismo
 •  Compromiso Austrohúngaro 8 de junio de  1867
 •  Desmembramiento 1919
 •  Tratado de Saint-Germain-en-Laye 10 de septiembre de 1919
Superficie
 • 1907 624 854 km²
 • 1914 675 936 km²
Población
 • 1907 est. 50 000 000 
     Densidad 80 hab./km²
 • 1914 est. 52 799 000 
     Densidad 78,1 hab./km²
Moneda Florín;
corona (desde 1892)
Miembro de: Potencias Centrales

El Imperio austrohúngaro, Monarquía austrohúngara o simplemente Austria-Hungría (en alemán: Österreichisch-Ungarische Monarchie; en húngaro: Osztrák-Magyar Monarchia), fue un Estado europeo creado en 1867 tras el llamado Compromiso austrohúngaro, por el cual se reconocía al Reino de Hungría como una entidad autónoma dentro del Imperio austríaco. Desde entonces el Imperio fue denominado austrohúngaro en razón de la igualdad entre ambos estados. El nombre oficial del Imperio se transcribe como: 'Los Reinos y Territorios representados en el Consejo Imperial y los Territorios de la Santa Corona Húngara de San Esteban' (en alemán: Die im Reichsrat vertretenen Königreiche und Länder und die Länder der Heiligen Ungarischen Stephanskrone y en húngaro: A Birodalmi Tanácsban képviselt királyságok és országok és a Magyar Szent Korona országai).

El soberano gobernaba como emperador de Austria sobre el oeste y el norte, la llamada Cisleitania y como rey de Hungría sobre la Transleitania. No existía una ciudadanía común ni un único pasaporte para los habitantes del Imperio que podían ser austríacos o húngaros, pero no ambos.

En 1914, en vísperas de la Primera Guerra Mundial que lo llevaría a su disolución, tenía una extensión de 675 936 km², contaba con 52 799 000 habitantes y era considerado como una de las grandes potencias europeas.

Los territorios del desaparecido Imperio austrohúngaro comprenden actualmente los de trece estados europeos: Austria, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina además de las regiones de Voivodina y el Banato Occidental en Serbia, Bocas de Kotor en Montenegro, Trentino-Alto Adigio y Trieste en Italia, Transilvania, el Banato Oriental y Bucovina en Rumanía, la parte occidental de Galitzia y Silesia en Polonia y la parte oriental de Galitzia y la Rutenia Transcarpática en Ucrania.

Historia

Antecedentes del Compromiso

Fernando I consiguió el reino de Hungría para la dinastía Habsburgo.

El Reino de Hungría, creado en torno al año 1000, se convirtió durante la Edad Media en uno de los principales reinos europeos. Sin embargo, situado en la frontera de la Cristiandad, sufrió frecuentes ataques de los turcos otomanos a lo largo de los siglos XIV y XV que debilitaron su estructura social y económica. En 1526, el rey Luis II de Hungría fue derrotado y muerto en la batalla de Mohács librada contra las tropas invasoras del Imperio Otomano, en ese momento el trono quedó vacante y se sucedieron una serie de disputas entre los príncipes vecinos para ocuparlo. En un primer momento fue coronado el voivoda húngaro Juan I Szapolyai de Transilvania, llamado «El último rey húngaro de los húngaros» (en magiar: A magyarok utolsó magyar királya). Fernando de Habsburgo, hermano del emperador Carlos V, reclamaba la corona de San Esteban, basado en los derechos matrimoniales de su esposa Ana Jagellón de Hungría y Bohemia, hermana del fallecido Luis II. Una dieta rival lo reconoció como rey, lo cual desencadenó una guerra civil que fue aprovechada por los turcos para invadir el país. Finalmente, Hungría quedó divida en tres estados: el reino húngaro, gobernado por los soberanos del imperio pertenecientes a la dinastía de los Habsburgo; el Vilayato de Buda ocupado por los turcos en 1541 y el Principado húngaro de Transilvania, que se convirtió en vasallo del Imperio Otomano desde 1570.

Dicha separación del reino de Hungría se mantuvo entonces a lo largo de casi siglo y medio de constantes batallas entre germanos, húngaros y turcos. En el Principado de Transilvania se protegió y se cultivó la cultura húngara, mientras que en los territorios húngaros ocupados por los turcos apenas existían pobladores. La mayoría había emigrado buscando un sitio más apropiado para el cultivo y para vivir, que no estuviese bajo influencia turca. Los territorios húngaros bajo Dominio de los Habsburgo continuaron poblados y manteniendo su cultura, aunque con el tiempo fueron adoptando ciertos rasgos germánicos. Esta división también definió la confesión religiosa de los pobladores de dichas zonas. Los húngaros de Transilvania eran en su gran mayoría protestantes; los de los territorios turcos católicos y protestantes, mas no adoptaron la religión musulmana; y los de los territorios bajo control germánico eran fervientemente católicos. Esta pugna religiosa resultó un arma perfecta para los príncipes húngaros de Transilvania como Esteban Bocskai y Gabriel Bethlen, quienes buscaban reunificar el reino, conduciendo así varias guerras de independencia contra los emperadores germánicos. Sin embargo, todos sus intentos resultaron en fracaso y después de la tentativa de los turcos en 1683 de invadir Viena, la Liga Santa se dispuso a expulsar definitivamente a los otomanos de los territorios húngaros.

De esta manera, en 1686 el emperador germánico y rey húngaro Leopoldo I de Habsburgo, junto a su comandante el príncipe Eugenio de Saboya, reconquistaron la ciudad de Buda. Después de esta victoria continuaron presionando a los ejércitos turcos fuera del reino, hasta que finalmente lo abandonaron en 1691. A partir de este momento todo el territorio húngaro, incluyendo Transilvania, quedó bajo control del Sacro Imperio Romano Germánico, lo cual generó una serie de guerras de carácter independentista en dicho territorio.

El príncipe húngaro Emérico Thököly condujo una revuelta a gran escala en contra del emperador germánico y rey húngaro Leopoldo I, la cual fue sofocada alrededor de 1690 y lo obligaría a emigrar a territorio otomano, donde falleció en 1705. Posteriormente su hijastro, Francisco II Rákóczi también príncipe húngaro de Transilvania, condujo una guerra entre 1703 y 1711, que se vería sofocada por Leopoldo I, y tras su muerte en 1705 por su hijo José I de Habsburgo.

Tras dichos intentos independentistas Hungría se mantuvo sin conflictos durante más de un siglo, permaneciendo como parte del nuevo Imperio austríaco que surgió tras la caída del Sacro Imperio Romano Germánico en 1805. Hungría se alzó nuevamente durante la revolución en los Estados alemanes en 1848, surgiendo la llamada Revolución húngara de 1848, en la cual se enalteció el nacionalismo y la independencia de los Estados europeos y el rechazo al poder austríaco de los Habsburgo. De esta forma, el 15 de marzo de 1848 las calles de Buda se llenaron de gente, poetas e intelectuales, políticos y militares que protestaban contra el emperador austríaco Francisco José I. Las revueltas húngaras fueron sofocadas gracias a la intervención del zar ruso, que acudió en ayuda del emperador austríaco, poniendo nuevamente orden en la nación húngara. El fracaso de la revolución desencadenó una serie de ejecuciones de generales y dignatarios húngaros que se habían sublevado contra los austríacos.

El compromiso

Coronación de Francisco José e Isabel como Reyes de Hungría

Tras la Guerra Austro-Prusiana de ( 1866), donde el Imperio fue derrotado junto a Baviera por Prusia, Austria perdió la posibilidad de convertirse en el eje que articulase la unificación alemana y su papel central lo ocupó definitivamente el Reino prusiano. Fue este un momento de debilidad idóneo para las aspiraciones autonomistas húngaras, y los dignatarios de aquel Reino lo aprovecharon enviando una comitiva encabezada por Francisco Deák, la cual le exigiría a Francisco José el establecimiento de un Parlamento en Hungría, junto a más facilidades, libertades y autonomía. De esta forma, en 1867, ante la amenaza de una nueva sublevación húngara, el emperador austríaco firmó el tratado conocido como el Compromiso y con ello surgiría la monarquía dual austrohúngara. Fue también el asentamiento definitivo de la política de los Habsburgo, que ya desde el siglo XVIII tendía a prestar más atención e importancia a sus dominios directos, que se extendían por Hungría, Bohemia, Moravia y otras regiones del este de Europa en lugar de los distintos Estados alemanes.

El acuerdo era en la práctica un pacto entre los nacionalistas magiares y la corona, aceptado por conveniencia por los alemanes y, en menor medida, por polacos y croatas.[2]

La Monarquía Dual

El emperador Francisco José I; durante su reinado se formó la monarquía dual.

Derrotado en Italia y Alemania, el imperio decidió comenzar a intervenir asiduamente en los Balcanes. Con el estallido de la Guerra ruso-turca de 1877, Rusia (príncipe Gorchakov) y Austrohungría ( conde Andrássy) firmaron el acuerdo secreto de Reichstadt el 8 de julio, por el que se dividía la península balcánica dependiendo del resultado de la guerra. La oposición directa de los intereses rusos en los Balcanes llevó a Francisco José a aliarse con Alemania para intentar lograr un equilibrio político y militar que era vital para sus intereses.

La asociación entre la Alemania de Bismarck y el Imperio austrohúngaro fue el primer paso en el proceso de alianzas europeas que, junto con las luchas nacionalistas de los pueblos del Danubio y los Balcanes, apilaría explosivos sobre el polvorín étnico y político que incendiaría Europa en la Primera Guerra Mundial. Efectivamente, el Congreso de Berlín otorgó la administración de Bosnia-Herzegovina a Austrohungría. La invasión (1878) y posterior ocupación (1879) del territorio colocó al imperio en una difícil situación frente al amenazante paneslavismo de Serbia y Rusia, naciones que se sintieron engañadas y frustradas por este Congreso.

En 1879, el imperio se unió a Alemania en una alianza que luego incluyó también a Italia, llamada la Triple Alianza. Entretanto, la Liga de los Tres Emperadores (Rusia-Alemania-Austrohungría) fue revocada, lo que condujo al acuerdo contra natura entre la autocrática y reaccionaria Rusia y la republicana Francia ( Doble Alianza del 17 de agosto de 1894).

Una de las peores crisis anteriores a la Gran Guerra llegó cuando Francisco José tomó la determinación de anexionarse Bosnia-Herzegovina, el 6 de octubre de 1908, tal y como le autorizaba el artículo 25 del Tratado de Berlín (13 de julio de 1878). Si bien se pretendía detener la cada vez mayor violencia de los separatistas serbios, en realidad, la anexión no hizo más que azuzarlos contra el Imperio, y muy bien pudo haberse iniciado la Gran Guerra en ese momento.

Serbia, indignada ante esta actuación, que ponía fin a sus aspiraciones nacionalistas de la Gran Serbia, movilizó sus tropas. Rusia, sintiéndose engañada por Austria en lo referente a sus aspiraciones de dominar el Bósforo y los Dardanelos, apoyó a Serbia. Los ingleses convocaron una conferencia internacional, que Austria rechazó por temor a resultar vencida. Italia, por su parte, suscribió un acuerdo secreto con Rusia ( Tratado de Racconigi) para mantener el statu quo en los Balcanes. Alemania mantiene su «fidelidad nibelunga» (sic) hacia Austria, aunque contiene a Hötzendorf, en sus intentos de declarar la guerra a Serbia, a la vez que convence a los rusos para que se echen atrás. Con ello triunfó la política alemana, que haría frente común con Austria, su único aliado seguro.

Austria-Hungría participó también, aunque su contribución fue menor, en la Alianza de las Ocho Naciones para derrotar al Levantamiento de los bóxers en China durante el año 1900.

Durante las guerras de los Balcanes, los responsables de la política exterior austrohúngara se negaron en redondo a permitir la expansión serbia en el Adriático, rechazo que recibió el apoyo de sus aliados de la Triple Alianza. Esto hizo evidente el deterioro de las relaciones entre el imperio y el Reino de Serbia.

La Gran Guerra

Postal de la victoria de las potencias centrales sobre Serbia en 1915.
Tropas austrohúngaras en 1916.

La Primera Guerra Mundial surgió, entre otras causas, como consecuencia de la inestabilidad interna del Imperio austrohúngaro. La constante tirantez entre el poder central y las minorías separatistas (checos, serbios, italianos y rumanos) llevó a un conflicto multinacional en el seno del Imperio, que no podía menos que ser aprovechado por sus enemigos exteriores. El odio de los separatistas serbios por la anexión de Bosnia-Herzegovina llevó al asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria (sobrino de Francisco José I y heredero imperial) y su esposa, Sofía Chotek, en Sarajevo el 28 de junio de 1914 a manos del joven estudiante nacionalista serbio Gavrilo Princip, miembro de un grupo nacionalista conocido como la Mano Negra, que actuaba impunemente desde Serbia con financiación rusa.

Decidido a dar una lección a Serbia, el gobierno austríaco envió un ultimátum perentorio, que fue rechazado. Austria declaró la guerra el 28 de julio. Como Austria-Hungría se había aliado con Alemania e Italia en la Triple Alianza, Francisco José debió apoyarse en el káiser Guillermo, el cual era partidario de castigar a Serbia, pero no creía que Rusia se involucrara en una guerra a favor de unos regicidas. Con el conflicto con Serbia ya planeado, lo único que debían hacer Austria-Hungría y su aliada era apaciguar a los rusos e impedir la escalada del conflicto. Sin embargo, contra lo esperado, Rusia decidió inmediatamente enviar tropas para defender a los serbios, y a pesar de los intentos de apaciguamiento realizados tanto por el emperador Guillermo como por el zar Nicolás, se decretó la movilización general, sin que Francia, deseosa de resarcirse de la humillación de 1871 hiciera nada para calmar los ánimos. Alemania, temerosa de perder la guerra, ya inevitable, si no tomaba la iniciativa, exigió la cesación inmediata de la movilización y al no recibir respuesta declaró la guerra a Rusia (1 de agosto) y su aliada Francia (3 de agosto), invadiendo a la neutral Bélgica para caer por sorpresa en la retaguardia francesa ( Plan Schlieffen). Gran Bretaña, decidida a impedir la hegemonía alemana en Europa y obligada a defender a Bélgica, declaró la guerra a Alemania (4 de agosto). La Gran Guerra Europea había estallado.

El 28 de julio de 1914, los austro-húngaros iniciaron las hostilidades con el intento de invasión de Serbia, que acabó con la conquista de Serbia y Montenegro a fines de 1915. En el frente oriental Austria-Hungría, en cambio, no pudo repeler la invasión de Galitzia. En junio de 1916 tiene éxito una ofensiva rusa, dirigida por el general Alexéi Alexéievich Brusílov, que se interna en las líneas austrohúngaras. Regimientos enteros se pasaron a las filas rusas, demostrando la fragilidad del Imperio austrohúngaro.

En 1915, Italia se une a los Aliados y ataca a Austria. Sin embargo, una larga serie de ofensivas sobre el río Isonzo fracasa. En 1917, son los austro-húngaros, reforzados por tropas alemanas, los que baten duramente a los italianos en Caporetto. Este desastre casi saca a Italia de la guerra, pero el frente se estabiliza sobre el río Piave.

Emperador Carlos I , el ultimo reinante de los Habsburgo.

El 21 de noviembre de 1916, muere el emperador Francisco José I a mitad de la guerra. Le sucede su sobrino nieto, un nieto de su hermano el archiduque Carlos Luis. En concreto el primogénito de Otto, Carlos I de Austria y IV de Hungría. Carlos fue el último monarca Habsburgo. Desde este momento, el nuevo emperador trató de sacar al Imperio austrohúngaro de la guerra europea. La razón principal que le llevó a ello fue la situación económica del país, que no paraba de empeorar, con una alta inflación, descontento masivo entre los campesinos por las requisiciones de guerra, y fuerte rechazo de los sindicatos obreros a la militarización de la industria. Al desvanecerse a fines de 1916 la posibilidad de que Rusia pudiera invadir Austria-Hungría se hizo evidente que Alemania era la fuerza dominante de los imperios centrales en lo político y lo militar, provocando una nueva causa de descontento entre la población eslava de Austria-Hungría. El propio emperador deseaba la paz por la convicción personal de que la sangría humana del conflicto podría continuar durante mucho tiempo más.

En abril de 1917 los Estados Unidos le declararon la guerra a los imperios centrales, lo que le dio a la contienda el carácter mundial. No obstante, sus efectos no se sentirían sino hasta 1918. Es el principio del fin para los Imperios Centrales. En los Balcanes, las tropas francesas atacan las líneas búlgaras en Macedonia. Después de pocos días de lucha, Bulgaria comprende que no puede hacerles frente y pide el armisticio. El Imperio otomano está al límite de sus fuerzas y no puede contener a los británicos que han tomado ya Jerusalén y Bagdad y avanzan hacia Anatolia. Franceses y británicos ocupan el Oriente Próximo e Irak y el Imperio otomano también se rinde.

El duelo entre italianos y austríacos está asimismo por resolverse. El general Díaz se ve presionado por su Gobierno, que necesita de una victoria en el frente alpino para poder negociar. Los italianos derrotan a Austria-Hungría en Vittorio Veneto. Este hecho se suma al descalabro del ejército imperial en los Balcanes, y la monarquía de los Habsburgo se hunde.

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