Imperio aqueménida

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Aqueménidas
Imperio persa

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550 a. C.- 331 a. C.

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Emblemas de Persia

Bandera

Ubicación de
Máxima extensión del Imperio aqueménida durante el reinado de Darío I, hacia el 500 a. C.
Capital Persépolis, Susa, Pasargada y Ecbatana
Idioma principal En las inscripciones reales se prefería el persa antiguo, el acadio aqueménida y el elamita. Para la administración, el arameo y el elamita.
Religión Zoroastrismo
Gobierno monarquía
Historia
 • Establecido 550 a. C.

El Imperio aqueménida o Imperio persa, es el nombre dado al primer y más extenso imperio de los persas,[1]

El Imperio debe su nombre a la dinastía que lo gobernó durante unos dos siglos, los aqueménidas, fundada por un personaje semilegendario, Aquemenes.[1] En la historia de Occidente, el Imperio aqueménida es conocido sobre todo por su condición de rival de los antiguos griegos, especialmente en dos períodos, las Guerras Médicas y las campañas del macedonio Alejandro Magno.

Fuentes

Las fuentes para el estudio del Imperio aqueménida son especialmente problemáticas, no tanto por su escasez como por ser a menudo contradictorias entre sí. Asimismo, no todas las regiones ni las épocas están documentadas por igual: en el aspecto cronológico, la mayor parte de la documentación se refiere al siglo V a. C., en tanto que de la época anterior a la conquista de Alejandro hay mucha menos información; en el aspecto geográfico, es mucho más abundante la información referente a las regiones occidentales del Imperio, más cercanas a las ciudades griegas, que a su parte oriental.[2]

Fuentes literarias

Antes de que se iniciasen las excavaciones arqueológicas, la historia aqueménida se conocía únicamente a través de los escritos de autores clásicos ( griegos y, en menor medida, romanos), y de la Biblia. Entre los autores clásicos destaca particularmente el historiador griego Heródoto, que escribió en el siglo V a. C., y cuyo propósito principal es exaltar los éxitos de los griegos durante las Guerras Médicas. Su obra es útil para conocer el primer período de la historia aqueménida, especialmente en lo que se refiere a su frontera noroccidental. Durante el siglo IV a. C. aportan también información sobre el Imperio aqueménida las obras de Ctesias y de Jenofonte. Todos los autores griegos, sin embargo, coinciden en lo esencial de su visión del Imperio aqueménida: por un lado, admiran su riqueza y su poder, pero por otro consideran su sistema político corrupto y decadente, y presentan al monarca como una figura débil, víctima de las maquinaciones de las mujeres y los eunucos de la corte.[2]

En la Biblia, en los libros de Esdras y de Nehemías, los persas aparecen como restauradores del Templo de Jerusalén y defensores del culto a Yahvé: la imagen que de ellos se muestra es muy positiva, ya que acabaron con la cautividad de Babilonia. No obstante, en el Libro de Ester, muy probablemente escrito en época helenística, la imagen que se da de los persas es muy similar a la que puede encontrarse en las obras de autores griegos.

Fuentes epigráficas

La Inscripción del Harén, de Jerjes I. Se trata de una inscripción bilingüe en persa (izquierda) y babilonio (derecha).

En época aqueménida, el persa antiguo, antecesor del actual idioma persa hablado en Irán, se escribía en una variedad de escritura cuneiforme que solo comenzó a ser descifrada a comienzos del siglo XIX, gracias sobre todo a los esfuerzos de Henry Rawlinson y a su trabajo con la Inscripción de Behistún, que hace un relato pormenorizado de las circunstancias en que Darío I accedió al poder. Actualmente, se conocen numerosas inscripciones en antiguo persa, pero, con una sola excepción recientemente identificada,[3] estas se restringen al ámbito de las declaraciones de la realeza, expresiones de su poder e ideología. Son fuentes de información útiles para conocer la actividad constructora de los reyes, y la imagen que estos tenían de sí mismos, pero no suelen proporcionar información sobre otros ámbitos (la única de carácter narrativo es la de Behistún).

Junto con las inscripciones reales, son también una importante fuente de información los textos en arameo y en egipcio demótico hallados en Egipto,[5]

Fuentes arqueológicas

Las excavaciones son todavía muy incompletas. Las principales son los grandes centros reales, Pasargada, Persépolis y Susa, así como tumbas rupestres como las de Naqsh-e Rostam. Las excavaciones se han visto dificultadas porque algunos sitios, como por ejemplo, Arbela y Ecbatana, están actualmente cubiertos por grandes ciudades modernas ( Erbil y Hamadán, respectivamente). Otro factor negativo es el tradicionalmente escaso interés de los arqueólogos por el período en cuestión, lo que llevó a que los niveles de ocupación de época aqueménida hayan sido pobremente documentados.[6]

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