Ilsa, la tigresa de Siberia

Ilsa, la tigresa de Siberia es la última película de la saga llamada Ilsa.[2]

Inspirada en hechos reales

Como en el caso de la primera entrega la Tigresa de Siberia se ambienta en Siberia, al final de la época de Stalin, en concreto en 1953.

Ilsa es la sádica y viciosa directora del Gulag 14 en el cual se reeduca a los presos al tiempo que se los atemoriza por el día y por la noche se entrega a lascivas relaciones con sus subordinados.

En el gulag los evadidos son perseguidos y asesinados al instante o llevados al recinto alambrado y allí rematados o entregados a su tigresa. Además se tortura a los presos con técnicas de reeducación, como aplicar descargas eléctricas cuando responden erróneamente.

Pese a que las torturas tratan de ser espeluznantes, lo cierto es que resultan poco aterradoras y dan la impresión de quedarse bastante más atrás de lo que debían de ser las técnicas de lavado de cerebro soviéticas, incluso décadas después, cuando la situación no era tan horrible según denuncias de organizaciones como Amnistía Internacional.[3]

Al igual que en las entregas anteriores, en la Tigresa de Siberia también aparece una escena lésbica entre dos subalternas del gulag, es más explícita que las anteriores, pero las protagonistas realizan un papel mucho menor que las viudas negras [nota 3]

Si es cierto que las condiciones en los gulag eran terribles y acabaron con la vida de millones de presos.

Los devaneos en el gulag terminan cuando llega la noticia de la muerte de Stalin con la entrada de un desconocido Nikita Jrushchov como Secretario General del PCUS en la URSS, lo que obliga a Ilsa y a los suyos a matar a todos los prisioneros, incendiar el campo y huir del país por miedo a las represalias. Aunque en la realidad hubo cambios de políticos y restituciones de algunos dirigentes encarcelados caprichosamente por el dictador, esos sucesos fueron más propios de los países del Pacto de Varsovia que de la propia URSS.[4]

De ahí la película da un salto de 23 años hasta los Juegos Olímpicos de Montreal en 1976, donde Ilsa regenta una cadena de hoteles y burdeles de lujo y, por casualidades de la vida, se encuentra al prisionero más resistente de todos los que tuvo bajo su dominio.