Ignacio de Veintemilla

Ignacio de Veintimilla
Ecuador-veintemilla.jpg

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11° Presidente Constitucional de la República del Ecuador
8 de septiembre de 1876- 14 de enero de 1883
Predecesor Antonio Borrero
Sucesor Gobiernos de La Restauración

Información personal
Nacimiento 31 de julio de 1828
Quito, Bandera de la Gran Colombia
Fallecimiento 19 de julio de 1908
Quito, Flag of Ecuador.svg  Ecuador
Nacionalidad Ecuatoriana y colombiana Ver y modificar los datos en Wikidata
Religión Católico
Información profesional
Ocupación Militar
Tratamiento Jefe supremo y capitán general de los Ejércitos de la República
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Ignacio de Veintimilla y Villacís, militar y político ecuatoriano nacido en Quito el 31 de julio de 1828. Fue hijo de Ignacio de Veintemilla Espinosa, abogado y secretario de la Universidad Central de Quito y de Josefa Villacís, descendiente de José Javier de Ascázubi y Matheus, prócer del 10 de agosto de 1809. Sus padres fueron ambos quiteños. Fue el tercero de una familia de medianos recursos compuesta de siete hermanos. Heredando un carácter insignemente aventurero, tanto él como varios de sus hermanos se distinguieron por su bohemia vida.

Biografía

Fue bautizado en Quito con los nombres de Mario Ignacio Francisco Tomás Antonio. En 1835 su padre lo mandó al afamado Colegio Vicente León de Latacunga, considerado el mejor de la república, pero tuvo que sacarlo porque a duras penas quiso aprender a leer y escribir. Posteriormente asistió una corta temporada al colegio San Fernando de Quito pero se truncaron sus estudios cuando el presidente Vicente Rocafuerte clausuró dicho establecimiento. De allí en adelante llevó una vida ociosa hasta que entró al cuartel y aprendió a jugar y a beber, costumbres que jamás abandonaría. Pese a su escasa educación, fue hábil como nocheriego. La naturaleza la había compensado con una fina apostura.

Ignacio de Veintimilla fue alto, delgado, rubicundo, y tenía los ojos garzos; era además garboso y tenía prestancia natural [ cita requerida]. No había chica en los contornos de la capital que se le resistiera. Así, su buena voz para cantar serenos a la más guapas de Quito y varios amigotes le dieron prontamente una justa fama de gran bohemio. Sus costumbres fueron objeto de burla por sus contemporáneos, en especial Juan Montalvo, quien las retrató en su obra Las Catilinarias y las afeó para la posteridad al llamarlo "el presidente de los siete vicios".

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