Iglesia de San Francisco (Quito)

Iglesia y Convento de San Francisco
UNESCO logo.svg Patrimonio de la Humanidad de la Unesco
Iglesia de San Francisco, Quito, Ecuador, 2015-07-22, DD 154.JPG
Iglesia y plaza de San Francisco.
Coordenadas0°13′13″S 78°30′56″O / 0°13′13″S 78°30′56″O / -78.51555556
PaísEcuadorFlag of Ecuador.svg Ecuador
TipoCultural
Criteriosii, iv
N.° identificación2
RegiónLatinoamérica y Caribe
Año de inscripción1978 (II sesión)

Es un edificio católico que se yergue en medio del centro histórico de la ciudad de Quito, frente a la plaza del mismo nombre. La imponente estructura ostenta el privilegio de ser el conjunto arquitectónico de mayor dimensión dentro de los centros históricos de toda América,[2]​ San Francisco es, además, una joya de la arquitectura continental por su amalgama de diferentes estilos armoniosamente combinados a lo largo de sus más de 150 años de construcción.

Sobre sus tres hectáreas y media de superficie se han construido trece claustros (seis de ellos de gran magnitud), tres templos, un gran Atrio; en suma, aproximadamente cuarenta mil metros cuadrados de edificación. Allí se desarrollan múltiples actividades en la actualidad: las conventuales y religiosas, de atención pública en las áreas de salud, de comunicación, educativas y otras de corte popular que mantienen vivo al edificio.[3]

San Francisco atesora entre sus paredes más de 3.500 obras de arte colonial, de múltiples manifestaciones artísticas y variadas técnicas, especialmente aquellas correspondientes a la famosa Escuela Quiteña de arte, que nació precisamente en este lugar. Completa esta riqueza cultural la magnífica biblioteca franciscana, descrita en el siglo XVII como la mejor del Virreinato del Perú.[3]

Al conjunto le precede una gran plaza homónima, asentada en el escenario urbano más representativo de la ciudad: durante años la abasteció de agua de su fuente central; ha funcionado como mercado popular, como espacio de concentraciones militares y políticas, y como lugar de encuentro y recreación sociales. Se debe mencionar además un elemento arquitectónico destacado: la magnífica escalera cóncavo-convexa que comunica la plaza con el Atrio, en el que resalta la bella fachada manierista-barroca del templo mayor, origen de distintas soluciones de arquitectura americanas.[3]

Historia

Iglesia de San Francisco, meses antes del terremoto de 1868 que haría venir sus torres abajo.
Iglesia y Plaza de San Francisco en un día de mercado de domingo (1870).
Iglesia y Plaza de San Francisco, con la plaza ajardinada al estilo francés (1920).
Jardín del Claustro Principal del Convento.
Iglesia de San Francisco en la noche.

En el Quito prehispánico los actuales terrenos de la Iglesia y Convento de San Francisco fueron ocupados por el palacio real del Inca Huayna Cápac, ante el avance de los ejércitos comandados por los españoles desde el sur y la imposibilidad de defender la ciudad el general indígena Rumiñahui dispuso la destrucción total de la misma. En el incendio de la ciudad el palacio fue destruido y sepultado bajo una enorme cantidad de escombros y basura. Uno de los soldados de Rumiñahui fue el bisabuelo del indígena Cantuña, el cual como testigo ocular de los sucesos tenía pleno conocimiento de lo que se hallaba enterrado en el lugar. La construcción de la iglesia y convento de San Francisco inició alrededor del año 1537, apenas tres años después de la fundación española de la ciudad, con la terminación de un templo provisional que se mantuvo hasta 1550, cuando se inició la construcción del edificio actual y que fue culminado hacia 1680. Aunque el edificio fue oficialmente inaugurado en el año 1705.

Los terrenos

Con el apoyo de la congregación franciscana europea, los clérigos belgas fray Jodoco Ricke y fray Pedro Gosseal, quienes llegaron a la ciudad dos años después de su fundación, lograron adquirir unos terrenos al costado suroeste de la Plaza Mayor, en el mismo lugar donde un día estuvieron los asientos militares de los jefes de las tropas imperiales: Calicuchima y Quisquís. Es decir, el lugar tenía un enorme significado histórico y estratégico para el pueblo indígena que los franciscanos deseaban evangelizar.[5]

El Cabildo de recién creada villa de San Francisco de Quito, en virtud del ordenamiento físico de la ciudad, en principio señaló a los franciscanos un área de terreno que equivalía a dos manzanas, cada una de 220 pies de longitud. Sin embargo en 1538, tras adjudicaciones sucesivas del mismo Cabildo, alcanzó una superficie de más de tres hectáreas. En 1533, sus límites, tanto al norte como al sur, coincidían con los de la Plaza de San Francisco, con lo que el solar quedaba frente con frente a la Plaza, sin excederse a ninguno de sus costados (hacia el occidente debió llegar hasta el actual coristado).[6]

Cuando en 1537 fray Jodoco Ricke solicitó al Cabildo la entrega, por un lado, de unas tierras para los indios yanaconas que servían al Convento y, por otro lado, un pedazo más de tierra para éste, que se deduce que iba desde el coristado hasta la actual calle Imbabura. En 1538 el solar se extendió hacia el norte; es decir, desde el Claustro Principal hasta las actuales dependencias de la Policía; en esta ocasión, fray Pedro Gosseal solicitó a los «señores del Cabildo le hagan merced de un pedazo de tierra para huerta para metello (por meterlo) en la casa de san francisco porque haze un giron la tierra e porque vaya derecho». Una calle de oriente a occidente, que conservaba el ritmo de la cuadrícula de damero y prolongación de la actual calle Sucre, dividía el Convento de la huerta; esta calle debió haberse cerrado definitivamente a mediados del siglo XVII, a propósito de la construcción de los dos Claustros contiguos al Principal.[6]

Construcción

«Con todo lo que he invertido en su iglesia, y en las torres que sobresalen en la ciudad, debería verlas desde aquí» fue la primera expresión de Carlos V, Rey de España, para hablar del conjunto monacal y clerical de San Francisco que estaba financiando en la novel villa de Quito, en tierras del Nuevo Mundo. Inmediatamente después, en tono muy orgulloso, declaró aquella célebre frase de que en sus imperios jamás se ponía el sol.[7]

Primera etapa

Esta etapa comprende un período de quince años: entre 1535, con la construcción de la iglesia y residencia provisional de los religiosos, y mediados de la década de 1650, con la construcción de la casi docena de claustros adyacentes al principal. Este es considerado el periodo constructivo más importante del complejo.[8]

Se desconoce quiénes levantaron los planos originales del complejo, aunque la hipótesis más aceptada es que fueron enviados desde España, basados en el estudio topográfico de Ricke y Gosseal. Puede también suponerse perfectamente que vinieron de España arquitectos para la construcción del monasterio franciscano, arquitectos que conociendo prácticamente el terreno, supieron aprovechar de su inclinación, para el trazo y ejecución de aquella admirable grada y hermoso pretil, sobre el cual, se ostenta la artística y severa fachada de la iglesia. Aunque también hay quienes apoyan la teoría de que fueron Ricke y Gosseal quienes hicieron todo el trabajo desde el inicio al final.

Sin embargo se conserva el nombre de fray Antonio Rodríguez, natural de Quito, y gran arquitecto que floreció a mediados del siglo XVII, como autor que fue de una gran parte del convento y de otra joya de la arquitectura colonial quiteña: el templo de Santa Clara. Se conserva también, entre los papeles del archivo del convento, una memoria manuscrita de 1632 en la que se habla de Jorge de la Cruz y su hijo Francisco, que trabajaron en la construcción del templo durante la primera época, es decir, la de fray Jodoco Ricke; por cuyos servicios éste les dio, de acuerdo con el cabildo, unos terrenos de las canteras para arriba hacia el Pichincha. En dicha Memoria se especifican algunas de las obras que aquellos obreros trabajaron: «(...) por paga de la hechura de esta iglesia y capilla mayor y coro de San Francisco, porque el convento no tiene con qué pagarles se les da posesión legal de los terrenos sobre las canteras y hacia la montaña del Pichincha(...)».[9]

Segunda etapa

Corresponde a la ornamentación interna y complementación arquitectónica menor, y abarca el período comprendido entre 1651 y 1755. Durante estos años el auge y consolidación de la Orden se reflejó en el aumento de los bienes artísticos del Convento máximo. Su esplendor, sin embargo, se vio seriamente afectado a consecuencia del terremoto de 1755 que, entre otras cosas, destruyó el artesonado mudéjar de la nave principal de la iglesia.[10]

Reconstrucciones y adecuaciones

Tanto el templo como las capillas y los varios claustros del Convento sufrieron varios cambios a partir de mediados del siglo XVIII, sobre todo por los varios terremotos que debió enfrentar (el más fuerte en 1868, cuando se cayeron las altas torres originales). Estas etapas podrían estar consideradas dentro del proceso constructivo.

Tercera etapa

Esta corresponde a un período de reconstrucción arquitectónica que se dio entre los años 1756 y 1809. A pesar de la secularización de las doctrinas, que provocó una considerable disminución de los fondos de la Provincia de Quito, los franciscanos dedicaron un enorme esfuerzo a la reconstrucción de las dependencias conventuales. A propósito de esto se produjo una redefinición estética del interior de la iglesia, al colocar en la nave principal un artesonado de factura barroca que no atentó contra la armonía estética de todo el conjunto.[10]

Cuarta etapa

Esta etapa corresponde a la crisis institucional de la Orden franciscana y la consecuente extirpación de espacios que sufrió el Convento entre 1810 y 1894. Una profunda crisis de valores atravesó la Orden durante estos años; los franciscanos se vieron forzados a ceder grandes áreas del Convento máximo, lo que provocó la desestructuración funcional de estas. Sin embargo, en las áreas que se mantuvieron bajo su control persisten las formas tradicionales de organización.[10]

Etapa moderna

A partir del año 1895 y hasta 1960 se produce un nuevo uso de espacios y llega la modernidad al conjunto. Pese a que San Francisco ha conservado casi inalterablemente su estructura física, en esta etapa ocurrieron cambios vinculados a la aplicación y uso de nuevas técnicas y materiales de construcción al momento de las intervenciones. Debido a la modernización de la infraestructura urbana de la ciudad, las instalaciones conventuales se beneficiaron de los servicios de luz eléctrica, agua potable, alcantarillado y teléfono.[10]

Por otro lado, con la instalación de nuevas dependencias (museo, imprenta, teatro, radio, establecimiento privado de educación) se produjo una readecuación funcional de su estructura espacial que, paulatinamente, se fue haciendo más pública.[10]

Vista de la Iglesia de San Francisco desde la plaza.