Iconografía

Fresco del ábside de San Clemente de Tahull, del Maestro de Tahull (ca. 1123). El Pantocrator o Cristo en Majestad aparece bendiciendo, con un libro (que muestra el texto EGO SVM LVX MVNDI), flanqueado por el alfa y el omega, rodeado por una mandorla y el Tetramorfos (los símbolos de los cuatro evangelistas). Los personajes del plano inferior están identificados tanto por sus símbolos iconográficos como por cartelas con sus nombres.
Díptico de Melun, de Jean Fouquet (ca. 1450). El tema, una Virgen con el Niño rodeados por ángeles, se identifica con el motivo de la Galaktotrophousa o "Virgen de la leche", que se populariza en los últimos siglos de la Edad Media (en general, todas las representaciones marianas se extienden con el culto mariano a partir del siglo XII, en el final del Románico y en el Gótico). A partir del Concilio de Trento se procuró evitar este tipo de representaciones en favor de otras más acordes con las orientaciones conciliares.
Alegoría del triunfo de Venus, de Bronzino, ca. 1540. En una compleja iconografía, aparecen también representados Cupido y Saturno, así como la manzana de Discordia -premio otorgado por Paris en su juicio-, los celos, el engaño, el olvido...
La tempestad, de Giorgione (1508), es uno de los enigmas iconográficos más estudiados de la historia de la pintura, y que no se ha llegado a determinar.
Los embajadores, de Holbein, cuya compleja iconografía todavía es objeto de debate. Incluye una calavera en anamorfosis junto con otros elementos de lectura simbólica ( relojes, un globo celeste, libros, instrumentos musicales, etc.)
El sueño del caballero, Antonio de Pereda (1655). Está considerada como una de las más complejas y ricas Vanitas.[1]
La Vérité, de Jules Joseph Lefebvre (1870). Veritas o la verdad desnuda es un motivo iconográfico de origen clásico que suele representarse con un espejo y saliendo de un pozo.
Gerechtigkeit (" justicia"), de Lucas Cranach el Viejo (1537). Este esquivo principio abstracto, cuyos atributos ( balanza, espada, ojos vendados) simbolizan sus distintas facetas, se encarna en una multiplicidad de divinidades grecorromanas y en una virtud teologal cristiana.

La iconografía es la descripción del tema o asunto representado en las imágenes artísticas, así como de su simbología y los atributos que identifican a los personajes representados. El término está construido por las raíces griegas εἰκών (eikón, imagen) y γράφειν (grapheïn, escribir). Aunque el DRAE recoge la existencia de la palabra latina iconographĭa proveniente de la griega εἰκονογραφία, tales términos no podían tener el sentido con el que se usa por la bibliografía actual, sino otro, similar pero no idéntico: Descripción de imágenes, retratos, cuadros, estatuas o monumentos, y especialmente de los antiguos. Tratado descriptivo, o colección de imágenes o retratos.[2]

Los matices de su diferencia conceptual con la iconología son poco precisos; y en realidad se complementan. La iconografía se ocupa del origen y desarrollo de los temas figurados que se representan en las obras de arte, mientras que la iconología descifra su significado.[3]

La iconografía es la ciencia que estudia el origen y la formación de las imágenes, las relaciones de las mismas con lo alegórico y lo simbólico, así como sus respectivas identificaciones por medio de los atributos que casi siempre las acompañan. Como parte de la historiografía del arte, nació en el siglo XIX, pero se desarrolló en las décadas centrales del siglo XX, vinculada estrechamente al Instituto Warburg de Londres, bajo la dirección del historiador y crítico de arte Erwin Panofsky (Studies in Iconology -"Estudios sobre iconología"-, 1939). Definía "iconografía" como "la rama de la Historia del Arte que se ocupa del contenido temático o significado de las obras de arte en cuanto algo distinto de su forma"; y estableció un "método iconológico" para ello, en tres pasos: "descripción preiconográfica" (únicamente sensorial), "análisis iconográfico" (identificación de las imágenes, historias y alegorías contenidas en la obra, pero de forma meramente descriptiva, no interpretativa) y "análisis iconológico" (donde se desarrolla la interpretación en función del contexto histórico, cultural y social -"dilucidar la significación intrínseca o contenido, que se aprehende investigando aquellos principios subyacentes que ponen de relieve la mentalidad básica de una nación, de una época, de una clase social, de una creencia religiosa o filosófica, matizada por una personalidad y condensada en una obra"-).[4]

A partir de entonces aparecieron numerosas monografías, enciclopedias y diccionarios de iconografía. Entre los iconógrafos españoles está el historiador del arte Santiago Sebastián.

Los tres grandes campos de la iconografía son la mitología clásica, la mitología cristiana (ambos, en principio inspiradores de arte religioso) y las representaciones seculares.

La pintura secular se hizo común a partir del Renacimiento, y desarrolló sus propias tradiciones y convenciones iconográficas en la pintura de historia, que incluía los temas mitológicos (desprendidos del valor religioso que tuvieron en la Antigüedad clásica, y que, aunque teóricamente revivían la iconografía grecorromana, lo hacían con sus propias convenciones y propósitos) la pintura de género e incluso la pintura de paisajes. En época aún más reciente, la fotografía, el cine, el cartelismo y el comic desarrollaron iconografías propias. En cuanto a cada artista individual, muchos de ellos desarrollaron iconografías tan peculiares que quizá sólo hayan sido accesibles a ellos mismos ( El Bosco, Fussli, William Blake, Goya, Gaugin, Picasso, Marc Chagall, Frida Kahlo, Joseph Beuys).

La iconografía de la cultura popular ha sido objeto de la atención de la semiótica, la antropología, la sociología, los estudios culturales y los estudios sobre los medios de comunicación ( Media Studies). Tales análisis han afectado a la forma en que la propia historiografía del arte entiende la iconografía, especialmente por el concepto semiótico de signo.[6]

Iconografía grecorromana o clásica

Los Dioses

Los dioses de la religión griega antigua fueron integrados al panteón romano mediante la asimilación a los dioses tradicionales con los que compartían características comunes, manteniéndose sus nombres latinos y sus nombres griegos.

Los llamados dioses olímpicos fueron muy representados por las artes figurativas, especialmente los de la denominada tríada capitolina. El arte clásico, la cerámica griega y los mosaicos romanos fueron vehículos destacados para la narrativa visual de sus mitos, mientras que la estatuaria fue empleada de forma particular para el culto.

Zeus o Júpiter

A Zeus- Júpiter, rey de los dioses, que preside el Olimpo, se le representa como un adulto barbado (como sus hermanos Poseidón- Neptuno y Hades- Plutón, con los que se repartió el mundo). En su aspecto de Jove tonante se le representa lanzando el rayo, su principal arma, que le forjó Hefesto. Como arma defensiva, le forjó la égida con la cabeza de Medusa ( aunque también forma parte del armamento de otros dioses guerreros -especialmente Ares y Atenea-).

Su insaciable lujuria le hizo buscar todo tipo de amantes entre los mortales, y para conseguirlos se transformaba en todo tipo de animales o incluso objetos (toro - Europa-, cisne - Leda-, águila - Ganímedes-, lluvia de oro - Danae-). La principal fuente para los artistas de época moderna fueron Las metamorfosis de Ovidio.

Hera o Juno

A Hera- Juno, reina de los dioses y símbolo del matrimonio y del gobierno del hogar, se la representa como una matrona,[8] También se consagraron a Juno el halcón y el ganso, apareciendo en algunas de sus estatuas. No se sacrificaban vacas a Juno (porque durante la gigantomaquia se ocultó en Egipto transformada en este animal), sino una oveja joven o un cerdo. También se le ofrendaban el díctamo, la amapola, la granada. Sus sacerdotisas eran particularmente respetadas. En las representaciones alegóricas de los cuatro elementos, Juno representa al aire. El episodio en el que amamanta a Heracles, hijo extramatrimonial de su marido, y un chorro de leche se pierde en el cielo, es el origen mítico de la Vía Láctea.

Atenea o Minerva

Atenea- Minerva, la diosa virgen ( Atenea Partenos), también llamada Palas, nacida de la cabeza de Zeus ya armada como un hoplita (con casco, escudo y lanza), tiene como símbolo la lechuza. Otorgó a los atenienses, para obtener su patronazgo, el olivo (surgido de su lanza, en competencia con Poseidón, de cuyo tridente surgió el caballo).

Afrodita o Venus

Afrodita- Venus, la diosa de la belleza y el amor, nació la espuma del mar (en el episodio en que Cronos- Saturno -el tiempo- cortó los testículos de su padre Urano -el cielo-) y sobre la concha de una venera llegó a las costas de Chipre. Fue la vencedora del juicio de Paris, llevándose la manzana dorada de Discordia que también pretendían Juno y Atenea (para lo que tuvieron que desnudarse -en el trance de desnudarse o vestirse se la representa muy a menudo-). Zeus la casó con el más feo de los dioses ( Hefaistos- Vulcano, al que debía la forja de sus rayos), pero tuvo amores ilícitos con Ares- Marte (la guerra) de los que nació Eros- Cupido. Entre sus atributos están muchos animales (la cabra, la tortuga, la liebre, el delfín, y especialmente aves -la paloma, la golondrina, el cisne, el gorrión-), las flores, árboles y frutos (especialmente la manzana, la rosa, el mirto, el orégano, el espárrago -en general los olorosos o de forma peculiar, a los que se atribuyen virtudes afrodisíacas, también se le consagraban bosques y jardines-), el lapislázuli, el ceñidor (o cinturón de Afrodita) y el espejo. Se distingue su aspecto de Afrodita Urania ("celestial" o espiritual, que representaba el amor puro -de cuerpo y alma-, para la que no se usaban las libaciones de vino) del de Afrodita Pandemos (la "de todos", que representaba el amor carnal, lujurioso).[9] Esa dicotomía se reinterpretó en la civilización cristiana ( Amor sacro y amor profano -significativamente, desnuda en el sacro y vestida en el profano-). Comparte muchas características y atributos de otras diosas del ámbito mediterráneo (todas ellas identificadas con el planeta Venus), como Astarté- Ishtar.

Poseidón o Neptuno

Poseidón- Neptuno tiene como atributo el tridente (instrumento de pesca que usa para remover el mar -tempestades- o la tierra -terremotos-) y el caballo (los que tiraban de su carro cabalgaban sobre el mar o en las profundidades (donde vive en su palacio submarino), por lo que se les representa como hipocampos -mitad caballo, mitad pez- o incluso como caballito de mar). También está asociado a cualquier animal marino (como los delfines) y a algunos terrestres, como los toros.

Hades o Plutón

A Hades- Plutón, el soberano de los muertos del inframundo, se le representa muy a menudo entronizado, o en un carro de caballos negros y riendas doradas, junto a la diosa que raptó para convertir en su esposa: Perséfone- Proserpina. La relación de ésta con su madre, Deméter- Ceres; y mitos paralelos de descenso a los infiernos ( Nekyia), como el de Orfeo y Eurídice, son también muy reflejados en el arte y la literatura, pues ilustran el tópico de lo invencible del amor. Hades es habitualmente representado con el rostro oscurecido o velado (el " casco de Hades" que le hace invisible), con una cornucopia o con corona de oro, un cetro o una lanza de dos puntas. Un atributo suyo es la llave, como símbolo de su custodia del mundo de los muertos, del que no permite a nadie volver.

Ares o Marte

Ares- Marte, dios de la guerra, fue poco representado en Grecia (asociado a perros y buitres, a la antorcha y a las armas) y más en Roma (donde su atributo era el casco encrestado). Su arma principal es la lanza (su asociado sabino era Quirino -de quiris, "lanza"-).

Apolo o Febo

Apolo- Febo, el dios luminoso de la profecía, las artes y la salud (aunque sus flechas causan la peste), es representado como un joven en la plenitud de su vigor, pero imberbe. Los kuroi arcaicos son representaciones indistinguibles de Apolo o un vencedor de los juegos olímpicos. Su cabeza se rodea de un nimbo que simboliza al sol, y como atributos lleva la lira o cítara (de la que era consumado intérprete -competencia con el flautista Marsias-) y el laurel (planta en la que se convirtió su amada Dafne). Se asocia a las musas. Identificado con Helios, es también el dios del sol, y su carro tirado por caballos alados representa su trayectoria por el cielo.

Dionisos o Baco

Dionisos- Baco, el dios del vino, es representado como un joven andrógino, indolente y entregado a los placeres (en muy raras ocasiones -como el Dionisos pseudo-Sardanápalo- se representa con barba). Se le asocia a la vid y la hiedra (que adornan su tirso -un cetro o bastón fálico rematado por una piña-), y a animales como la pantera o leopardo (que tiraba de su carro), la serpiente y el toro. Se le asocia a las divinidades menores de los bosques, como los sátiros y las ninfas. Su kántharos no podía ser vaciado por más que se bebiera de él. En la interpretación moderna de los dos extremos que caracterizan a la cultura clásica, Dionisos es el reverso de Apolo (lo dionisíaco frente a lo apolíneo). En Roma terminó por asociarse también a Liber, dios plebeyo. Al asociarse a ritos de muerte y la resurrección, aparece a menudo en los sarcófagos.

Hermes o Mercurio

Hermes- Mercurio, dios de los viajeros, comerciantes y ladrones (categorías poco diferenciadas en la Antigüedad), tiene como símbolos iconográficos el caduceo (vara en la que se enroscan dos serpientes), el petasos (sombrero de viaje) y talaria (sandalias aladas).

Artemisa o Diana

Artemisa- Diana, diosa de la caza y los bosques ( Potnia Theron -"señora de las bestias"-), armada con arco y flechas, suele representarse ataviada con un vestido corto y botas y acompañada de perros. Se asociaba a la virginidad, a los partos y a las enfermedades femeninas. Se le consagraban el ciervo y el ciprés. Se identificaba también con Cibeles (una diosa madre procedente de Frigia) y con Selene (la diosa lunar -por lo que se la representaba con una corona en forma de creciente lunar-).

Los héroes

Los héroes o semidioses (como Teseo, Perseo, Jasón y los argonautas, Edipo), así como los epónimos (los héroes fundadores de poleis o linajes) y los legendarios protagonistas del ciclo troyano ( Aquiles, Héctor, Odiseo-Ulises) son muy representados en el arte grecorromano. Cada uno es reconocible por sus características físicas o por su relación con sus adversarios ( Minotauro, Gorgona, Esfinge, Cíclope), sus aliados o su vinculación a determinados objetos ( Pegaso, Ariadna y el ovillo, Medea y el vellocino de oro).

Uno de los más representados es Hércules (o Heracles), como un hombre barbado de excepcional fuerza física, armado con clava y cubierto con la piel del león de Nemea. Aparte de él, los héroes griegos, portadores de los valores de la civilización frente a la barbarie y de la cultura frente a la naturaleza, suelen ir afeitados, frente a sus barbados adversarios (por ejemplo, en enfrentamiento entre lapitas y centauros).

Personalización de principios abstractos

La Biblioteca de Celso en Éfeso.

Además de la atribución a los dioses de determinadas fuerzas de la naturaleza o actividades humanas, ciertos principios morales se divinizan en la mitología grecorromana. Aletheia- Veritas (la verdad) es una doncella desnuda, en el fondo de un pozo, que tiene como símbolo un espejo. Themis- Iustitia (la justicia), cegada por una banda que le tapa los ojos, tiene como atributos la espada y la balanza (aunque esta convención no se fijara hasta época romana, por superposición de los atributos de distintas personalizaciones del destino, la suerte y la venganza).[17] refiere una interpretación gnóstica de su genealogía: serían hijas de un ángel y de Audathia (la audacia), como sus hermanas Kakia (la maldad), Erinnys (la furia) y Epithymia (la lujuria). Hijas de Themis son las Horas, entre las que están Irene (la paz), Dice (otra encarnación de la justicia) y Eunomia (el buen orden). Entre otros grupos estaban las Moiras- Parcas, las Cárites-Gracias, las Musas y un interminable número de abstracciones divinizadas. Algunas eran masculinas, como Nomos, que encarnaba la ley y al que se consideraba emanación del propio Zeus. Al séquito de Zeus pertenecían otro grupo de hermanos alados: Niké- Victoria (que corona con laurel al vencedor), Bía (la violencia), Cratos (la fuerza) y Zelo (el fervor o la rivalidad -sus atributos, el látigo y la lámpara-).

En la Biblioteca de Celso en Éfeso (ca. 135) se representó un conjunto iconográfico de cuatro figuras femeninas: Sofía (la sabiduría), Areté (la virtud - Virtus en latín-), Ennoia (la inteligencia) y Episteme (la ciencia o conocimiento - Scientia en latín-). Otro principio personalizado y muy caro a la cultura clásica era Sofrosina- Sobrietas (la moderación, identificada también con Harmonía- Concordia o con Frónesis- Prudentia, y opuesta al principal de los vicios para la cultura griega: Hybris - desmesura, soberbia-). Ícaro era un ejemplo de hybris, mientras que su padre Dédalo lo era de frónesis: no se debe volar muy alto ni muy bajo, sino en el espacio intermedio ( Aurea mediocritas). Por su parte, Eris- Discordia representa el principio opuesto a Harmonía-Concordia. Protagonizó con su manzana el banquete de la boda de Peleo y Tetis a la que no fue invitada, desencadenando una secuencia de hechos trascendentales en la concepción griega del mundo y el hombre (sucesivamente el juicio de Paris, al rapto de Helena y a la guerra de Troya).

La cristianización de las virtudes clásicas produjo un doble conjunto de virtudes cristianas: las cuatro cardinales ( Fortaleza - Fortitudo-, Justicia - Iustitia-, Prudencia - Prudentia- y Templanza - Temperantia- ) y las tres teologales ( Fe - Fides-, Esperanza - Spes- y Caridad - Caritas-).

La pintura mitológica en el arte de la Edad Moderna

El resurgimiento de los textos clásicos, la mayor libertad que la pintura mitológica daba a los artistas sobre las convenciones de la pintura religiosa, así como la fácil excusa para la representación del desnudo (con buena demanda en el naciente mercado de arte), explican su popularidad a partir del Renacimiento. El clasicismo terminó vinculando la mitología, sus fuentes literarias y sus modelos artísticos, al aprendizaje del oficio de pintor y a las nuevas convenciones del academicismo.[18]

La pintura mitológica en el arte de la Edad Contemporánea

Desde Goya a Picasso, la mitología grecorromana siguió siendo una fuente de inspiración para los artistas.

Tikhvinskaya o Theotokos de Tikhvin, un ejemplo de Hodegetria (uno de los tipos de Virgen con el Niño).
Icono rumano moderno con el tema de la Natividad. En el ángulo inferior izquierdo está José en conversación con el anciano.
Tríptico de Merode, de Robert Campin (1425-1428). Muestra una iconografía altamente compleja, que aún es objeto de debate. La actitud de San José, que parece hacer una trampa de ratones, podría reflejar la idea de San Agustín por la cual la Encarnación de Cristo es una "trampa" que atrapa al alma del hombre.
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