Humanismo secular

Uno de los logos (no oficial) utilizados por el humanismo secular o laico, en versión oro y blanco.

El humanismo secular (o también llamado en algunos países humanismo laico) es un sistema que ha sido usado en los últimos treinta años para describir la realidad humana que consta de una ética propia junto con la interpretación racional de los fenómenos naturales.

Basado en el método científico, la ética, y el naturalismo filosófico, descarta dogma religioso, sobrenaturalismo, pseudociencia, y superstición como las bases para la moralidad y la toma de decisiones.[2]

Fundamentos y origen

El humanismo secular como sistema filosófico organizado es relativamente nuevo, mas sus fundamentos pueden ser encontrados en las ideas de los filósofos griegos clásicos como los estoicos y los epicúreos, en el confucionismo chino y en el movimiento lokaiata encabezado por Chárvaka en la India clásica. Estas posiciones filosóficas buscaban las soluciones de los problemas humanos en los seres humanos en lugar de en los dioses.

Estas ideas fueron censuradas por la Iglesia Católica durante la Edad Media y reaparecieron en la época del Renacimiento (siglos del XIV al XVII). Durante la Ilustración del siglo XVIII, con el desarrollo de la ciencia, los filósofos comenzaron a criticar la autoridad de las religiones y a engranar lo que hoy se conoce con el nombre de "librepensamiento". Voltaire, Diderot y David Hume, entre muchos otros, son representantes de esta corriente. El humanismo secular se adhiere a la consigna de la Revolución Francesa: liberté, egalité, fraternité (libertad, igualdad, fraternidad).[2]

El Manifiesto humanista

En el siglo XIX los aportes de intelectuales como Mark Twain, Robert G. Ingersoll y Friedrich Nietzsche, entre otros, contribuyeron a fortalecer la idea de crear un sistema de creencias éticas y morales ajenas a la metafísica. El siglo XX vio fortalecida esa tendencia y para 1933 se redactó el primer Manifiesto humanista, avalado por 34 humanistas estadounidenses (entre ellos, el filósofo John Dewey), que reflexionaba sobre los retos de aquella época, recomendando, en primer lugar, una forma de humanismo religioso no teísta como alternativa a las religiones de la época, y, en segundo lugar, una planificación nacional de índole económica y social.[3]

El Manifiesto humanista II

Fue publicado en 1973 para afrontar las cuestiones que habían emergido en la escena mundial desde entonces: el auge del fascismo y su derrota en la Segunda Guerra Mundial, el crecimiento de la influencia y poder del marxismo-leninismo y del maoísmo, la amenaza del capitalismo y la Guerra Fría, la recuperación económica posbélica de Europa y América, la descolonización de amplias áreas del mundo, la creación de las Naciones Unidas, la revolución sexual, el desarrollo de los movimientos de mujeres, la demanda de las minorías de la igualdad de derechos, y la emergencia del poder estudiantil en los campus. Fue suscrito por muchos líderes del pensamiento y de la acción a lo largo y ancho del mundo: Andrei Sakharov (notorio disidente soviético), Julian Huxley (primer Presidente de la Unesco), Sidney Hook, Betty Friedan, Gunnar Myrdal, Jacques Monod, Francis Crick, Margaret Knigth, James Farmer, Allan Guttmacher, Paul Kurtz, Ritchie Calder y Philip Randolph, entre otros.[4]

Una declaración humanista secular

Fue publicada en 1980[5]​ porque el humanismo y, en particular, el Manifiesto humanista II, había sido sometido a duros ataques por parte de los fundamentalismos religiosos y de las fuerzas políticas de la derecha en Estados Unidos. Muchas de esas críticas sostenían que el humanismo secular era una religión. En consecuencia, la enseñanza del humanismo secular en las escuelas, argüían, violaba el principio de separación entre Iglesia y Estado y establecía una nueva religión.

La declaración respondía que el humanismo secular expresaba un conjunto de valores morales y un punto de vista filosófico y científico no teísta que no podían hacerse equivalentes con una fe religiosa. La enseñanza del punto de vista del humanismo secular en modo alguno violaba el principio de separación. Al contrario, defendía la idea democrática de que el Estado secular debería ser neutral, sin ponerse ni a favor ni en contra de la religión.

La Declaración de Interdependencia

En 1988, la Academia Internacional de Humanismo ofreció todavía un cuarto documento, una Declaración de Interdependencia, haciendo un llamamiento a favor de una nueva ética global y de la construcción de una comunidad mundial, que era cada vez más necesaria a la vista de las nuevas instituciones globales que se estaban desarrollando con rapidez.[6]

El Manifiesto humanista 2000

Esa misma institución publicó el Manifiesto humanista 2000, el más reciente documento al respecto y que hace una llamada a renovar el pensamiento de la humanidad de cara a enfrentar los retos y problemas del nuevo siglo.

Other Languages