Huelga general en España de 1917

La Huelga general en España de 1917 o huelga general revolucionaria de 1917, en España, se refiere a la huelga general, -considerada por su carácter una huelga general revolucionaria- que tuvo lugar en España el mes de agosto de 1917. Fue convocada por la UGT ( socialista) y el Partido Socialista Obrero Español, y en algunos lugares fue apoyada por la CNT ( anarcosindicalista). La huelga general tuvo lugar en el contexto histórico de la Crisis de 1917, durante la monarquía de Alfonso XIII de España y el gobierno de Eduardo Dato.

Antecedentes: el impacto de la Primera Guerra Mundial en España

El contexto internacional y la crisis española de 1917

Eduardo Dato, presidente del gobierno cuando se produjo la huelga general

La crisis española de 1917 coincidió con una coyuntura internacional especialmente crítica en ese mismo año, posiblemente uno de los más cruciales en toda la Historia. En cambio, la historiografía mundial no suele emplear el nombre de crisis para este periodo, reservándolo para algunas cuestiones puntuales relacionadas con la Primera Guerra Mundial como la crisis de reclutamiento en Canadá[2] Hay que recordar que España en la Primera Guerra Mundial se mantuvo neutral durante todo el conflicto.

La crisis española de 1917 hace referencia al conjunto de sucesos que tuvieron lugar en el verano de 1917, y en concreto a los tres desafíos simultáneos que hicieron peligrar al gobierno del conservador Eduardo Dato e incluso al mismo sistema de la restauración borbónica en España: un movimiento militar protagonizado por las Juntas de Defensa; un movimiento político concretado en la Asamblea de Parlamentarios celebrada en Barcelona y convocada por la Lliga Regionalista; y un movimiento social que culminó con la huelga general revolucionaria de 1917.

El acercamiento entre UGT y CNT: la huelga general de diciembre de 1916 y el manifiesto de marzo de 1917

La anarcosindicalista Confederación Nacional del Trabajo desde Barcelona -donde tenía su sede por tratarse de la capital económica de España,[3]

Un proceso similar experimentó la socialista Unión General de Trabajadores, de implantación más reducida que la CNT -sus núcleos fundamentales de apoyo se encontraban en Madrid y País Vasco, mientras que los bastiones cenetistas eran Cataluña y Andalucía-, que en su XII Congreso celebrado en mayo de 1916 aprobó una resolución en favor de la convocatoria de una huelga general de protesta, en principio limitada a un día de duración. Así fue como comenzaron los contactos con la CNT que en su Asamblea de Valencia del mismo mes no sólo había aprobado la huelga general sino la colaboración con los socialistas. El resultado fue el histórico "Pacto de Zaragoza" firmado en 17 de julio de 1916 por ambas organizaciones del que surgió un comité conjunto integrado por Ángel Pestaña y Salvador Seguí por la CNT, y por Francisco Largo Caballero, Julián Besteiro y Vicente Barrio por la UGT que organizaría la huelga de protesta. El gobierno del conde de Romanones ordenó la detención de los firmantes del Pacto. Finalmente el 26 de noviembre CNT y UGT convocaron una huelga general de veinticuatro horas para el 18 de diciembre.[4]

El socialista Julián Besteiro en 1915

La huelga no sólo fue un completo éxito sino que además "contó con el apoyo de las clases medias y una simpatía generalizada en el país".[6]

Toda España sabe que los trabajadores conscientes llevan más de dos años reclamando medidas que atenuasen algo la irresistible situación creada por el encarecimiento de los artículos de primera necesidad y la crisis de trabajo. No ha habido más que palabras y palabras.

Tras el éxito de la huelga de diciembre de 1916 y la nula respuesta del Gobierno, las dos organizaciones obreras acordaron promover la huelga indefinida, lo que hicieron público en un Manifiesto conjunto del 27 de marzo de 1917. La respuesta del gobierno del liberal conde de Romanones fue suspender las garantías constitucionales y encarcelar a los firmantes del manifiesto que pudo encontrar, que permanecieron detenidos una semana.[8]

Con el fin de obligar a las clases dominantes a aquellos cambios fundamentales de sistema que garanticen al pueblo el mínimo de condiciones decorosas de vida y de desarrollo de sus actividades emancipadoras, se impone que el proletariado español emplee la huelga general, sin plazo definido de terminación, como el arma más poderosa que posee para reivindicar sus derechos.

Así pues, la nueva huelga general, esta vez indefinida, iba a tener un carácter revolucionario pues su objetivo ya no se limitaba a que el gobierno tomara medidas para paliar la crisis de subsistencias y la "crisis de trabajo", sino que perseguía «una transformación completa de la estructura política y económica del país», según explicaba Largo Caballero en un artículo publicado el 5 de mayo en El Liberal de Bilbao.[10]

Según algunas fuentes no contrastadas, se habló de la constitución de un gobierno provisional, que hubiera tenido a la figura más moderada de Melquiades Álvarez como presidente y a Pablo Iglesias de ministro de Trabajo. Y por otro lado, la difusión de la convocatoria de huelga incluyó alguna ambigüedad, pues si en un principio se hablaba de una huelga "revolucionaria", en comunicaciones posteriores se insistía en su carácter "pacífico". Sobre todo desde la UGT se intentó conscientemente evitar las huelgas parciales, sectoriales y locales.

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