Homosexualidad en Francia

Derechos LGBT
Francia
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Francia en Europa
Homosexualidad
Es legal Sí
Desde 1791 (plenamente legal desde 1982)
Edad de consentimiento sexual
Heterosexual y homosexual igual Sí
Protección legal contra la discriminación
Laboral Sí
Bienes y servicios Sí
En todos los aspectos Sí
Protección legal de pareja
Acceso igualitario a la unión civil Sí
Matrimonio entre personas del mismo sexo Sí
Derechos reproductivos y de adopción
Acceso igualitario a la adopción Sí
Derecho de adopción conjunta Sí
Acceso igualitario a técnicas de reproducción asistida No
Acceso igualitario a gestación subrogada No
Derechos de género
Cambio de sexo legal Sí
Cambio de sexo en documentación Sí
Otros derechos
Servicio militar Sí
Donación de sangre Sí/ No (con condiciones)
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Este artículo trata sobre los derechos de la comunidad homosexual en Francia así como de su historia y situación actual.

Historia

Es un hecho discutido si el objeto magdaleniense (de hace unos 13.000 años a.C.) en forma de L, del tipo de los llamados « bastones de mando», encontrado en Gorge d'Enfer, es un consolador de doble falo pensado para ser empleado por dos mujeres. Existen también representaciones gráficas del Paleolítico de las que se discute si retratan relaciones homosexuales, como un coito anal entre dos hombres en La Marche o dos mujeres con las piernas entrelazadas, en la postura conocida como la tijera (de hace unos 27.000 años).[1] Serían los primeros indicios de homosexualidad en lo que hoy es el territorio francés.

Antigüedad

Los celtas

El Gálata moribundo, una copia romana en mármol de un trabajo helenístico de finales del siglo III a.C., en el Museo Capitolino, Roma

A la llegada de los griegos a lo que actualmente es territorio francés, se encontraron con los celtas, cuyas noticias son transmitidas de la pluma de Posidonio de Apamea, que escribió hacia la primera mitad del siglo I a. de C. Posidonio realizó extensos viajes por el mundo mediterráneo, visitando también las naciones vecinas, sobre todo las de Masalia, actualmente Marsella, una polis colonial griega en la época. Entre los vecinos de Masalia, en el sur de Galia, vivían pueblos celtas, por lo que Posidonio puede considerarse como un «testigo presencial».[2] Su descripción del extendido erotismo entre hombres de los celtas no se ha conservado en su forma original; sin embargo, los recuentos sobre el tema incluidos en las compilaciones del historiógrafo Diodoro Sículo, así como en el retórico Ateneo de Náucratis (hacia el año 190), se remontan posiblemente a Posidonio. Hacia mediados del siglo I a. de C., Diodoro afirma lo siguiente sobre la vida sexual de los celtas de Galia:

Aunque tienen mujeres muy hermosas, se ocupaban poco de ellas. [...] Los hombres son mucho más aficionados a su propio sexo; acostados sobre pieles, se divierten con un amante a cada lado. Lo más extraordinario es que no tienen el menor recato ni dignidad; se ofrecen a otros hombres sin la menor compunción. Además, este comportamiento no es despreciado o considerado vergonzoso: al contrario, si uno de ellos es rechazado por otro al que se ha ofrecido, se ofende.

Diodoro[3]

Diodoro se refiere a que los celtas, en la forma que tenían de entender la sexualidad entre hombres, se desviaban de la «norma» griega y romana: la información de Diodoro lleva implícita que, al contrario de lo que ocurría en Roma y Grecia, que consideraban despreciable que los hombres libres tomaran el papel pasivo en una relación sexual, los celtas aceptaban el hecho sin problemas, lo que implica que la sociedad celta aceptaba las relaciones homosexuales entre hombres adultos libres.[4]

El relato de Diodoro es confirmado a finales del siglo II por Ateneo de Náucratis, que comenta que los hombres celtas, a pesar de que entre su pueblo hay muchas mujeres hermosas, prefieren a jóvenes en sus juegos eróticos y que es habitual que duerman con dos amantes sobre pieles. Además, habrían adoptado esta costumbre de los griegos.[6]

Los griegos

Fresco de una tumba de Paestum, una colonia Griega. Muestra una escena de un simposio.

Según cuentan las crónicas de Tucídides,[nota 1] hacia el 600 a. C., si bien las circunstancias y la fecha precisa de la fundación de esta colonia siguen siendo imprecisas. El desarrollo posterior de Massalia, que alcanzaría un importante número de habitantes y la categoría de polis ( ciudad estado), la convirtieron en un puerto de referencia griego en Europa occidental.

La forma socialmente aceptable de homosexualidad en la Antigua Grecia era la pederastía, que consistía en la relación amorosa entre un adulto libre a menudo de clase alta, el erastés, y un adolescente entre 12 y 17 años o a veces algo mayor, el eromenos. La relación servía como iniciación como adulto para el eromenos; el erastes era responsable de la educación como ciudadano de su pupilo y la relación acababa habitualmente con la aparición del primer vello, el anthos, momento en el que dejaba de ser atractivo para el erastes. Existían algunas excepciones, era el caso de los philoboupais, en los que el eromenos seguía manteniendo el interés del erastes. El eromenos, después de hacerse adulto, pasaba a convertirse a su vez en erastes. Esta actividad como erastes no impedía tener una esposa e hijos, o tener relaciones con las hetairai, pero el amor romántico, tal como se entiende hoy, estaba reservado a las relaciones entre hombres.[8]

La actitud de los griegos frente a la sexualidad estaba definida por tres puntos básicos: la distinción primordial era entre activos, ho poion, y pasivos, ho paschon, no entre homo y heterosexuales; las actitudes cambiaban según la clase social; y los únicos que tenían derecho a seguir su placer sexual fuera del matrimonio eran los hombres. En general, las mujeres y los niños eran considerados inferiores y los hombres afeminados eran tratados con desprecio y burla, como demuestran las obras de teatro de Aristófanes. Existe poca información sobre la actitud frente al lesbianismo, pero, gracias a las noticias que existen sobre la vida de Safo, se cree que podía haber existido una institución similar a la pederastia masculina para las mujeres.[8]

Los romanos

Estatua colosal de Antínoo, amante del emperador Adriano. Aquí representado como Dioniso- Osiris. Obra romana en mármol, conservada en Roma, en el Museo Pio-Clementino.

En la sexualidad romana era más importante el estatus que la persona, que su sexo. Así, los hombres podían penetrar a jóvenes esclavos, eunucos, prostitutos de la misma forma que a sus esposas, esclavas, concubinas o prostitutas. En cambio, ningún ciudadano de reputación tendría sexo con otro ciudadano, ni dejaría que otro hombre lo penetrara, independientemente de la edad o el estatus.[10] En general, en Roma dominaba una forma de pederastia muy similar a la practicada por los griegos.

El lesbianismo también era conocido,[11] tanto en su forma sáfica, es decir, entre mujeres femeninas que compartían el sexo con adolescentes —una especie de pederastia femenina—, como el tribadismo, en el que mujeres de aspecto varonil desempeñaban actividades masculinas, incluyendo la lucha, la caza y la relación con mujeres.

La llegada del cristianismo

La moralidad romana ya había cambiado hacia el siglo IV, en el que Amiano Marcelino critica amargamente las costumbres sexuales de los taifali, una tribu bárbara situada entre los Cárpatos y el Mar Negro, que praticaba la pederastia de estilo griego.[13]

Se han dado tres razones para este cambio de actitud. Procopio de Cesarea, historiador de la corte de Justiniano, consideró que tras las leyes había motivos políticos, ya que permitieron a Justiniano eliminar a enemigos políticos, quedarse con sus propiedades y no tuvieron mucha eficacia eliminando la homosexualidad entre la gente corriente.[12]

Hasta el año 313 no hubo una doctrina común en el cristianismo sobre la homosexualidad,[12] pero anteriormente San Pablo ya había criticado la homosexualidad como contra natura:

Y del mismo modo también los hombres, dejando el uso natural de las mujeres, se encendieron en sus concupiscencias los unos con los otros, cometiendo cosas nefandas hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la recompensa que convino a su extravío.

Poco a poco los Padres de la Iglesia fueron creando un cuerpo literario en el que se condenaba la homosexualidad y el sexo en general en los términos más enérgicos, luchando contra una práctica común en la sociedad de la época, incluyendo la primitiva Iglesia.[12]

Edad Media

Durante el siglo VI se extendió la amistad romántica en el reino merovingio, haciéndose habituales la dedicación de poemas eróticos entre intelectuales, en imitación a Horacio, Cátulo o Ovidio. Así, el obispo de Poitiers, Venancio Fortunato, que se encontraba en el centro de una red de cultas amistades y que envió, por ejemplo, tiernas cartas al obispo de París, Ragnemond, su «Rucco», al canciller Faramundo o al obispo de Colonia, Carentius, al que llamaba carus y dulcis. Este proceso se intensificó durante el Renacimiento carolingio, de forma que incluso el mismo emperador Carlomagno participaba en esta red de amistades, bajo e seudónimo de « David».[15]

Los reyes francos no introdujeron leyes específicas en contra de la sodomía, pero aplicaban las leyes romanas, aunque no de forma consistente.[20]

Hasta época reciente se creía que el lesbianismo había sido ignorado por las leyes civiles medievales. Estudios más modernos tienden a desmentir el hecho, a pesar de que todavía es necesaria mucha más investigación. La primera ley civil que condenaba el lesbianismo fue el código de Orléans, el Li Livres de jostice et de plet (1260):[21]

Feme qui le fet doit à chescune foiz perdre membre, et la tierce doit estre arsse.
Mujer que lo hace debe perder cada vez un miembro[nota 3] y a la tercera deber ser quemada.

Li Livres de jostice et de plet (1260)
Dos hombres tirándose de las barbas. Canecillo medieval procedente de la abadía La Sauve-Majeure (Francia), actualmente en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Las barbas partidas, al estilo sirio / copto / irlandés, eran características de los perfectos cátaros y tirarse de la barba se convirtió en algunos casos en una representación de la masturbación.[22]

Durante el siglo IX, la época del segundo florecimiento de la amistad romántica carolingia, « Benedictus Levita», un seudónimo, creó unos falsos capitularios carolingios que acabaron formando parte las Decretales pseudoisidorianas, una falsificación y una de las más importantes fuentes del derecho canónico medieval. El diácono Benedictus amplió las leyes de Justiniano que ya recomendaban la tortura y las penas más duras, para incluir la pérdida de bienes.[25]

Esta nueva teología coincide con la persecución de los cátaros, a los que a menudo se les acusaba de sodomía y herejía, confundiendo ambos conceptos.[29]

Inicios de la Edad Moderna

Caricatura de Enrique III de Francia (1551-1589), en el frontispicio de libro Les Hermaphrodites (1605) de Thomas Artus.
Ie ne ſuis masle ny femelle
Et ſi ie ſuis bien en ceruelle
Lequel des deux ie doibs choiſir
Mais qu’importe à qui on reſſamble
Il vault mieux les avoir enſemble
On en reçoit double plaiſir.

[No soy macho ni hembra
Y si yo estuviese bien de la cabeza
Cual de los dos debo elegir
Pero qué importa a quien uno se parece
Más vale tener ambos juntos
Se recibe el doble de placer.
]

Durante el Renacimiento, la actitud frente a la homosexualidad va desde el amor platónico entre hombres y las obras de arte que celebran la belleza del cuerpo masculino, hasta la persecución, la tortura, la humillación pública y el ajusticiamiento de los sodomitas, a veces incluso en la misma ciudad.[31]

Se ha discutido mucho sobre la homosexualidad de Enrique III, brevemente rey de Polonia y rey Francia, y sus « miñones», un grupo de jóvenes consejeros sobre los que corrían todo tipo de rumores en la corte. La mayoría de los historiadores modernos consideran que las acusaciones son en su mayoría infundadas, basadas en los gustos refinados del rey, educado por su madre como un príncipe renacentista italiano, en una sociedad embrutecida por las guerras religiosas. Una forma de guerra propagandística de católicos radicales, protestantes y nobles que veían disminuir su poder, que además acusaba al rey de tiranía, agnosticismo, ateísmo, brujería, traición, comportamiento animalístico monstruoso y el asesinato de niños.[33]

En Francia son conocidas las persecuciones del tribunal inquisitorial de Montaillou y de la ciudad de Pamiers; otras ciudades importantes como Aviñón y París todavía no han sido estudiadas con detalle.[36]

También existen unos pocos casos documentados de persecución de lesbianas. Se conoce un caso de 1533 en Burdeos, en el que ambas mujeres fueron absueltas; otro de una mujer de Fontaines que se travistió de hombre para casarse con otra mujer y que finalmente fue ejecutada en la hoguera hacia 1535 por «perversión la cual usó para falsificar el oficio de marido». Un caso transmitido por Montaigne en 1580, deja entrever una pequeña comunidad rural lesbiana en Chaumont-en-Bassigni: siete u ocho muchachas decidieron vivir sus vidas como hombres; una de ellas, se casó en Montier-en-Der con otra mujer y mantuvo un matrimonio feliz cuatro o cinco meses, hasta ser reconocida por alguien de Chaumont; condenada por usar instrumentos ilícitos para el sexo, la culpada prefirió la horca a volver a su rol de mujer.[37]

Desde la Ilustración

Antes de la revolución francesa los tribunales eclesiásticos consideraban la homosexualidad un delito severamente castigado. Jean Diot y Bruno Lenoir fueron los últimos homosexuales ejecutados en la hoguera en enero de 1750.[38]

La revolución francesa abolió los tribunales eclesiásticos el código penal de 1791 y los delitos que la ilustración consideraba imaginarios como la homosexualidad o la brujería. Esta despenalización, que fue la primera de un Estado actual, se mantuvo en el código penal introducido por Napoléon en 1810, no incluyendo las prácticas homosexuales entre adultos en privado, al considerar sólo delitos las conductas que perjudicaran a un tercero. Este punto de vista fue imitado posteriormente en los códigos penales de un gran número de países. A pesar de ello, la homosexualidad siguió siendo considerada inmoral por gran parte de la sociedad y los homosexuales siguieron siendo acosados mediante leyes de orden público y moral.

Durante la ocupación alemana en la segunda guerra mundial los homosexuales fueron perseguidos por los nazis e internados en campos de concentración con la colaboración del régimen de Vichy que elaboró listas rosas.

En el código penal del 28 de abril de 1832 se había introducido la edad de consentimiento sexual fijándose en 11 años para ambos sexos y se subió a 13 en 1863. El 6 de agosto de 1942 el gobierno de Vichy introdujo una discriminación en el artículo 334 (movido al artículo 331 en 8 febrero de 1945 por el gobierno provisional de la república francesa) en la que se incrementaba la edad de consentimiento para los homosexuales a 21 años, mientras que se establecía en 15 para los heterosexuales. Esta ley permaneció en vigor hasta el 4 de agosto de 1982.

Una ley discriminatoria menos conocida, la ordenanza n°60-1245 del 25 de noviembre 1960, doblaba la pena en caso de que la exhibición indecente fuera por una práctica homosexual, y estuvo vigente 20 años (código penal, artículo 330). Esta ley también fue conocida como enmienda Mirguet por el propositor de la enmienda.[39]

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