Homenaje a Cataluña

Homenaje a Cataluña
de  George Orwell Ver y modificar los datos en Wikidata
Género Guerra y autobiografía Ver y modificar los datos en Wikidata
Tema(s) Guerra Civil Española Ver y modificar los datos en Wikidata
Idioma Inglés Ver y modificar los datos en Wikidata
Título original Homage to Catalonia
Editorial
  • Harvill Secker Ver y modificar los datos en Wikidata
País Reino Unido
Fecha de publicación 25 de abril de 1938 Ver y modificar los datos en Wikidata
ISBN 978-2-264-03038-2 y 978-0-15-642117-1 Ver y modificar los datos en Wikidata
OCLC 301601230 y 318380989 Ver y modificar los datos en Wikidata
Serie
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Homenaje a Cataluña (en inglés Homage to Catalonia) es el relato personal de George Orwell sobre su experiencia durante la Guerra Civil española, escrito en primera persona. La primera edición fue publicada en 1938. Orwell sirvió tanto como soldado raso como oficial en partes de Cataluña y Aragón desde diciembre de 1936 hasta junio de 1937, cuando tras los sucesos de mayo de 1937, el partido político en el que se encontraba (el POUM, un partido comunista antiestalinista dirigido por Andreu Nin) fue declarado organización ilegal y se vio forzado a huir o enfrentarse al encarcelamiento.

Argumento

Orwell estuvo como miliciano del POUM en Cataluña desde el 26 de diciembre de 1936 hasta el 23 de junio de 1937, durante la Guerra Civil, y muestra la represión de la que fueron objeto los militantes del POUM por parte de los sectores estalinistas del gobierno republicano.

En ella, Orwell narra su llegada a una Barcelona que bulle en los últimos días de 1936 en la revolución libertaria, expresando su admiración por la misma en largos párrafos de su texto, con el fin de integrarse a una unidad combatiente del POUM y evitar integrarse como miliciano en las Brigadas Internacionales (con cuyo liderazgo mayormente comunista no simpatizaba Orwell).

Pese a mantenerse como un marxista revolucionario dentro del POUM, Orwell no oculta su admiración sobre la forma en que los anarquistas de Barcelona controlan los espacios públicos de una ciudad tan vasta, y cómo la administran siguiendo sus principios libertarios, modificando costumbres cotidianas y hábitos de vida entre la población civil, para establecer incluso en esos ámbitos el anarquismo. Luego Orwell narra su vida en el frente desde enero ( Alcubierre) a mayo de 1937, siendo que el 20 de mayo es herido en el frente de Aragón por un fusilero franquista y es enviado de vuelta a Barcelona.

En ese momento Orwell dice estar muy molesto al notar cómo la situación de los anarquistas se va degradando progresivamente, hasta regresar al statu quo de una Barcelona dominada por el autoritarismo estalinista del Partido Comunista, y donde los principios libertarios de 1936 han sido suprimidos. Enterado de la persecución del POUM tras los Sucesos de mayo de 1937, persecución que el autor considera ampliada contra trotskistas y anarquistas, y en general contra cualquier atisbo de crítica, Orwell dice temer por su vida y abandona España en el mes de junio, no sin pena.

Había viajado a España con el proyecto de escribir artículos periodísticos, pero ingresé en la milicia casi de inmediato, porque en esa época y en esa atmósfera parecía ser la única actitud concebible. Los anarquistas seguían manteniendo el control virtual de Cataluña, y la revolución estaba aún en pleno apogeo. A quien se encontrara allí desde el comienzo probablemente le parecería, incluso en diciembre o en enero, que el período revolucionario estaba tocando a su fin; pero viniendo directamente de Inglaterra, el aspecto de Barcelona resultaba sorprendente e irresistible. Por primera vez en mi vida, me encontraba en una ciudad donde la clase trabajadora llevaba las riendas. Casi todos los edificios, cualquiera que fuera su tamaño, estaban en manos de los trabajadores y cubiertos con banderas rojas o con la bandera roja y negra de los anarquistas; las paredes ostentaban la hoz y el martillo y las iniciales de los partidos revolucionarios; casi todos los templos habían sido destruidos y sus imágenes, quemadas. Por todas partes, cuadrillas de obreros se dedicaban sistemáticamente a demoler iglesias. En toda tienda y en todo café se veían letreros que proclamaban su nueva condición de servicios socializados; hasta los limpiabotas habían sido colectivizados y sus cajas estaban pintadas de rojo y negro. Camareros y dependientes miraban al cliente cara a cara y lo trataban como a un igual. Las formas serviles e incluso ceremoniosas del lenguaje habían desaparecido. Nadie decía señor, o don y tampoco usted; todos se trataban de «camarada» y «tú», y decían ¡salud! en lugar de buenos días.

George Orwell, Homenaje a Cataluña
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