Historia del republicanismo español

Bandera de la II República Española, utilizada desde hace más de un siglo por el movimiento republicano español.

En España ha existido una persistente corriente de pensamiento republicana a lo largo de los siglos XIX, XX y XXI, que sin embargo han cristalizado solamente en dos cortos periodos de la historia que suman menos de 10 años de la historia española. Estos periodos en los que la República fue la forma de gobierno del Estado español fueron la Primera República Española, entre el 11 de febrero de 1873 y el 29 de diciembre de 1874; y la Segunda República Española, entre el 14 de abril de 1931 y el 1 de abril de 1939.

En la actualidad, pese a que España es desde las Leyes Fundamentales del Reino del franquismo una monarquía, que se convirtió en monarquía parlamentaria con la Constitución de 1978, aceptada por la oposición al franquismo, tradicionalmente republicana (fundamentalmente el Partido Comunista de España -PCE- y el Partido Socialista Obrero Español -PSOE-), el republicanismo siguió existiendo. Algunas encuestas indican que incluso presenta un crecimiento entre la opinión pública del país.[1] Los partidos políticos con mayor representación que han reincorporado en los últimos años la reivindicación "republicana" son la coalición de partidos Izquierda Unida, cuyo mayor miembro es el PCE,(Iniciativa per Catalunya Verds)-(ICV) y (Esquerra Republicana de Catalunya)

Del nacimiento del liberalismo a la caída de Isabel II

La promulgación de la Constitución de 1812, obra de Salvador Viniegra ( Museo de las Cortes de Cádiz).

La Guerra de la Independencia y el reinado de Fernando VII

Los orígenes del republicanismo en España deben buscarse en el liberalismo, cuyo origen en España se produjo tras la Revolución francesa ( 1789- 1799) y cuyas primeras manifestaciones deben buscarse en la Guerra de la Independencia española ( 1808- 1814), durante la cual las tropas napoleónicas francesas ocuparon el país, instalando en el trono español a José I Bonaparte, hermano del Emperador francés.

Rafael de Riego.

Durante la guerra, los liberales españoles, miembros de la aristocracia y la burguesía incipiente, se dividieron entre los dos bandos: los llamados " afrancesados" apoyaron al nuevo rey, José I, en tanto que los llamados "patriotas" guardaron fidelidad a Fernando VII, el anterior rey Borbón. Fueron estos últimos los que elaboraron la Constitución española de 1812 en Cádiz, monárquica pero liberal. Sin embargo, con el triunfo en la guerra de los partidarios de Fernando VII, el absolutismo retornó a España y se inició la persecución de los liberales.

En 1820, el pronunciamiento del general Rafael de Riego en Las Cabezas de San Juan, obligó a Fernando VII a aceptar la Constitución de 1812, comenzando así el Trienio Liberal. Aunque la institución monárquica no se cuestionara, la desafección de los liberales frente a la persona del rey era evidente, como demuestra la difusión del Trágala (una canción satírica convertida en lema). Las conspiraciones y tratos del rey con las demás monarquías de la Restauración Europea obtendrían sus frutos, al reinstaurar la monarquía absoluta en España un ejército francés que penetró en el país en 1823, los llamados " Cien mil hijos de San Luis". Comenzó entonces la Década Ominosa, de persecución sin tregua a los liberales.

Precisamente, entre el inicio de la ocupación francesa en 1808 y 1824 tuvieron lugar las Guerras de Independencia Hispanoamericana, que convirtieron a la América española en siete estados independientes distintos: seis repúblicas ( Bolivia, Chile, Gran Colombia, Paraguay, Perú y Provincias Unidas del Río de la Plata) y un imperio ( México), que más tarde se dividirían a su vez.

El reinado de Isabel II

Batalla de Mendigorría, en la Primera Guerra Carlista.

En 1833, Fernando VII murió dejando el trono a su hija de tres años, Isabel II, bajo la regencia de su esposa María Cristina de Borbón. La regente hubo entonces de aliarse con los liberales, pues los absolutistas preferían como rey a Carlos María Isidro de Borbón, hermano de Fernando, que reclamaba tener mejores derechos sucesorios. Hubo movimientos republicanos esporádicos en Barcelona (1836 y 1837), acaudillados por Ramón Xaudaró y Fábregas, pronto sofocados. Tras la victoria del ejército cristino, como se llamaba a los partidarios de Isabel II y su madre, en la Primera Guerra Carlista; en 1840 el general progresista Baldomero Espartero logró, tras una sublevación contra la regente María Cristina, asumir él la regencia. El autoritarismo de éste llevó a su caída en 1843, tras una sublevación del general moderado Ramón María Narváez, dando comienzo en 1844 la llamada Década Moderada, de dominio de los liberales moderados, esto es, los más conservadores.

El fracaso de los intentos de matrimonio con el pretendiente carlista al trono, Carlos Luis de Borbón, llevarían a la Segunda Guerra Carlista ( 1846- 1849), de nueva victoria isabelina. En su lugar, la reina contraería matrimonio (contra su voluntad) con su primo Francisco de Asís de Borbón, sobre el que había numerosos rumores de que era homosexual. Las chanzas y rumores populares, abundantes en la España de la época, sobre la homosexualidad del rey y supuesta ninfomanía, de la reina, causarían un importante descrédito de la monarquía (véase Los Borbones en pelota).

Entre 1848 y 1851 tendría lugar la Segunda República Francesa. Aparecería ya en estos años un sentimiento muy crítico hacia el gobierno moderado y la corte, de hecho, ya en 1849 aparecería el Partido Democrático, desgajado del Progresista, de carácter demócrata, que derivó al republicanismo. Dicho sentimiento culminó en la Revolución de 1854 en España, capitaneada por Leopoldo O'Donnell, y que llevó a un cambio de gobierno en favor de los progresistas, pero no a una caída de la monarquía. El Bienio Progresista fue sin embargo, dada la inestabilidad originada, derribado por O'Donnell, quien dio un golpe de estado en 1856, iniciando los gobiernos de la Unión Liberal, su partido.

El deterioro de la situación política, y el desprestigio de la reina y sus gobiernos, hicieron que arreciaran los movimientos contra la monarquía y cobrara fuerza el republicanismo. Ello se debió a hechos como los sucesos de la Noche de San Daniel, el 10 de abril de 1865, en la se reprimieron sangrientamente las protestas estudiantiles por el cese del rector de la Universidad Central de Madrid y destitución de varios de sus catedráticos, entre ellos Emilio Castelar, que poco antes había publicado un artículo llamado El rasgo en el que denunciaba la apropiación por parte de la reina del 25% del producto de las ventas del Patrimonio Real. En 1866 tendrían lugar las sublevaciones de Villarejo de Salvanés y del Cuartel de San Gil, fracasadas y ahogadas en sangre, y se firmaría el Pacto de Ostende, contra Isabel II, por parte de representantes del Partido Progresista y del Partido Democrático, a los que terminaría uniéndose la Unión Liberal. Finalmente, el triunfo de la Revolución de 1868 provocó la caída de Isabel II, obligada a exiliarse.

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