Historia del idioma español

Variedades principales del español.
Expansión del español en la península ibérica.

La historia del idioma español usualmente se remonta al período prerromano, ya que es posible que las lenguas prerromanas de la península ejercieran influencia en el latín hispánico que conferiría a las lenguas romances peninsulares varias de sus características. La historia del español se suele dividir convencionalmente en tres periodos: español medieval, español medio y español moderno.

El español o castellano es una lengua romance, derivada del latín vulgar, que pertenece a la subfamilia itálica dentro del conjunto indoeuropeo. Es la principal lengua en España y 20 países americanos, y es oficial también en Guinea Ecuatorial. Es también llamada castellano, por tener su origen en el reino medieval de Castilla.

Historia externa de la lengua

La historia externa del español se refiere a la descripción cronológica de las influencias sociales, culturales, políticas e históricas que influyeron en los hechos lingüísticos. La historia externa contrasta con la historia interna (a veces llamada gramática histórica) del español, que se refiere a la descripción cronológica y la sucesión de cambios acaecidos dentro del propio sistema de la lengua.

Aportes prerromanos

Los aportes prerromanos a la lengua española (los anteriores al latín, o sea, a la conquista romana y romanización que comienza en el siglo III a. C. y no se completa hasta el siglo I a. C. —en algunas zonas con poca efectividad—) son los correspondientes a las lenguas de los pueblos indígenas de la península ibérica ( pueblos celtas en la Meseta, el norte y el oeste, pueblos iberos en la zona este y sur, celtíberos en la zona intermedia, los enigmáticos tartesios en la zona suroeste), entre las que estaba la antecesora del idioma vasco (perteneciente a un grupo no indoeuropeo, relacionado por tanto con las lenguas iberas y no con las lenguas célticas); y las de los pueblos colonizadores ( fenicios y cartagineses, que hablaban una lengua semítica, y griegos).

De esta remota época han sobrevivido probablemente elementos como:

  • la desaparición de f- inicial en muchas palabras que en latín llevaban este sonido, y, supuestamente, el llamado betacismo, debidos, probablemente, a la influencia del idioma vasco o del idioma ibero (nótese que la aspiración de /h/ también se da en el Gascón, que habría tenido igualmente un substrato vasco);
  • algunos sufijos, como -aga, -ago, -erri, -rro, -rra, -occus (alcornoque);
  • numerosos topónimos; entre los de origen céltico destacan los que tienen el sufijo - briga, que significa "lugar alto" (Flaviobriga o Segobriga —también como raíz, en Bergantiños o Brihuega—) o la raíz sega, que significa "victoria" (Segovia o Sigüenza); por el contrario, las etimologías de los corónimos peninsulares son asuntos muy debatidos, aunque Hispania parece provenir de los pueblos colonizadores ("costa norte" en fenicio-cartaginés) e Iberia de los indígenas ("río", sea el hidrónimo ibérico genérico o el Iber que hoy llamamos Ebro);
  • palabras de probable origen céltico, como berrueco, páramo, balsa, lanza, losa, légamo, olca, abedul, aliso, álamo, beleño, berro, garza, rodaballo, colmena, gancho, amelga, barrendo, cantiga, baranda, tarugo, gorar, estancar, tranzar, virar, incluso algunas que parecen propiamente latinas, como puerco y toro (que ya están en la inscripción de Cabezo de las Fraguas como porcom y taurom), y otras que se incorporaron al latín desde otras lenguas célticas no peninsulares y luego se incorporaron al español como a otras lenguas romances, como braga, camisa, cabaña, cerveza, legua;[1]
  • palabras de probable origen ibérico, como barranco, carrasca, lama, gándara; y otras incorporadas al latín, pero de origen ibérico, como galena, minio, sobral, estepa; alguna de las cuales son las propias fuentes romanas las identifican como ibéricas, como arroyo, coscojo o gordo;[2]
  • palabras de probable origen vasco, como izquierda, socarrar, pizarra, zumaya, chaparro, zamarra, chamarra, narria, laya, cencerro, gabarra, aquelarre, órdago;[3]
  • palabras de probable origen cartaginés, como tamujo;[4]
  • palabras de las que no se ha establecido con precisión el grupo de lenguas prerromanas ibéricas de las que probablemente proceden, como cama, vega, camorra, abarca, mogote, becerro, sapo, sarna, caspa, gazpacho, abarca, artiga, aulaga, barda, barraca, barro, cueto, galápago, manteca, perro, rebeco, silo, sima, toca.[5]

Latín hispánico

A partir del siglo III a. C., se produce la romanización de la Península, proceso que se alargará hasta finales del siglo I a. C. Este proceso afectará a muchos ámbitos de la vida peninsular, incluido el lingüístico. Las lenguas prerromanas decaen en su uso y se limitan cada vez más a las áreas rurales. Inicialmente, se da un extensivo bilingüismo en los principales centros de ocupación romanos, y posteriormente las lenguas indígenas quedan limitadas a las regiones más aisladas. Así en el uso público son sustituidas por el latín, que es la lengua administrativa del Imperio romano. Es curioso notar que en el caso del Vasco, hay escasez de topónimos presentes antes del siglo I a. C. y éstos se van haciendo más frecuentes, lo cual sugiere que pudo haber una migración limitada desde Aquitania durante ese período, hasta por lo menos el siglo VII d. C.

No obstante, conviene señalar algunos factores que van a influir decisivamente en el ulterior desarrollo del latín, que dará lugar a la aparición del castellano:

  • En primer lugar, su situación geográfica: la distancia con el centro administrativo del imperio, Roma, y el aislamiento geográfico (a través de los Pirineos) y el mar Mediterráneo, hacen que las innovaciones lingüísticas lleguen despacio y con retraso.
  • El origen de los conquistadores: se cree que la mayor parte de los romanos que colonizaron la península procedían del sur de la actual Italia.

Castellano medieval

El castellano medieval comprende el período desde los primeros textos en el siglo X hasta el inicio del reajuste del sistema consonántico hacia el siglo XIV. El castellano medieval de los siglos IX al XIII se encontraba en situación de transición entre los finales del latín tardío y los comienzos del español medio (siglo XV). El español medieval está más cerca en ciertos aspectos de otras lenguas romances de la península que el español moderno. Por ejemplo,

  • El castellano medieval distinguía entre fricativas sordas y sonoras, similares a las que siguen existiendo en portugués, catalán y francés (las fricativas sonoras desaparecieron durante el siglo XV y XVI). Sólo el judeoespañol, hablado por judíos expulsados durante los siglos XV y XVI, conserva restos de las fricativas sonoras del español.
  • En el castellano medieval existía el sonido [h] procedente de f- latina inicial, que iría desapareciendo progresivamente en español medio (modernamente sólo se conserva residualmente en algunas áreas de Andalucía y Extremadura).
  • El castellano medieval admite que los pronombres clíticos vayan en posición postverbal si el verbo está conjugado, tal como sigue sucediendo en algunas variantes de asturleonés.
  • El castellano medieval usaba como verbos para formar los "tiempos compuestos" los verbos ser y aver (>haber), el primero se usaba con verbos inacusativos y el segundo con verbos inergativos.
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Diferenciación del romance castellano

Las estimaciones glotocronológicas apuntan que la diversificación de latín empieza a ser notoria a partir del siglo III o IV d. C. Tras la caída del Imperio Romano de Occidente en el siglo V, el latín vulgar evoluciona progresivamente en toda la Europa latina diversificándose. En ese mismo siglo, se producen las invasiones bárbaras, lo cual va a permitir la incorporación al español de algunos vocablos germánicos, junto con los que ya habían entrado anteriormente en el latín vulgar. Destacan los relacionados con las contiendas como guerra (werra), o yelmo (helm). Algunos nombres propios también derivan de las lenguas germánicas; es el caso de Álvaro (de all 'todo' y wars 'prevenido') o Fernando (de frithu 'pacífico' y nanth 'atrevido'). Las sucesivas transformaciones fonológicas y gramaticales llevarían a la emergencia de las lenguas romances como lenguas con dificultades para la inteligibilidad mutua entre el siglo VI y IX d. C. Dicha evolución va a originar la aparición de las diversas lenguas romances.

En el siglo VIII, la expansión musulmana en la península ibérica pone a las lenguas romances peninsulares bajo una fuerte influencia léxica del árabe (más de 4000 vocablos en español). Los dialectos romances hablados en la parte de la península dominada por los árabes se conocen con el nombre de mozárabe y son mal conocidos; eran usados en usos no formales por la mayor parte de la población, tanto por los cristianos arabizados como por los musulmanes, si bien con el tiempo se dio un proceso de sustitución lingüística hacia el árabe, que era la lengua para usos formales y literarios. El contacto con los árabes probablemente dotó al mozárabe de unas características que lo distinguen del resto de lenguas romances. Muchas palabras castellanas actuales provienen del árabe, en muchos casos a través del mozárabe, como almohada, almirante (donde al- es artículo), aceite, o ajedrez.

En el siglo IX, la influencia árabe tiene sus expresiones artísticas, con la aparición de las jarchas y otros textos medievales en mozárabe, escritas en alfabeto árabe, en lugar del alfabeto latino.

La lengua castellana en el reinado de Alfonso X el Sabio

Retrato de Alfonso X el Sabio.

Alfonso X el Sabio, Rey de Castilla y Rey de León ( 1252- 1284), institucionalizó las Escuelas de traductores de Toledo. De ellas surgió una forma estandarizada de castellano medieval, conocida como castellano alfonsino que el propio rey usó en sus obras. Entre los méritos de Alfonso X se cuenta la redacción de obras científicas e historiográficas (El Lapidario, Las Siete Partidas, General Estoria y la Primera Crónica) en lengua castellana en lugar de en latín como había sido costumbre. Alfonso X elevó el prestigio del uso del castellano escrito dentro de su corte y por todo el territorio en el que se hablaba castellano en lugares diversos de España. Además Alfonso X emprendió numerosos proyectos, tales como la traducción de textos jurídicos al castellano y la normalización ortográfica del mismo, bajo la labor de eruditos y escribas eclesiásticos.

El castellano medieval presentaba cierta variación dialectal y cambio sincrónico, aunque bajo el reinado de Alfonso X se extendió el uso del estándar literario toledano debido a Alfonso X y sus colaboradores. Esta lengua escrita estándar se cree representativa de la lengua culta de la corte y la de otros escritores del siglo XIII.[6]

Español áurico y moderno

El español áurico o español medio es el estadio de la lengua que constituye la transición del castellano medieval al español moderno. La fase inicial del español áurico está caracterizada por la pérdida del contraste entre fricativas sordas y sonoras, pero conserva aún la distinción entre las sibilantes sordas /s̪̺ s̺ š/ que en español peninsular dieron origen a /θ s x/. Sin embargo debido a la confusión que se producía entre ambos fonemas en algunas zonas de la península, especialmente en el sur, y su posterior influencia en las colonias asentadas en América; la /s̪̺ s̺ / se acabarían fusionando en /s/ en ciertas zonas del sur de la península, las Islas Canarias e Hispanoamérica.[7]

Oficial en España y América Hispanohablante

Tomo V de la edición del Diccionario de la Lengua Castellana en 1737, el Diccionario de Autoridades.

El castellano medieval, con sus influencias prerromanas, se expandió al sur de la península a medida que avanzaba la Reconquista. A finales del siglo XV, coincidiendo con la unión política de los reinos de Castilla y Aragón, la toma de Granada y el descubrimiento de América, Antonio de Nebrija publica en Salamanca su Gramática castellana, el estudio gramatical no relacionado al latín, siendo el primer tratado de gramática de la lengua castellana (y de la lengua moderna en general).

Con la expansión del Imperio español, el idioma español se expande a través de los Virreinatos de Nueva España, del Perú, Nueva Granada, el Río de la Plata y la colonia Filipina, Guam, Islas Marianas y las Carolinas. Esta espectacular difusión permitió a la lengua adquirir nuevo léxico procedente de lenguas nativas del continente Americano, sobre las que a su vez tuvo un enorme impacto.

Algunas de las características distintivas de la fonología incluyen la lenición ( latín vita - español vida, latín lupus - español lobo), la diptongación en los casos fonéticamente breves de la E y la O (latín terra - español tierra, latín novum - español nuevo), y la palatalización (latín annum - español año). Algunas de estas características están también presentes en otras lenguas romances.

La expansión del castellano

Las principales familias de las lenguas de América del Sur (exceptuando el quechua, aimara y mapudungun).

En 1790, España y Gran Bretaña firmaron la Convención de Nootka, por la que España renunció a cualquier derecho sobre un vasto territorio de América del Norte constituido por Oregón, Washington, Idaho, Columbia Británica, Yukón y Alaska, impidiendo el avance del Imperio español hacia el noroeste de América. Aún perduran algunos nombres geográficos en castellano. A finales del siglo XVIII, solamente tres millones de hispanoamericanos hablaban español; sin embargo, los nuevos gobiernos, tras su emancipación del imperio español, favorecieron la extensión del castellano.[8]

En el siglo XIX, Estados Unidos de América adquirió Luisiana a Francia y Florida a España, se anexionó la República de Texas y, por el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, obtuvo de México los territorios que actualmente conforman Arizona, California, Colorado, Nevada, Nuevo México y Utah; así como parte de los actuales estados de Wyoming, Kansas y Oklahoma. De esta forma, el castellano pasó a ser una de las lenguas de Estados Unidos, aunque estas variedades primitivas sólo sobreviven a inicios del siglo XXI en la parroquia de Saint Bernard, en Luisiana, donde se habla el dialecto canario; y en una franja que se extiende desde el norte de Nuevo México al sur de Colorado.

Por otra parte, desde el siglo XX, millones de hispanoamericanos han emigrado a Estados Unidos, con lo cual se han convertido en la minoría más numerosa del país: más de 41 300 000 personas, en 2004. El 1 de mayo de 2006, durante el Gran Paro Americano de inmigrantes ilegales, se entonó el Himno Nacional de los Estados Unidos en castellano, como una muestra de la presencia en ese país de una minoría hispana que se está convirtiendo en la mayor minoría a pasos agigantados.

En Filipinas el castellano aún es hablado por unos tres millones de personas, en Brasil los hispanohablantes llegan al millón; mientras que en Canadá sumaban aproximadamente unos 350 000 en 2004 y en Marruecos llegaban a los 320 000. Estos son los cinco países con concentraciones más importantes de hispanohablantes fuera de España e Hispanoamérica.

En Oceanía el castellano se habla en la Isla de Pascua, bajo soberanía de Chile desde fines del siglo XIX, llegando a casi 4000 la cantidad de personas que lo hablan. También es hablado en Australia, gracias a la comunidad chilena que sobrepasa las 33 000 personas.[ cita requerida]

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