Historia del ferrocarril en España

Fotografía de los constructores y accionistas de la línea Barcelona-Mataró, hacia 1848.
Talgo III circulando cerca de Guadix, a mediados de los años 90.
Vista de una moderna línea de Alta Velocidad Española y un modelo de tren AVE Serie 102 en su trayecto Tarragona-Madrid (2007).

La historia del ferrocarril en España comienza en el siglo XIX con la construcción de las primeras líneas ferroviarias y se extiende hasta la actualidad, convirtiéndose en uno de los elementos más importantes de la sociedad y la economía españolas.

El primer ferrocarril español se construyó en Cuba en 1837 (entonces provincia española) y correspondería a la línea La Habana-Güines. En 1836 en la mina asturiana de Arnao, según hallazgos recientes, se sacaba el mineral mediante un sistemas de vías y vagonetas que formaban trenes con tracción a sangre. [1] Unos años más tarde, en la península Ibérica se construyó la línea de Barcelona a Mataró en 1848. La línea, todavía hoy en uso, contaba con una longitud de 29,1 km y unía las poblaciones de Barcelona, Mataró, San Adrián de Besós, Badalona o Premiá de Mar. A partir de esa fecha se producirá una rápida expansión con la construcción de numerosas líneas de ferrocarril de ancho ibérico a cargo de las que se convertirán en las principales empresas ferroviarias de la época: la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (1856), la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España (1858) o la Compañía de los Ferrocarriles Andaluces (1877). Esta situación se mantuvo sin grandes cambios hasta el estallido de la Guerra civil española en 1936, conflicto que dañó gravemente la red ferroviaria española.

En 1941 la Dictadura franquista emprendió la nacionalización de todos los ferrocarriles españoles de ancho ibérico, mientras que las compañías que operaban las líneas de vía estrecha todavía mantuvieron su independencia hasta su posterior rescate estatal e integración en empresa Ferrocarriles de Vía Estrecha (FEVE). Las líneas de vía de ancho ibérico fueron integradas en la Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles (RENFE). Ambas empresas continuaron su existencia hasta su desaparición, ya iniciado el siglo XXI, cuando sus funciones fueron asumidas por Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF), encargada de las infraestructuras ferroviarias, y por Renfe Operadora, encargada de la explotación de los ferrocarriles de ancho ibérico, ancho internacional y vía estrecha. Por otro lado, desde la inauguración de la Línea de alta velocidad Madrid-Sevilla en 1992, se han ido expandiendo por España nuevas líneas hasta constituir una nueva red Alta Velocidad Española (AVE).

Los inicios

Ferrocarril La Habana-Güines, el primer ferrocarril de España

La historia del primer ferrocarril español y el primero de Iberoamérica comienza el 19 de noviembre de 1837, con la inauguración de la línea entre La Habana y Bejual en la actual república de Cuba (entonces provincia de España). Esta línea de ferrocarril fue la primera que se construyó en el entonces territorio español y en toda Iberoamérica, la segunda de América y la cuarta del mundo. Durante su construcción murieron más de 2.000 trabajadores. Fue explotado por la Compañía de Caminos de Hierro de La Habana.

Dicho ferrocarril estaba destinado a transportar las mercancías de la rica región agrícola de Güines con el puerto de La Habana. Se creó una junta para estudiar el proyecto. Un grupo de empresarios fundó una sociedad anónima para llevar a cabo el proyecto, que en 1833 encabezaban el conde de Fernandina, Joaquín Gómez y Miguel Biada. Sin embargo, finalmente el proyecto fue llevado a cabo por la Junta de Fomento de La Habana, esto es, la Administración Pública.

Fue una obra compleja donde destaca el puente sobre el río Almendares en el que se utilizaron 200 pilares de cantería que se importaron de EEUU. Se contrató para la dirección de la obra al estadounidense Benjamin Wright, quien no pudo hacerse cargo de las obras al caer enfermo. Le sustituyó Alfredo Cruger, también estadounidense, que trabajó junto con dos hijos de Wright. Tuvo una labor relevante el ingeniero francés Julio Sagebién.

A las ocho horas del 15 de noviembre de 1837, onomástica de la reina regente Isabel II, sale el primer tren que recorrió los 28 Km que separan La Habana de Bejucal. El tren inaugural llevaba en varios coches a unas setenta personas, entre ellas las autoridades de Cuba, parte bajo la lluvia y realiza el recorrido entre la curiosidad del público. Tres días más tarde, inicia regularmente el servicio de pasajeros y mercancías.

El material rodante fue construido en Inglaterra y en La Habana. Las locomotoras las construyó John Braithwaite. Llegaron al puerto de La Habana el 28 de abril de 1837 y recibieron los nombres de Cubana, Havana, Villanueva y La Comisión. Otras cuatro máquinas se adquirieron a la empresa Reanis y llegaron el 23 de febrero de 1838. Se llamaron Herrera, Escovedo, Villa Urrutia y Cruger. Los 50 carros de carga, con capacidad de hasta 50 toneladas, se construyeron en La Habana y se completaron con ocho coches de pasajeros, de veinticuatro a veintiséis asientos. Posteriormente se adquirieron dos locomotoras de la fábrica de Mathias W. Baldwin en Filadelfia (EEUU), a las que se llamaron Cruger y Colón

El 15 de enero de 1838 a las siete de la mañana se produjo el primer accidente, un convoy tirado por la locomotora Villanueva' choco con un buey y descarrilo.[2]

Aunque la línea férrea cubana mantiene el honor de ser el primer ferrocarril construido en suelo bajo pabellón español, hay documentación de que ya en 1834 funcionaba un ferrocarril minero en la población asturiana de Arnao, según afirma el responsable del Museo del Ferrocarril de Gijón.[3]

Ferrocarril Barcelona-Mataró, El primer ferrocarril peninsular

Cuando el 19 de noviembre de 1837 se inauguraba el ferrocarril en Cuba, en el acto de inauguración estaba presente el catalán Miguel Biada, oriundo de Mataró. La empresa cubana le agradó tanto que en el mismo acto le comentó al entonces Gobernador de la isla, el General Tacón:

Cuando vuelva a mi país, antes de un año habré unido Barcelona con mi pueblo.

En 1840 Biada regresa a su tierra y comienza a desarrollar e impulsar el proyecto del ferrocarril entre Barcelona y Mataró, destinado al transporte de mercancías y viajeros. Se pone en contacto con José María Roca, que residía en Londres ( Reino Unido), quien solicita el permiso de construcción al gobierno español el 30 de junio de 1843 y el gobierno le comunica su aprobación el 30 de noviembre.

Roca y Biada consiguen interesar a un centenar de accionistas de Barcelona, a los que se sumarán también accionistas de Puerto Rico y Cuba, amigos de Biada, consiguiendo constituir la empresa con un millón de duros (cinco millones de pesetas) el 13 de julio de 1844 y Biada queda al frente de la misma. Al ser insuficiente el capital catalán, se hace necesario recurrir al capital inglés, que adquiere la mitad de las acciones. El 6 de junio de 1845 queda legalmente constituida ante notario. El 16 de noviembre Roca firma en París el contrato con el ingeniero encargado de dirigir el proyecto, Joseph Locke. La empresa se denomina Gran Compañía Española del Camino de Hierro de Barcelona a Mataró y Viceversa, y el 27 de julio se publica la real orden de inicio de las obras. Obras que tienen un presupuesto de 950.000 duros.

Locomotora que reproduce a La Mataró, actualmente conservada en el Museo del Ferrocarril de Cataluña.

Declarada de utilidad pública, por lo que puede acogerse a la ley de expropiación forzosa del año 1836, comienzan los trabajos con la compra de los terrenos necesarios para extender las vías. Se contrató a la Mackencie and Brassey Co. para la ejecución del proyecto. Se compraron cuatro locomotoras en Inglaterra a la empresa Jonnes and Potts y 62 carruajes (2 de lujo, 30 de primera y los otros 30 de segunda clase) a la empresa Wrigth y 30 vagones, 18 para tercera clase, 12 para mercancías y dos para transportes especiales. Las estaciones fueron construidas por empresas españolas. Formaba parte de la línea el túnel de Montgat, el primer túnel ferroviario de la península que cruzaba el cerro del mismo nombre.

En 1847 surge un problema financiero al faltar parte de la financiación comprometida, que es resuelta al comprar los accionistas restantes las acciones no cubiertas y Biada invertir toda su fortuna. El compromiso de Biada fue percibido por la ciudadanía que apoyó el proyecto. A inicios de 1848 Biada, enfermo, es sustituido al frente de la compañía por su sobrino. El 2 de abril de 1848 fallecía el promotor principal del proyecto sin ver acabado el mismo. Con algún retraso, la fecha inicial de inauguración era junio de 1848, se realizó la primera prueba el 5 de octubre. El día 8 se hizo la prueba oficial con 10 coches y 400 personas y el 11 de octubre se efectuó una inspección oficial que fue un total éxito.

El 28 de octubre de 1848 se inaugura el ferrocarril con su salida oficial de la estación de Barcelona y la llegada a Mataró de la locomotora Mataró. El viaje de vuelta, exento de tanto acto ceremonial, se realizó en 35 minutos. El ferrocarril fue un éxito total y contribuyó a facilitar el crecimiento y la prosperidad del Maresme.

Otros ferrocarriles

Inauguración del ferrocarril a Langreo. Cuadro de Jenaro Pérez Villamil ( 1852).

A la vez que se construía este primer ferrocarril peninsular se estaban construyendo también las líneas Madrid- Aranjuez (1851) y Langreo-Gijón (1852). El ferrocarril a Aranjuez, que más tarde se conoció con el nombre de Tren de la Fresa, fue propuesto por el Marqués de Pontejos que, bajo el patrocinio del Marqués de Salamanca, fue finalmente inaugurado por la reina Isabel II el 9 de febrero de 1851. La importancia estratégica de la línea era elevada, pues suponía el primer paso del ferrocarril desde Madrid a Andalucía y Levante.

Entre 1852 y 1866 se construye el ferrocarril Alar-Santander, la primera línea larga de España cuyo fin principal era dar salida al puerto de Santander de los granos y harinas transportados por el Canal de Castilla hasta Alar del Rey. Fue una compleja línea de 139 km que debía atravesar la divisoria de la Cordillera Cantábrica y que supuso un gran desafío para la ingeniería de ferrocarriles de la época.

En Valencia, bajo los auspicios del empresario José Campo Pérez, se comienzan las obras del ferrocarril que unirá la capital levantina con la localidad de Játiva, y cuya línea será inaugurada el 20 de diciembre de 1854.[4]

En Andalucía, el 23 de septiembre del año 1829 ya se había publicado una Real Orden a favor de José Diez Imbrechts que aprobaba la construcción de un Ferrocarril entre Jerez de la Frontera y El Portal.[5] Esta iniciativa tendría una serie de problemas económicos para llevar adelante el proyecto, que no llegó a realizarse por falta de apoyo municipal. Sería en 1854 cuando finalmente el hijo de José, Luis Gonzaga Díez Fernández de la Somera, inaugure una línea entre Jerez de la Frontera y el puerto del Trocadero, en Puerto Real. Tenía una longitud de 27 km y el objetivo de esta línea era transportar las botas de vino hasta el puerto para luego embarcar con destino al Reino Unido.

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