Historia del capitalismo

Fernand Braudel sitúa los orígenes del capitalismo en la Edad Media, en algunas pequeñas ciudades comerciantes.

La historia del capitalismo ha sido objeto de grandes debates sociológicos, económicos e históricos desde el siglo XV El comercio existe desde que surgió la civilización, pero el capitalismo como sistema económico no apareció sino hasta el siglo XVI en Inglaterra, en sustitución del feudalismo. Según Adam Smith, los seres humanos siempre han tenido una fuerte tendencia a «realizar trueques, cambios e intercambios de unas cosas por otras». De esta forma al capitalismo, al igual que al sistema de precios y la economía de mercado, se le atribuye un origen espontáneo o natural dentro de la edad moderna.[1]

Este impulso natural hacia el comercio y el intercambio fue acentuado y fomentado por las Cruzadas que se organizaron en Europa occidental desde el siglo XI hasta el siglo XIII. Las grandes travesías y expediciones de los siglos XV y XVI reforzaron estas tendencias y fomentaron el comercio, sobre todo tras el descubrimiento del Nuevo Mundo y la entrada en Europa de ingentes cantidades de metales preciosos provenientes de aquellas tierras. El orden económico resultante de estos acontecimientos fue un sistema en el que predominaba lo comercial o mercantil, es decir, cuyo objetivo principal consistía en intercambiar bienes y no en producirlos. La importancia de la producción no se hizo patente hasta la Revolución industrial que tuvo lugar en el siglo XIX.

Sin embargo, ya antes del inicio de la industrialización había aparecido una de las figuras más características del capitalismo, el empresario, que es, según Schumpeter, el individuo que asume riesgos económicos no personales. Un elemento clave del capitalismo es la iniciación de una actividad con el fin de obtener beneficios en el futuro; puesto que éste es desconocido, tanto la posibilidad de obtener ganancias como el riesgo de incurrir en pérdidas son dos resultados posibles, por lo que el papel del empresario consiste en asumir el riesgo de tener pérdidas o ganancias.

El camino hacia el capitalismo a partir del siglo XIII fue allanado gracias a la filosofía del Renacimiento y de la Reforma Protestante. Estos movimientos cambiaron de forma drástica la sociedad, facilitando la aparición de los modernos Estados nacionales (y posteriormente el Estado de Derecho como sistema político y el liberalismo clásico como ideología) que proporcionaron las condiciones necesarias para el crecimiento y desarrollo del capitalismo en las naciones europeas. Este crecimiento fue posible gracias a la acumulación del excedente económico que generaba el empresario privado y a la reinversión de este excedente para generar mayor crecimiento económico, lo cual generó industrialización en las regiones del norte.

Orígenes de una civilización

El capitalismo medieval

El gran canal de Venecia, por Turner (v.  1835).

Para Fernand Braudel (la Dinámica del capitalismo, 1985), el capitalismo es una "civilización" con raíces antiguas, ya habiendo conocido horas prestigiosas, tales como las grandes ciudades-estados comerciantes: Venecia, Génova y Amberes, entre otros. pero las actividades son minoritarias hasta el siglo XVIII. Werner Sombart (El capitalismo moderno, 1902) fecha la emergencia de la civilización burguesa y del espíritu de empresa en el siglo XIV, en Florencia.

Así como lo muestra Braudel, encontramos en la Edad media las primeras manifestaciones del capitalismo comercial en Italia y en los Países Bajos. El comercio marítimo con Oriente, en respuesta a las cruzadas, enriqueció a las ciudades italianas, mientras que en los Países Bajos, a la desembocadura del Rin, que hacía el lazo entre Italia y Europa del Norte, dominada por la Liga Hanseática. En las grandes ciudades, los vendedores de paños y de las sederías adoptan métodos capitalistas de gestión. Efectúan ventas al por mayor, establecen mostradores y venden sus productos en conjunto en las grandes ferias europeas. Se abastecen de materias primas tanto en Europa como en Levante. En esta época turbada de la Edad media, ajustan sus pagos por letras de cambio, menos peligrosas que el transporte de metales preciosos. De esta forma, lógicamente se desarrollan, en paralelo del capitalismo comercial, las primeras actividades bancarias del capitalismo financiero: depósitos, préstamos sobre prendas, letra de cambio, seguros para las embarcaciones.

Estos capitalistas se enriquecen extendiendo su influencia económica sobre el conjunto de Occidente cristiano, creando así lo que Braudel llama una "economía-mundo". En su análisis, Braudel distingue la "economía de mercado" del capitalismo, este último constituyendo un tipo de "contra mercado". Según él, la economía de mercado (es decir la economía local en aquella época) está dominada por las reglas y los cambios leales, porque sometida a la competencia y a la transparencia relativa, el capitalismo intenta evitarlo en el comercio lejano con el fin de librarse de reglas y de desarrollar cambios desiguales como nuevas fuentes de enriquecimiento.

Podemos observar que desde la Antigüedad, sistemas idénticos habían sido puestos en práctica por los fenicios, griegos, los Cartagineses y los romanos. Estos sistemas fueron marcados no obstante más por el imperialismo y el esclavismo que por el capitalismo. A través del mundo, otras formas de capitalismo comercial se desarrollaron de manera precoz en la época feudal (bajo la dinastía Ming en China por ejemplo).

Vida urbana

En las grandes ciudades especializadas de Europa, el artesanado, volcado esencialmente hacia la exportación, está dominado por los grandes comerciantes y pañeros, aunque las relaciones económicas entre artesanos y vendedores se emparientan en el salariado. Los comerciantes controlan a la vez la adquisición de materias primas río arriba y la venta de los productos terminados río abajo.

La población urbana ya se diferencia en varias clases económicas distintas y ricas para algunos, pobres para otros. La ciudad de Florencia es el ejemplo perfecto: encontramos allí muy temprano a banqueros que desarrollan sucursales a través de Europa y esclavizan la industria en búsqueda de su provecho. Entre ellos grandes familias, tal es el caso de los Médicis, quienes crean las primeras relaciones "privilegiadas" entre el mundo de los negocios y el mundo político.

También en este periodo el matemático Luca Pacioli fija las bases del comercio al crear los Estados Financieros en los que se fija la terminologia y la manera de calcular las relaciones comerciales básicas, por lo cual Florencia brillara durante mucho tiempo como el principal centro bancario de Europa.

Aparición de las bolsas a finales de la Edad Media

Según Fernand Braudel, la aparición de las primeras Bolsas ocurre en el siglo XIV en estas ciudades italianas donde el comercio es permanente (contrariamente a las ferias medievales que se celebran sobre períodos limitados) y donde se concentran lo esencial de las actividades financieras.

Es no obstante la creación en 1409 de la Bolsa de Brujas, un hotel dedicado al intercambio de mercancías, letras de cambio y efectos de comercio, que marca un punto de inflexión en el desarrollo de las actividades financieras. El plaza se impone rápidamente gracias a la abertura de su puerto, gracias a la fama de sus ferias comerciales y gracias al clima de tolerancia y de libertad que aprovechan vendedores e inversionistas de todo origen. Son los mismos triunfos que permitirán luego a la plaza de Amberes (creada en 1460) desarrollarse al principio del Renacimiento. Se podía leer en su frontis: Ad usum mercatorum cujusque gentis ac linguae ("Para uso de los vendedores de todos los países y de todas lenguas").

Renacimiento y Reforma

La ética protestante

Max Weber (en su obra La Ética protestante y el espíritu del capitalismo y renacimiento escrita en 1904/05) considera que la emergencia del capitalismo moderno data de la Reforma. Teniendo como base una acta sociológica, vincula el espíritu del capitalismo moderno a la mentalidad protestante y lo ve pues como el resultado de una evolución lenta nacida de la Reforma, y más generalmente de una evolución religiosa que se hace en el sentido de un "desencanto de la gente". Observamos por otra parte que formas esporádicas de capitalismo financiero habían sido desarrolladas desde hace mucho tiempo por los lombardos y los judíos, no sometidos a las coacciones religiosas del catolicismo. Es por otra parte a éstos últimos que Werner Sombart (El Capitalismo moderno) atribuirá el génesis del capitalismo moderno.

Según Weber, el capitalismo occidental corresponde a la aparición de un espíritu nuevo, de una revolución cultural. Weber empleo entonces el término capitalismo moderno "para caracterizar la búsqueda racional y sistemática del provecho por el ejercicio de una profesión". Más que la riqueza, cuyo deseo no es nuevo, es el espíritu de acumulación que se impone como vector de ascensión social.

Esta nueva ética se difunde gracias a la emergencia de nuevos valores: el ahorro, la disciplina, la conciencia profesional. Esta última permite por ejemplo la aparición de una élite obrera que, más allá del salario, se preocupa de la calidad de su obra. El trabajo se hace un fin en sí. En paralelo emerge un personaje emblemático, el empresario, que busca un éxito profesional provechoso a la sociedad en conjunto.

El contexto favorable para esta evolución de los valores es el de la Reforma. Para Max Weber, la ética del oficio viene del luteranismo que anima a cada creyente a seguir su vocación, y que hace del éxito profesional un signo de elección divina. En efecto, los creyentes ordinarios, sabiendo que no tienen la maestría de su salvación (lógica de la predestinación), intentan ardientemente encontrar en su vida privada los signos de esta predestinación, como el éxito profesional, con el fin de atenuar su angustia enfrente de la muerte y frente del juicio que la sigue. Por otro lado el informe directo a Dios preconizado por la religión protestante acelera el proceso de "desencanto del mundo" (Suprimiendo el número de prácticas religiosas por ejemplo), lo que concurre a la emergencia de la racionalidad. Ya, Karl Marx había observado un proceso de desengaño escribiendo:

"La burguesía (...) Ahogó los escalofríos sagrados del éxtasis religioso, del entusiasmo caballeresco, del sentimentalismo a cuatro céntimos en las aguas helados del cálculo egoísta."
Manifiesto del Partido Comunista, 1848.

Esta racionalización permite la aparición de nuevos dogmas que fundan el espíritu del capitalismo:

"La repugnancia en el trabajo es el síntoma de la ausencia de gracia.",
"El tiempo es precioso, infinitamente porque cada hora perdida es sustraída del trabajo que concurre a la gloria de Dios."
Max Weber, La Ética protestante y el espíritu del capitalismo.

Max Weber ilustra sus propósitos en un texto de Benjamin Franklin, revelador según él de las nuevas mentalidades:

"El que pierde cinco chelines pierde no sólo esta suma, sino que también todo lo que habría podido ganar utilizándole en los asuntos, lo que constituirá una cantidad de dinero considerable, a medida que el hombre joven envejezca."
Advice to a young tradesman, 1748.

Las tesis de Weber han sido muy criticadas. El lazo entre el dogma de la predestinación y el espíritu del capitalismo es muy paradójico, debido a que un fiel tiene que buscar signos de elección mientras que el dogma afirma la predestinación como de todas maneras impenetrable. Historiadores invalidan esta concomitancia de ambos fenómenos (Braudel por ejemplo, que fecha el capitalismo en un período anterior a la Reforma).

El espíritu de innovación

La Biblia de Gutenberg ( 14501454), una de las primeras producciones estandarizadas en gran número.

Según Lewis Mumford (Técnicas y civilizaciones, 1950), el sistema técnico del Renacimiento anuncia el futuro económico del mundo occidental.

El siglo XV vive por ejemplo la puesta a punto de la imprenta en caracteres móviles (la " tipografía") de Gutenberg. Cuidadoso de preservar mientras puede los secretos de sus búsquedas, forzado a préstamos monetarios importantes, es en cierto modo el arquetipo de los futuros capitalistas. Su objetivo es responder a una petición insatisfecha: la petición de cultura de los espíritus cada vez menos analfabetos del Renacimiento. Si era preciso hacer publicaciones en gran escala de libros mayores, rápidamente va a surgir la petición de realizar una producción más diversificada. La difusión de la Biblia a uso personal contribuye al vuelo de la Reforma, mientras que ésta aumenta a cambio la demanda. En parte permitida por los progresos de la metalurgia, la tipografía le abastece a cambio de desembocaduras. Interés por la mecánica, las primicias de la "standardización", producciones de grandes series, preocupaciones de la " productividad" y el espíritu de innovación... Si bien habrá que esperar para ver avances similares en la industria textil y así estimular el despegue industrial, la imprenta muestra bien que el mantillo del capitalismo es más antiguo. Respecto a la imprenta, Max Weber hace ver que ya existía desde hace mucho tiempo en China y seguramente en la India, pero como numerosas técnicas, heredadas a veces de la Antigüedad (la fuerza del vapor fue conocida por ejemplo en el Antiguo Egipto), debió esperar para poder insertarse en un conjunto de técnicas coherentes y complementarias para poder imponerse. No lo hizo por otra parte sin encontrar oposición, particularmente por parte de los copistas medievales.

Hacia un nuevo sistema técnico

El nuevo sistema técnico que surge en el Renacimiento permite la irrupción de ciertos principios del capitalismo moderno como el mejoramiento de la productividad, la economía de mano de obra, el aumento de la producción en volumen y su diversificación, e incluso la inversión. Se apoya en algunas innovaciones como el alto horno, la imprenta o el sistema biela- manivela, el aumento en potencia de los grandes sectores industriales ( metalurgia, explotación minera) y la utilización corriente de una fuente de energía (hidráulica). Este sistema, que persistirá hasta mediados del siglo XVIII, arrastrará la adopción de un sistema social que servirá para sembrar el inicio de un capitalismo naciente y enterrar un régimen feudal que no habrá sabido inscribirse en esta mudanza en profundidad.

El mercantilismo

A partir del siglo XVI, el pensamiento económico ya no está dominado más por los teólogos, sino por los pensadores laicos que se preocupan en primer lugar de la fuerza del Estado: los mercantilistas. Con el fin de asegurar la expansión de la riqueza del Príncipe, los valores religiosos son olvidados. Poca importancia tiene que la usura sea un pecado o no, los gobernantes no se preocupan más que tal o cual política comercial no sea cristiana: solo cuenta la Razón de Estado. Este pensamiento no es el del capitalismo, visto que se preocupa sólo de la importancia de la fuerza del Estado y no del desarrollo de la riqueza particular. No obstante, primero porque contribuye eliminando los valores religiosos, luego porque puede encontrar interés en el desarrollo de los asuntos particulares, prepara las evoluciones futuras. A menudo la creación de monopolios por el Estado constituía un compromiso entre el enriquecimiento de los vendedores y el involucramiento de la fuerza pública en las actividades más lucrativas. Fue por ejemplo el caso de las diferentes Compañías de Indias.

Evoluciones jurídicas y monetarias

En el siglo XVII, Holanda adquiere importantes factorías en la India y desarrolla el comercio de las especias, de la pimienta en particular; se estableció en Japón y comercia con la China. Se hace el nuevo centro de la "economía-mundo" según Braudel. En 1602, funda la primera Compañía de las Indias Orientales: es la primera gran "sociedad por acciones". Sus dividendos a menudo ascendían 15, hasta 25%. De 3100 florines, las acciones subieron hasta los 17000 florines a finales del siglo. Estas acciones estuvieron sometidas a especulaciones incesantes, alimentadas por los rumores más infundados, incluso por campañas organizadas de desinformación. La Compañía emitió también obligaciones. La Compañía Británica de las Indias Orientales tomaría después el relevo y el modelo inspira la creación de compañías en la industria metalúrgica y textil, el papel, etc.

Salida de los veleros de la Compañía holandesa de las Indias Orientales, por Hendrick Cornelisz (v.  16301640).

En paralelo, el flujo de oro desde las colonias de América permite a partir del siglo XVI una estimulación de los cambios, un perfeccionamiento de los métodos de pago y de las técnicas monetarias. Las primeras monedas divisionarias son golpeadas, las monedas fiduciarias vivirán una expansión importante, los primeros billetes aparecen. En el resto del mundo, los cambios quedan limitados por el uso de "monedas metálicas en la infancia".

Holanda conoce también la primera burbuja especulativa de la Historia, la Tulipomanía. En los años 1630, el precio de los tulipanes vive una elevación fuerte, al alcanzar a veces la cebolla el precio de una casa burguesa. Cuando esto se volvió manifiestamente irracional, el primer crack de la Historia se produjo.

La emergencia del capitalismo

El Síndico de los pañeros, por Rembrandt ( 1662). Obra de encargo, simboliza tanto el éxito de la burguesía así como la pujanza de Ámsterdam

No obstante, la emergencia del capitalismo es asociada más a menudo con las primicias de la revolución industrial, y en particular al siglo XVIII. Las formas modernas de propiedad privada de los medios de producción y de salariado se desarrollan durante este período.

Evolución de las relaciones sociales

Durante el período artesanal, el capitalismo conoce formas anteriores a la fábrica o a la manufactura. La agricultura induce períodos de actividad débil (la temporada muerta sobre todo) y los fabricantes de las ciudades se interesan rápidamente por esta mano de obra regularmente ociosa. El trabajo a domicilio, o " domestic system", va a desarrollarse. Les permite a los artesanos y fabricantes cederles en subcontacto una parte de su producción a las familias campesinas. En el marco más específico de "putting-out system", los empresarios abastecen a los trabajadores rurales (y siempre a domicilio) de materias primas, incluso instrumentos, luego vienen para recuperar a cambio de un salario el producto transformado, que será a veces terminado en los talleres urbanos. Este sistema tiene, por ejemplo, un interés superior en el marco de la producción textil. Si no se puede cualificar tales métodos de capitalistas, son muy anunciadoras de las futuras relaciones sociales entre empresarios y asalariados.

Signos de declive del artesanado

El spinning-jenny de James Hargreaves, inventado en 1765, decuplicaba la productividad del hilandero; 20000 fueron vendidas antes de 1790.

Las innovaciones de principios de la revolución industrial quedan accesibles a los pequeños artesanos (cf. imagen del "spinning-jenny" al lado) y todavía no requieren la concentración del capitalismo industrial. Asistimos sin embargo a las primeras grandes concentraciones esporádicas, sin lazo con el maquinismo vinculadas a producciones particulares, por ejemplo como la impresión sobre tela. Esta última necesita terrenos extendidos con el fin de blanquear las telas, piezas inmensas donde secarlos. Requiere herramientas diversificadas y complejas, y arrastra cantidades importantes de telas y colorantes. Tras esto, necesita la reagrupación de obreros especialistas en tareas distintas. Finalmente, las numerosas formas de producciones, todavía no mecanizadas, se llevan las primeras grandes concentraciones de capitales y de mano de obra.

La cuestión de la accesibilidad del capital a los más humildes es esencial en el análisis marxista. En efecto, Marx distingue dos formas diferentes de propiedad privada: la del trabajador que posee la fuerza de trabajo y la vende al capitalista y la burguesía que posee los medios de producción y emplea la fuerza de trabajo de los proletarios. La primera forma histórica corresponde al desarrollo del artesanado y de la pequeña agricultura. La segunda forma, vinculada a la apropiación de los medios de producción por la burguesía (o la nobleza), permite la aparición de la gran industria, las grandes propiedades agrícolas, del trabajador asalariado y pues del conjunto de los mecanismos que fundan el modo de producción capitalista.

Apropiación de las tierras

En el campo, el sistema feudal perdura mucho tiempo (la servidumbre es abolida sólo en 1861 en Rusia, lo que lo hace un caso excepcional). En 1727, la Enclosure Act (Acta de campos cerrados) permite a los "lords" británicos apropiarse y cercar los campos. Antes, la propiedad volvía a los municipios, y los campos fueron explotados por el conjunto de los campesinos locales quienes juntos sacaban provecho de las cosechas. No obstante los primeros campos cerrados son más antiguos y datan del siglo XV. Los trastornos que provocan ya marcan los espíritus de la época: Tomás Moro ya denuncia en Utopía ( 1516) las consecuencias sociales de los balbuceos del capitalismo naciente y describe un mundo alternativo, un imaginario marcado por un estilo de vida que se emparienta con el comunismo. El proceso largo de cercado de campos y el impuesto de los derechos de propiedad sobre los campos va a crear una distinción nítida entre el propietario y el asalariado (los antiguos pequeños explotadores se hacen los asalariados de los "landlords"). Francia conoce en este campo un fenómeno diferente al principio del siglo XIX: el Código Civil de Francia, que dispersa las tierras entre los herederos en el momento de la defunción, frenando el desarrollo de las grandes propiedades del capitalismo agrícola.

Primera página de la edición original del Código Civil Francés de 1804.

En plena transición demográfica, esta apropiación es el hecho de un interés nuevo para el mundo agrario por parte de las élites británicas, que desean desarrollar una agricultura a alto rendimiento, y lucrativa, basándose en el modelo de Holanda y de Flandes. Esta apropiación conllevará inmediatamente una actividad e inversiones importantes, por el mismo hecho de la instalación de las cercas. Sobre el modelo de las Islas Británicas, la propiedad privada de las tierras se extiende a través de Europa y de las Américas, no sin encontrar oposiciones, particularmente morales:

"El primero que, habiendo vallado un terreno, se le ocurrió decir: esto me pertenece, y encontró gentes lo suficientemente simples para creerle, fue el verdadero fundador de la sociedad civil. Cuántos crímenes, muertos, miserias y horrores no hubiera evitado al género humano el que, arrancando las estacas o rellenando el foso, hubiera gritado a sus semejantes: guardáos de escuchar a este impostor; estáis perdidos si olvidáis que los frutos son de todos y que la tierra no es de nadie"
Jean-Jacques Rousseau, Discursos sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad en los hombres. Segunda parte. 1755

La legitimidad histórica del capitalismo agrario esencialmente se encuentra en su efecto directo: la Revolución agrícola. Así como lo mostró Max Weber, la introducción de la idea de provecho individual permitió la emergencia del racionalismo en la producción, la fuente principal de la productividad:

"Cuando los frutos de todos son y que la tierra no pertenece a nadie, la tierra produce sólo brezos y bosques."
Jean-Baptiste Say

Los progresos de la agricultura capitalista fueron necesarios para alimentar a una población y el crecimiento exponencial (lo que pasa en Gran Bretaña, la población aumenta de 6 a 18 millones entre 1750 y 1850) hacía temer a los más pesimistas ( Thomas Malthus en particular) sobre un fin desastroso.

El advenimiento político del capitalismo

Según Braudel, el capitalismo puede establecerse profundamente sólo allí dónde las leyes se lo permiten y aseguran su desarrollo:

"Hay condiciones sociales que empujan y le dan éxito al capitalismo. Éste exige cierta tranquilidad del orden social, así como una cierta neutralidad, o debilidad, o complacencia del Estado."
La Dinámica del Capitalismo.

La constitución de economías capitalistas tales como las conocemos supuso entonces importantes cambios legislativos que instauraban la propiedad privada del capital y un mercado del trabajo. Estos cambios son sólo la manifestación de la toma del poder en el seno del Estado por la burguesía, una de las etapas esenciales de la lucha de clases.

Propiedad privada y medios de producción

En Gran Bretaña, el voto del Enclosure marca el advenimiento de la propiedad privada del capital, es seguido en el siglo XIX de la liberalización del accionariado. En 1825, la Bubble Act, que limitaba el tamaño de las empresas, es revocado. En 1856, la creación de sociedades anónimas es liberada de toda coacción. Es el principio de la dominación de las teorías del laissez-faire (dejar hacer), deseando limitar la intervención del Estado en la economía: ideología difundida en Gran Bretaña por los autores de la escuela clásica inglesa.[2]

En Francia, en respuesta a los movimientos revolucionarios de la capital, los castillos de los campos son asaltados a fines de julio de 1789 por los campesinos que discuten la propiedad señorial. En la noche del 4 de agosto de 1789, los privilegios de la nobleza son abolidos y la hacienda es abierta desde entonces a la burguesía, mientras que la desaparición de numerosos impuestos del Antiguo Régimen permite de (re)lanzar la inversión. El 26 de agosto, la propiedad privada, "bajo los auspicios del Ser supremo", es reconocida en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano como un derecho inalienable.

En los Estados Unidos, desde la colonización, la propiedad privada de las tierras fue la regla. No obstante, la legislación americana pudo mostrarse muy favorable hacia los menos ricos y supo, gracias a la inmensidad del territorio, hacer de la propiedad privada de la tierra una noción fundamental defendida por los más humildes (no esclavos). Una ley de 1862 les concede en efecto la propiedad privada de 160 agrimensuras a los pioneros. La Homestead Act, ofrece un jardín para que cultiven los europeos desprovistos, estimulando los flujos migratorios hacia los Estados Unidos.

Mercado del trabajo

En Gran Bretaña, los economistas antiguos de finales del siglo XVIII y de principios de siglo XIX van a concentrar sus críticas en las leyes establecidas con el fin de permitir la emergencia de leyes que favorezcan el mercado. Heredados del siglo XVII, las poor laws británicas ofrecían vía las parroquias una asistencia a los indigentes otorgándoles un trabajo de workhouses, incluso les daban de limosna algunos productos necesarios para su supervivencia. Los grandes clásicos de la economía ( Adam Smith, Thomas Malthus y David Ricardo) se ensañaron contra este sistema que impediría la movilidad de los trabajadores. En 1834, la casi derogación de estas leyes fuerza a los pobres a mudarse a la ciudad con el fin de evitar el hambre, encontrando por la venta de su fuerza de trabajo los recursos necesarios para su supervivencia.

En Francia, la constitución del mercado del trabajo y la libertad de los capitales es permitida en junio de 1791 por la Loi Le Chapelier, que prohíbe toda libertad de asociación: corporaciones, asociaciones y coaliciones (es decir sindicatos y paros).

En los Estados Unidos, es la 13º enmienda de la Constitución que abole la esclavitud el 18 de diciembre de 1865, que concluye la liberalización del trabajo en conjunto de los sectores de actividad.

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