Historia del Canal de Isabel II

Obras del Canal de Isabel Segunda en el puente de la Sima (fotografía de Charles Clifford).

La Historia del Canal de Isabel II es parte de la historia y evolución de la ingeniería hidráulica empleada en el abastecimiento de agua a la ciudad de Madrid. El suministro de agua ha pasado por dos etapas bien diferenciadas cuya frontera temporal es el inicio en 1851 de la construcción de la red denominada Canal de Isabel II.[2]​ se la denominó Canal de Isabel II. Su objetivo es abastecer de agua a la ciudad de Madrid y a los municipios que la rodean.

Los asentamientos iniciales de Madrid se ubicaron en una zona de abundantes aguas, suficientes para una población de miles de personas, pero esta decisión primitiva no contó con la evolución demográfica posterior. La demanda de agua crecía y el abastecimiento hídrico se convirtió en un problema desde el siglo XV. Madrid es una de las pocas capitales europeas que carece de un río funcional. El caudal del Manzanares no permite el abastecimiento y tampoco la comunicación fluvial.[5]​) del Canal de Isabel II se creó cuando Madrid planificaba un futuro Ensanche. Desde su nacimiento el Canal se ha enfrentado al reto de ofrecer suministro de agua a una población creciente.

Los orígenes del abastecimiento de Madrid

La evolución de los métodos extractivos de agua ha ido pareja a la evolución de la tecnología hidráulica empleada, si bien la demanda para el abastecimiento del agua está constantemente forzada por la creciente evolución demográfica de Madrid y de los usos higiénicos que paulatinamente se incorporan a las costumbres de la población. El uso de manantiales y arroyos pudo haber sido suficiente para la vida de las primeras poblaciones, siendo posible poco a poco incorporar nuevos elementos de recolección como los famosos viajes de agua. En estos periodos iniciales se piensa ya trasvasar agua a Madrid desde las cuencas vecinas, pero los proyectos son demasiado costosos para la época y finalmente se abandonan. No obstante la explosión demográfica de Madrid en el siglo XIX hizo que tuvieran que incorporarse necesariamente nuevos mecanismos de abastecimiento.

El periodo medieval

Uno de los lugares donde nacía el arroyo matrice: Plaza de Puerta Cerrada.

La abundancia inicial de aguas en la superficie, así como de aguas subterráneas, en los terrenos de Madrid era muy conocida desde antiguo, en algunos casos se indica como origen de su nombre en árabe: Maŷrit. Inicialmente se describe en 1202 en el Fuero de Madrid el arroyo matrice (arroyo madre en latín) procedente de las fuentes de Sancti Petri ( Plaza de Puerta Cerrada) y se regula sus diferentes usos, mediante multas, distinguiendo los tramos que son potables de los de uso artesanal. Este mismo arroyo es mencionado en los Libros de Acuerdos del Concejo madrileño (de los años 1478 y 1481). El arroyo matrice es posible tuviera su origen en la época visigótica y naciendo en el medio de la Plaza de Puerta Cerrada descendía por la Cava Baja hacia la Plaza de los Carros siguiendo un transcurso paralelo a la muralla. El arroyo de las Fuentes de San Pedro (que antiguamente era el arroyo matrice) discurría por la calle Segovia hasta desembocar en el Manzanares. Los musulmanes tradujeron el nombre inicial del arroyo matrice a maỹra (venero de agua). Este arroyo pudo haber sido, según los estudiosos, la primera fuente de abastecimiento de agua de Madrid.

El aprovechamiento del río Manzanares no era posible debido a dos razones: por un lado el bajo caudal y por otro el desnivel que poseía no era adecuado para su explotación efectiva.[6]​ El caudal exiguo del Manzanares era objeto de coplas. La expansión urbana del Madrid medieval se dirige al Noroeste, en posición opuesta al río, buscando nuevas fuentes de abastecimiento de agua. El crecimiento urbano hizo que la demanda de agua superara pronto el caudal del arroyo y pronto se empezaron a excavar pozos y a instalar norias. El agua extraída era salobre y de baja calidad (aguas gordas). Esta situación obligó a expandir la ciudad hacia el Noreste, es decir hacia Alcalá.

El abastecimiento de agua en las ciudades era un problema recurrente en los legisladores y los inventos tecnológicos que resolvieran el problema eran bien recibidos. Los ingenieros hidráulicos musulmanes pronto establecieron un sistema de captación de aguas subterráneas ideado en Persia cuyo nombre es Qanat. Los Qanat fueron una solución ideal y proporcionaron durante siglos un caudal suficiente a la creciente población madrileña. De esta forma sobre los ingenios en forma de norias, cocleas, azadas, etc. para sacar agua de los pozos del ingeniero Juanelo Turriano (1500? - 1585) ya se tiene noticia en Toledo al extraer agua del río Tajo, todos estos ingenios fueron muy populares en los inicios del siglo XVI.

La abundancia de aguas en Madrid es narrada por algunos autores, un ejemplo se tiene en Fernández de Oviedo que a principios del siglo XV menciona:

« (…) En muchas partes de esta villa, el agua está cerca de la superficie de la tierra, y muy someros los pozos, tanto que con el brazo, sin cuerda, pueden tomar el agua en ellos (…) Así que con razón se movieron á decir los antiguos que aquella villa está armada sobre agua ó fundada sobre agua, (…) ».

Los Qanat musulmanes fueron evolucionando a lo largo de los años en los denominadas viajes de agua. Los viajes eran definidos como los ríos artificiales que desembocan en aljibes y tuvieron un periodo de proliferación durante los siglos XVII hasta XVIII. Prueba de la importancia que tuvo el agua en Madrid, lo muestra que Isidro Labrador (patrón de Madrid) tuviera no sólo el oficio de pocero sino que además fuera famoso por ser capaz de detectar acuíferos.

Los viajes de Agua

El incremento de población durante el reinado de Felipe II hizo que escasease el agua potable. A todo ello cabe añadir que la tala y destrucción rápida de montes y prados que rodeaban entonces a Madrid, ocasionó la aridez del suelo y el consiguiente desecamiento de manantiales. La captación de aguas subterráneas para el abastecimiento de la población, mediante los viajes, fue el único sistema utilizado en Madrid desde su fundación en el siglo IX hasta mediados del siglo XIX.[8]​ Este viaje tras numerosas ampliaciones llegó a poseer una longitud de 26 kilómetros.

Los caños empleados en la conducción del agua eran barro cocido y vidriado por su interior, en el siglo XVII en rara ocasión se emplearon tuberías metálicas en grandes tramos. El sistema de viajes de agua consistía en una serie de túneles de tres tipos, el primero era un túnel de captación por debajo del nivel freático, los de conducción por encima de este nivel y los verticales de respiración. Cada pozo de respiración era tapado con "capirotes" de piedra en forma troncopiramidal (de tamaño de más de medio metro de alto). Este tipo de caños era muy conocido y en algunos casos se tienen diversas descripciones como: caños de Leganitos (ya citados por Cervantes), la fuente del Berro, Fuente de los Caños del Peral (ubicada en la actual Plaza de Isabel II y que se denominó también Fuente del Arrabal), etc. Estas fuentes dependían de la Junta de Fuentes y ésta directamente de la Corona. La Junta de Fuentes estaba presidida por el Corregidor. El cargo de Maestro Mayor de Fuentes era el que se encargaba de las obras de los viajes y se trataba de un cargo que solía recaer en el Maestro Mayor de Obras de la Villa.

El agua de los viajes poseía diversas concentraciones de sulfatos, sales diversas de cal, magnesia y carbonato de sodio. Precisamente el carbonato de sodio (sosa) era el ingrediente que proporcionaba al agua madrileña un sabor característico. Algunos autores investigaron las calidades de las aguas madrileñas, tal es el caso de Alfonso Limón Montero que en 1697 opina ser "blandas y delicadas al gusto". El sabor de las aguas madrileñas no siempre es del agrado de todos, así se narra que Isabel la Católica al no agradarle las aguas madrileñas se le hacía traer agua de La Alameda.[10]​ Las pandemias de cólera que afectaron a Madrid, mostraban una necesidad creciente de abastecimiento de aguas saneado.

Los viajes de agua funcionaron hasta el siglo XIX en el abastecimiento de aguas de Madrid y su caudal era en muchos casos considerable. Un ejemplo de su caudal lo muestran escritos de la época en los que al hacer operaciones de alcantarillado en la calle Arenal la rotura de un viaje hizo que se tuviera que bombear el agua con una veintena de bombas hidráulicas.[11]​ De la misma forma se tienen noticias de vías de agua inesperadas en la rotura de viajes de agua en las primeras obras de metro. A pesar de que los viajes del agua se cancelaron, en algunas ocasiones se seguían utilizando, el Canal de Isabel II suministró en ocasiones agua turbia y la población de Madrid acudió a las viejas fuentes, convirtiéndose en un problema de orden sanitario.

Los aguadores

Las fuentes públicas ubicadas en ciertas zonas de Madrid, eran abastecidas mediante el constante caudal de los viajes de agua. Tan solo aristócratas y órdenes religiosas se beneficiaban de caños privados que dirigían sus canalizaciones a terrenos privados. El resto de los madrileños tenía que acudir con depósitos y tinajas a las diversas fuentes existentes en la ciudad. La proporción era desigual, y de esta forma en 1727 los cuatro viajes principales de Madrid el 55% iba a parar a los 471 caños particulares, mientras que el resto se dedicaba a las 43 fuentes públicas. A dichas fuentes públicas se dirigían tanto los aguadores (transportadores de agua a pago), como los particulares. Esta confluencia de gente era causa constante de problemas. Las autoridades decidieron regular el acceso a los caños haciendo que existieran caños para los aguadores y para el público, existiendo incluso fuentes para uso exclusivo de unos, siendo prohibido su acceso a los otros. Se estima que para el número de fuentes públicas, eran cerca de novecientos el número de aguadores profesionales en Madrid. Se puede decir que casi la mitad de los caños públicos eran propiedad exclusiva de los aguadores.

Los aguadores madrileños era uno de los oficios más tradicionales de Madrid, la mayoría de ellos eran procedentes de Asturias, Galicia y en algunos casos de Francia. La idea que aparece en la documentación de la época es que eran pendencieros, bien fuese en riñas entre ellos o con el público que acude a las fuentes públicas. Las causas de la disputa eran las quejas ciudadanas acerca de la suciedad que causaban las mulas de transporte de agua, las caballerías arrollando a los transeúntes, etc. En las fuentes junto los aguadores, se reunían los criados y criadas de las casas acomodadas. El pintor Alenza pinta a algunos de estos aguadores en la Puerta del Sol.

En la época de Felipe II se comienza a regular su profesión no dejando que los cántaros de transporte sobrepasen los cinco azumbres de volumen. Los alfareros de Alcorcón elaboraban los cántaros de cinco azumbres, e incluían un sello especial para evitar las posibles falsificaciones de recipientes. Las regulaciones iban limitando poco a poco el oficio, de esta forma una vez al año el ayuntamiento subastaba la concesión de las fuentes. Los incendios de la Plaza Mayor de Madrid hicieron pensar al ayuntamiento que se les obligara a acudir en caso de incendio, llegando incluso a confiscar sus cántaros en caso de emergencia.

Existían diferentes tipos de aguadores, los que desplazaban su mercancía en carro: los chirriones (o de cuba). Los que desplazaban el agua mediante la ayuda de un burros (sobre los que se cargaban entre cuatro a cinco cántaros). Los que portaban el cántaro al hombro y que servía a domicilio. Los vendedores de agua fresca que llevaban un cántaro y un vaso por la ciudad, voceando su mercancía: "agua fresca". Estos últimos eran muy populares en las procesiones religiosas o actos públicos diversos. Posteriormente se introdujo la costumbre de servir el agua acompañada de unas gotas de anís, limón, azucarillos,

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