Historia de las campañas militares romanas

La columna de Trajano (concluida en 114 d. C.) es una monumento conmemorativo de alto valor histórico. En los relieves aparecen representadas más de 2000 figuras humanas que aportan valiosa información sobre el ejército romano y la campaña trajanea en la Dacia. Representa las victorias del emperador Trajano contra los dacios. Junto con los arcos de triunfo es uno de los legados históricos más llamativos de las campañas militares romanas que se han conservado hasta nuestros días.

La historia de la Antigua Roma —originalmente una ciudad-estado de Italia y después un imperio que cubría gran parte de Eurasia y el norte de África—, desde el siglo IX a. C. hasta el siglo V d. C., está muy ligada a su historia militar. El núcleo de la historia de las campañas militares romanas es el relato de las batallas terrestres del ejército romano, desde su defensa inicial y posterior conquista de las ciudades de las colinas vecinas de la península itálica, hasta la lucha final del Imperio romano de Occidente por su propia existencia contra los invasores hunos, vándalos y germánicos tras la división del Imperio en los Imperios de Oriente y Occidente. A pesar de que el Bajo Imperio se extendía por las tierras de la periferia del Mediterráneo, en la historia militar de Roma las batallas navales fueron, por lo general, menos significativas que las batallas terrestres, debido a su dominio casi incuestionable del mar tras las feroces luchas navales de la primera guerra púnica.

En primer lugar, el ejército romano luchó contra sus vecinos tribales y los pueblos etruscos de Italia; posteriormente llegó a dominar gran parte del Mediterráneo y más allá, incluyendo la provincia de Britania y Asia Menor en el apogeo del Imperio. Al igual que sucedió con la mayoría de las civilizaciones antiguas, el ejército de Roma sirvió para el triple propósito de asegurar sus fronteras, explotar las zonas periféricas mediante medidas tales como imponer tributos sobre los pueblos conquistados, y mantener el orden interno.[3] el segundo son las guerras civiles, que azotaron a Roma con frecuencia desde su misma fundación hasta su desaparición final.

Los ejércitos romanos no eran invencibles, a pesar de su formidable reputación y el gran número de sus victorias.[8]

Monarquía y primeros años de la República (756 a. C.-459 a. C.)

El rapto de las sabinas, de Nicolas Poussin, Roma, 1637–1638 ( Museo del Louvre).

Roma es casi única en el mundo antiguo en el sentido de que su historia, militar o no, está documentada en gran detalle casi desde la misma fundación de la ciudad hasta su final. Aunque, tristemente, algunas historias se han perdido, como el relato de Trajano de las guerras dacias, y otras, como las primeras historias de Roma, son como mínimo medio apócrifas, los relatos existentes de la historia militar de Roma son sin embargo extensos.

La primera de las historias, de la época en la que Roma se fundó como una pequeña villa tribal,[11]

Aunque el historiador romano Tito Livio enumera una serie de siete reyes de la Roma primordial en su trabajo Ab Urbe Condita, desde su establecimiento y a través de sus primeros años, los cuatro primeros «reyes» ( Rómulo,[19]

«Los sucesos anteriores a que la ciudad fuese fundada o planeada, que nos han sido transmitidos más como agradables ficciones poéticas que como registros fidedignos de los sucesos históricos, no los intento ni afirmar ni refutar. A la antigüedad le concedemos la indulgencia de hacer que el origen de las ciudades sea más impresionante al fundir lo humano con lo divino, y si algún pueblo debe poder santificar su origen y afirmar a los dioses como sus fundadores, sin duda la gloria del pueblo romano en la guerra es tal que, cuando se jacta de tener a Marte como padre... las naciones del mundo consentirían con esta afirmación igual que lo hacen bajo nuestro gobierno».
Livio, sobre la historia primordial de Roma[20]

La primera campaña, si se puede llamar así, en la que lucharon los romanos según este relato legendario es el rapto de las mujeres de varias villas cercanas, habitadas por el pueblo sabino, con el propósito de «engendrar a sus hijos»,[22]

Hubo más guerras contra Fidenas,[26]

Bajo los reyes etruscos Lucio Tarquinio Prisco,[36] una forma de gobierno basada en la representación popular, en contraste con el anterior reinado autocrático.

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