Historia de la observación lunar

El estudio de la Luna se remonta a los primeros tiempos de la historia humana, al ser el cuerpo celeste del Sistema Solar más cercano a la Tierra.

Antigüedad

En América, el pueblo tolteca adoraba al dios lunar Metzi, y existen referencias de los pueblos maya e inca sobre seres sobrenaturales a los que se adoraba y que tenían relación con el satélite terrestre. En el Perú, la capital del imperio Chimú se llamaba Chan Chan o Chimorr, que se traduce como "Ciudad de la Luna".

Los pueblos de Oriente ( asirios y babilónicos), excelentes observadores y matemáticos, determinaron el tiempo que invertía en su órbita alrededor de nuestro planeta llegando a proclamar que el tiempo que empleaba entre dos pasos sucesivos (mes sidéreo) era mucho más corto que el mes lunar; los babilonios idearon la semana de 7 días (quizás por existir siete astros errantes: cinco planetas y dos grandes dioses, el Sol y la Luna): probablemente eligieron el número 7 porque con bastante aproximación la Luna pasa por 4 períodos de 7 días en su ciclo mensual y en un año solar hay 13 ciclos lunares.

De estos pueblos de Oriente se conservan datos tanto de los eclipses solares como lunares, el más antiguo de los cuales puede remontarse al eclipse solar del 15 de junio de 763 a. C.

En la ciudad de Babilonia la casta sacerdotal, desde sus zigurats escalonados, se ocupó de seguir y medir los fenómenos celestes desde el 750 a. C. hasta bien entrado el siglo I de nuestra era: conocida era la fiesta del Sappatu, el plenilunio; este corpus observacional fue bien conocido por los astrónomos griegos posteriores. Una pequeña parte de los conocimientos babilónicos pasó al pueblo judío exiliado en Babilonia hacia el siglo VI a. C.

En China, los registros fiables de eclipses se pueden remontar sin duda al 720 a. C. Los conocimientos astronómicos en Egipto no alcanzaron el esplendor necesario hasta el nacimiento de la Escuela de Alejandría, famosa por su biblioteca y de carácter neoplatónico.

Uno de los directores de la citada biblioteca, Eratóstenes de Cirene, dejó una obra en la que nos habla de sus cálculos para establecer la medición de la circunferencia de nuestro planeta (cálculos que difieren en sólo 90 kilómetros de los actuales) y sobre la medición de la oblicuidad de la eclíptica. Compiló asimismo un catálogo con cerca de 700 estrellas y calculó datos de nuestro satélite. Eratóstenes determinó la distancia media entre la Tierra y la Luna en aproximadamente una tercera parte del valor verdadero.

Otros famosos selenógrafos de la antigüedad fueron Jenófanes de Colofón, quien hablaba de una Luna habitada que contenía ciudades y montañas, Hiparco de Nicea y Claudio Ptolomeo.

Hiparco de Nicea fue considerado el astrónomo más importante de su época, pues sus cálculos obtenidos desde la isla de Rodas le permitieron estimar la distancia entre la Tierra y la Luna con valores más exactos que los del griego Aristarco de Samos, considerado el precursor de Copérnico. Asimismo con sus estudios consiguió determinar el fenómeno denominado paralaje, consistente en el desplazamiento aparente de un determinado objeto cercano con respecto a una referencia más alejada y que se produce al observarlo desde dos puntos distintos.

Trescientos cincuenta años después, Claudio Ptolomeo representó con bastante exactitud la teoría lunar de Hiparco, haciendo que el centro de la órbita lunar girase alrededor de la Tierra dando una vuelta completa cada 9 años. Sus trabajos recopilatorios formaron una obra denominada "Composición matemática" que fue traducida al árabe con el nombre de " Almagesto", que es la consagración del sistema geocéntrico del mundo y que persistió hasta la llegada de Copérnico.

Ptolomeo descubrió una segunda irregularidad lunar que actualmente se conoce con el nombre de evección, situando a la Luna a una distancia de 59 radios terrestres y midiendo su diámetro con bastante precisión.

Desde la antigüedad se conoce la variabilidad del diámetro aparente de la Luna: los babilónicos así lo habían afirmado en sus estudios descritos en las famosas "Tablillas babilónicas", gracias sobre todo a la astronomía observacional y aritmética de sus mediciones, a diferencia de la que se realizaba en la antigua Grecia, más de meditación y geométrica que visual.

El sabio griego Tales de Mileto, uno de los "siete" y fundador de la Escuela Jónica, consideraba que la Luna estaba más cerca de nosotros que el Sol y que carecía de luz propia. Se dice que suponía a nuestro satélite de forma aplanada flotando en un inmenso mar y es famosa la anécdota que Heródoto cuenta sobre él: predijo el eclipse solar del 585 a. C. que terminó con la guerra entre Lidios y Medos.

Anaxágoras de Clazomene y Anaxímenes de Mileto, ambos filósofos, imaginaban a la Tierra flotando en el espacio: el primero suponía que la Luna era una gran masa pétrea, con posibilidad de ser habitada y mucho mayor en extensión que la Grecia continental, que poseía una orografía similar a la de nuestro planeta (estas afirmaciones le supusieron el destierro, acusado de ateísmo, muchos años antes que Galileo Galilei).

Anaxímenes se contentaba con afirmar que la Tierra era un disco y que flotaba en el aire; suponía también que el Sol y los planetas serían tan aplanados como nuestro mundo y que tenían unas trayectorias que se curvaban debido al rozamiento y resistencia del aire o que las estrellas eran "clavos dorados" pinchados en una esfera cristalina.

Pitágoras de Samos, calculó la distancia que separaba a nuestro planeta de la Luna en 126.000 estadios (unos 23.000 kilómetros); Filolao (discípulo del primero) fue mucho más lejos que sus maestros y supuso la existencia de una "anti Tierra" ( Antichton) que giraba de forma diametralmente opuesta a nuestro planeta y alrededor de un "fuego central" que nunca era visible por encontrarse siempre en el hemisferio opuesto al de nuestro mundo.

Eudoxo de Cnido, fijó la duración del año solar en 365 días y 6 horas, Celarco supuso que la Luna era un gran espejo en el cual se reflejaban los mares y continentes de la Tierra y Demócrito de Abdera fue más allá y atribuyó a las manchas visibles el origen de "sombras" de grandes montañas y cordilleras.

Posteriormente ve la luz la obra " Almagesto" (la Gran Sintaxis) editada por el matemático persa Abul Wefa, que fue tomada durante muchos años como una traducción del libro de Tolomeo si bien en realidad es una obra original, la segunda parte de la cual está dedicada por completo a la Luna.

El árabe Albategnius, también conocido como Al-Batani, calculó 4 eclipses y determinó los diámetros máximos y mínimos de la Luna y el Sol.

Los astrónomos de la antigüedad no llegaron a conocer de forma completa a nuestro satélite, trascurriendo los 1.300 años siguientes en la ignorancia, salvo algunos islotes aislados como Roger Bacon o Leonardo Da Vinci teniendo como eje central de la Astronomía al famoso libro de Claudio Tolomeo "Almagesto", y no sería hasta bien llegado el siglo XV en que de nuevo la Selenografía volvería a tener un nuevo impulso con la aparición de los primeros mapas lunares y por supuesto en el XIX con la llegada de la fotografía.

La aparición del telescopio supuso un adelanto en la observación lunar, y existen datos que confirman que los árabes conocían el efecto de las lentes.

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