Historia de la ciudad de Paraná

Paraná es la capital de la provincia de Entre Ríos, en la República Argentina. Fue formándose en la época de la colonización española bajo el nombre de La Bajada, pero no fue fundada como ciudad, sino que su poblamiento fue muy gradual. Entre 1853 y 1861 fue la capital de la Confederación Argentina.

Los primeros europeos que avistaron La Bajada del Paraná fueron los 130 que iban en la expedición de Sebastián Caboto por el río Paraná a fines de diciembre de 1527. La galeota Santa Catalina (al mando de Caboto y pilotada por Juan Alvarez) y el bergantín San Telmo (al mando de Miguel de Rifos y pilotado por Antonio Montoya) habían partido del fuerte de Sancti Spiritu el 23 de diciembre de 1527.

Poblamiento desde Santa Fe

El 15 de noviembre de 1573 Juan de Garay fundó la ciudad de Santa Fe, asignándole por jurisdicción de su cabildo la mayor parte del territorio entrerriano:

(...) por jurisdicción de esta ciudad: por la parte del camino del Paraguay hasta el cabo de los anegadizos chicos, y por el río abajo, camino de Buenos Aires, veinte y cinco leguas más debajo de Sancti Spíritu, y hacia las partes de Tucumán cincuenta leguas a la tierra adentro desde las barrancas de este rio y de la otra parte del Paraná otras cincuenta.[1]

Al momento de la fundación de Santa Fe Garay distribuyó mercedes de tierras e indígenas desde el arroyo Antonio Tomás al norte hasta el arroyo Doll al sur entre 8 de sus colaboradores que habían aportado recursos económicos a la expedición fundadora, quedándose también con una estancia. Las estancias otorgadas por estas mercedes comenzaron a ser ocupadas en 1574.[2] A Diego Bañuelos le tocó un campo de una legua de frente por una legua y media de fondo en La Bajada del Paraná, tierras que en 1590 fueron embargadas en favor de Hernandarias, otorgándoseles a la Compañía de Jesús dos solares que fueron posesionados por el superior de la orden, Juan Romero, en 1596.

El territorio entrerriano quedó incluido en la gobernación del Río de la Plata en virtud de la cédula real del 16 de diciembre de 1617, que subdividió la gobernación originariamente otorgada a Pedro de Mendoza.

En 1632 Hernandarias firmó un acuerdo de paz con el cacique charrúa Yasú que vivía en las cercanías de La Bajada, reduciendo a los integrantes de su tribu, quienes permanecieron por un siglo en torno a La Bajada. El establecimiento de la población se vio favorecida por este acuerdo.

En 1638 los herederos de Juan de Garay recibieron mercedes de tierras con un total de 12 leguas de costa sobre el río Paraná al sur del arroyo Antonio Tomás en donde terminaba la estancia de Hernandarias, hasta la Punta Gorda en Diamante, correspondiéndoles 3 leguas de costa a cada uno y con una profundidad igual a las demás estancias existentes. En 1659 Cristóbal de Garay -uno de los herederos- vendió a la Compañía de Jesús otras dos de las estancias heredadas, y con ellas formaron la Estancia San Miguel entre el arroyo las Conchas y el arroyo de la Ensenada en Punta Gorda.[3]

En 1649 se dispuso el traslado de Santa Fe, que se ubicaba muy cerca de lo que actualmente es Cayastá, hacia el sitio actual de Santa Fe de la Vera Cruz. El proceso de traslado de la población fue muy extenso debido a la pobreza de la misma, finalizándose recién en 1660. En lo que primero se llamó Baxada de Santa Fé y luego Baxada del Paraná es donde las personas que viajaban hacia la ciudad de Corrientes, Paraguay y las Misiones debían hacer pie para dirigirse por tierra, ya que desde allí existía un camino desde fines del siglo XVI que seguía la margen oriental del río Paraná hasta el Paso del Rey (hoy Paso de la Patria en Corrientes).

Pronto se fueron instalando establecimientos ganaderos en la otra banda, un lugar que resultó ser relativamente tranquilo y servía de abastecimiento de leche y miel a la ciudad de Santa Fe.

En 1662 el gobernador del Río de la Plata, Alonso Mercado y Villacorta, firmó un tratado de paz con tribus cayaguatáes, tocagües y vilos, por las cuales estas debían retirarse dos leguas al sur de La Baxada.

Todos estos acuerdos con los pobladores originarios favorecieron el desarrollo de la incipiente población, formada por españoles, criollos, mestizos e indios reducidos y encomendados que eran enviados desde Santa Fe.

Por disposición del cabildo de Santa Fe con fecha a 15 de julio de 1671 los tocagües pertenecientes a la encomienda del maestre de campo Francisco Arias de Saavedra se aceptarían en la banda oriental del Paraná, por ser más propicia para establecer dicha tribu.

Luego de un largo pleito en 1679 se hizo una transacción por la que la estancia jesuita San Miguel -que incluia La Bajada- fue cedida a los herederos de Hernandarias (representados por Gerónimo Luis de Cabrera) a cambio de 20 leguas desde la boca del arroyo Feliciano hacia el norte que pasaron a la Compañía de Jesús.

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