Historia de la Unión Cívica Radical (1916-1930)

Entre 1916 y 1930, la Unión Cívica Radical (UCR) formó los gobiernos nacionales de la República Argentina.

En 1916 se eligió por primera vez en Argentina al presidente de la Nación utilizando el sistema de voto secreto y obligatorio para todos los hombres mayores de 18 años, establecido por la Ley Sáenz Peña.

En las elecciones de 1916 triunfó la Unión Cívica Radical resultando elegido presidente Hipólito Yrigoyen. A partir de entonces se abriría una serie ininterrumpida de tres presidencias radicales, la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen (1916-1922), la presidencia de Marcelo Torcuato de Alvear (1922-1928) y la segunda presidencia de Hipólito Yrigoyen (1928-1930), siendo este el mayor período de tiempo consecutivo que la UCR se mantuvo en el poder. La última de las mencionadas presidencias fue interrumpida por un golpe de estado militar producido el 6 de septiembre de 1930, encabezado por el general José Félix Uriburu.


El primer gobierno de H. Yrigoyen (1916-1922)

Hipólito Yrigoyen.

El triunfo electoral significó la llegada a la conducción de diferentes ámbitos estatales, de un amplio sector social que hasta ese momento estaba excluido de los puestos públicos de dirección. Se trataba de sectores medios, sin grandes recursos económicos, ni conexiones con las clases altas. La presencia de funcionarios "sin apellido"' Durante el primer gobierno de Yrigoyen el impresionismo estuvo en minoría en el Congreso militar: en la Cámara de diputados 145 miembros eran radicales y 129 opositores, mientras que en el Senado sobre 58 miembros solo 2 eran radicales.[1]

Aún en minoría, Yrigoyen mantuvo una actitud poco proclive al diálogo y la negociación, no sólo con los partidos tradicionales conservadores que controlaban el Senado, sino que también con los nuevos partidos populares que adquirieron protagonismo a partir del voto secreto: el Partido Socialista y del Partido Demócrata Progresista.

Yrigoyen gobernó prácticamente sin recurrir al Congreso y puso en práctica una política generalizada de intervenciones al gobernador con el fin de debilitar a la oposición. Prácticamente todas las provincias fueron intervenidas, con excepción de Santa Fe, Buenos Aires y Jujuy.[2]

Por otra parte Yrigoyen impuso un estilo de conducción muy personalista y directo, en el que sus ministros aparecían con escasa autonomía. La oposición, y más adelante un amplio sector de la UCR, criticaría severamente este estilo, que fue denominado como personalista.

Durante su gobierno Yrigoyen impulsó una serie de políticas que en conjunto implicaban una tendencia transformadora.

Política económica

YPF sentó las bases del nacionalismo económico.

El importante historiador del radicalismo Gabriel del Mazo, dice que el gobierno de Yrigoyen se caracterizó por su "Plan de Tierra y Petróleo",[3] en la que el Estado se reservaba un rol de intervención decisivo. El radicalismo mostró una tendencia económica que se apartaba del liberalismo clásico, a partir de la idea de intervención del Estado en la economía. El nacionalismo económico de Yrigoyen resulta claramente expuesto en los fundamentos al veto de la ley ferroviaria que la oposición conservadora logró sancionar en 1920, donde dice:

La política del P.E. es mantener en poder del Estado la explotación de fuentes naturales de riqueza, cuyos productos son elementos vitales del desarrollo del país... El Estado debe adquirir una posición cada día más preponderante en las actividades industriales que respondan principalmente a la realización de servicios públicos.

Sin embargo Yrigoyen debió enfrentar en la Argentina los problemas derivados de la Primera Guerra Mundial. Su política fue mantener la neutralidad, que implicaba en términos económicos continuar con el abastecimiento de aliados, clientes tradicionales.Las naciones en guerra demandaban alimentos baratos(como la carne enlatada) y algunos artículos industriales (como frazadas).Se estancaron, en cambio las exportaciones de maíz y carne refrigerada (mejor calidad que la enlatada)

Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF)

La decisión más destacada del gobierno radical fue la creación en 1922 de la empresa estatal petrolera Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), que en el futuro sería la más grande del país y llegaría a emplear 50 000 trabajadores. Marcelo T. de Alvear designó al General Enrique Mosconi al frente de la misma, y abrió toda una línea de políticas económicas nacionalistas y anti-monopolio. Desde entonces el radicalismo haría de YPF una bandera ideológica.

La tierra

El gobierno de Yrigoyen logró que se sancionasen una serie de leyes de arrendamientos rurales para proteger a los colonos y chacareros frente a los grandes propietarios de tierra. En el mismo sentido reorganizó el Banco Hipotecario Nacional para apoyar con crédito subsidiado a los pequeños propietarios rurales. En 1918, por primera vez, el Estado intervino como vendedor único de la cosecha de cereales en el exterior.

Otras medidas de nacionalismo económico

Yrigoyen creó la Marina Mercante Nacional. Impulsó también una política de expansión y fortalecimiento de los ferrocarriles estatales, y se enfrentó con las poderosas empresas ferroviarias extranjeras al vetar la ley de formación de una empresa de ferrocarriles mixta, sancionada por la oposición. Realizó el llamado Tren de las Nubes (Huaytiquina), del Ferrocarril General Belgrano, conectando Salta con el océano Pacífico en Antofagasta ( Chile), a través de la cordillera de los Andes, una gigantesca obra de ingeniería.

En 1918 comienza el movimiento de Reforma Universitaria.

Política educativa

Durante el gobierno de Yrigoyen estalló en Córdoba el movimiento de Reforma Universitaria de 1918. Varios jóvenes radicales participaron en el movimiento como Gabriel del Mazo, uno de sus líderes principales. Yrigoyen apoyó los reclamos de autonomía universitaria y cogobierno estudiantil y aprobó los primeros estatutos reformistas.

Política internacional

La política internacional de Yrigoyen fue motivo de fuertes discusiones, incluso en el seno del radicalismo. Yrigoyen básicamente sostuvo una política que puso un fuerte acento sobre la cuestión de la autodeterminación e igualdad de las naciones, frente a las grandes potencias. La oposición interna y extrapartidaria criticó reiteradamente las decisiones del radicalismo en materia de política exterior, utilizando el argumento de que llevaría al aislamiento del país.[4] Sobre esa base:

  • Mantuvo la neutralidad en la Primera Guerra Mundial pero con fuertes reclamos a los países beligerantes de ambos bandos.
  • En 1917, convocó a un Congreso de Naciones Latinoamericanas no beligerantes para fijar una posición común frente a la Primera Guerra Mundial, que fracasó debido a la fuerte oposición de Estados Unidos.
  • Frente al Tratado de Versalles y la creación de la Sociedad de Naciones, la posición argentina fue sostener la separación entre ambos actos: el Tratado era una cuestión que debería limitarse a los países que lucharon, mientras que la Liga de las Naciones, por el contrario, debería ser una asociación igualitaria y voluntaria de todas las naciones del mundo. El rechazo de la posición argentina, fundamentalmente impulsado por las naciones imperiales europeas, en una época en que los pueblos de África y Asia aún continuaban gobernados por el colonialismo europeo, llevó a un polémico retiro de la delegación nacional.

Política laboral

La política laboral del gobierno radical fue sumamente contradictoria. Por un lado impulsó la sanción de leyes laborales y mandó al Congreso en 1921 un proyecto de Código del Trabajo, en un sentido coincidente con los reclamos que los socialistas y el movimiento obrero venían realizando desde décadas atrás. Actuó además como mediador en numerosos conflictos laborales, promoviendo la negociación de acuerdos basados en la justicia social.

Pero, por otro lado, mantuvo relaciones muy conflictivas con el Partido Socialista, que tenía una importante representación parlamentaria, y con el sector mayoritario del movimiento obrero, negándole su derecho a representar a los trabajadores argentinos en el acto de constitución de la OIT (1919), por lo que el gobierno argentino fue seriamente reprendido por el organismo internacional.[5]

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