Historia de Suiza

Las primeras noticias históricas sobre las tierras de la actual Suiza aparecen con Julio César en su « La guerra de las Galias». Después de las Grandes invasiones que bosquejaron las barreras lingüísticas del país, se formaron alianzas entre pequeños estados durante la Edad Media, entre 1291 y 1332, con la finalidad de formar la Confederación de los III Cantones, la cual fue la primera etapa para formación de la Confederación Suiza. Luego de sucesivas alianzas de defensa hasta 1481 se constituyó la Confederación de los VIII Cantones. En los siglos siguientes, se construyó progresivamente la Confederación de los XIII Cantones hasta que alcanzó su independencia en 1648. Suiza obtuvo un estatus Federal en 1803 al ser dividida y reorganizada como República Helvética durante la ocupación de la Francia Revolucionaria gracias a Napoleón Bonaparte. Suiza se constituyó en veintidós cantones hasta su liberación en 1815 y, más tarde durante una guerra civil y religiosa, emerge el Estado federal en 1848. Debido a su política de neutralidad Suiza atravesó el siglo XX sin participar en guerra alguna.

Desde 1848, la Confederación Suiza ha sido un Estado federal formado por cantones relativamente independientes, algunos de los cuales han permanecido confederados desde hace más de siete siglos, por lo que se puede considerar a Suiza como una de las repúblicas más antiguas del mundo.

Historia antigua

Prehistoria

Hay evidencias arqueológicas que sugieren que pueblos dedicados a la caza-recolección se instalaron en los valles al norte de los Alpes al fin del Paleolítico. En la era Neolítica, esta región estaba relativamente muy poblada. Se han encontrado restos de construcciones paláfiticas o lacustres (sobre pilotes) en las zonas poco profundas de muchos lagos. Hacia el año 1500 a. C., arribaron a esta zona tribus de origen celta. Los retios o recios habitaron en la zona este, mientras que los helvecios se asentaron en el oeste.

Los primeros indicios de ocupación del territorio de Suiza se remontan al Musteriense (100 000 a.C.) y a la aparición de varias piezas arqueológicas de culturas como Aziliense, Sauveterriense, Tardenoisiense, los principales vestigios datan de la era Neolítica junto con la aparición de la agricultura, milenio VI antes de Cristo. En el periodo Neolítico medio aparece la cultura del bronce, caracterizada por los poblados lacustres y poblados ribereños, en particular de la cultura campaniforme la cual se sitúa al borde del lago Neuchâtel y en la bahía de Zúrich en donde se descubrieron las ruedas más antiguas de Europa, que datan de 2500 años antes de Cristo. Estos pueblos contaban hasta con una centena de habitantes, que los abandonaron al final del siglo IX antes de Cristo con la cultura de Hallstatt.

Desde la edad del hierro, los Celtas ocupan el territorio trayendo con ellos las técnicas del hierro y desarrollando artes tales como la cerámica y la joyería. La segunda parte de la edad del hierro, se denominó “período de La Tène” nombre que se deriva de un lugar situado actualmente en el cantón de Neuchâtel descubierto en 1857. Algunos nombres de lugares actuales son de origen Celta como: Nyon o Yverdon.

A continuación llegó la inmigración de la tribu germánica de los Cimbrios o Cimbros, que dejan Jutlandia hacia 115 a.C. en dirección al sur[2]

Originalmente nómadas, las tribus se sedentarizaron progresivamente, aunque dos de ellas se unieron a los Cimbrios, en 107 antes de Cristo, durante su expedición al suroeste de la actual Francia. Empujados por los Cimbrios, la tribu helvética de los Tigurins desciende el valle de Ródano encabezados por su joven jefe Divico. A orillas del Garona, en 107 a.C., se enfrentan y vencen a un ejército romano, cuyos soldados sobrevivientes tuvieron que pasar bajo un yugo en señal de derrota. Como represalia, Roma envía un nuevo ejército mandado por Cayo Mario quien se enfrenta a los germanos el 102 a.C. y los extermina casi totalmente en la batalla de AquaeSextiae (actualmente Aix en Provence); los tigurios fueron forzados a regresar y establecerse en la región de Avenches.[durrenmatt 2]

Poco antes de la guerra de las Galias, habitan el territorio que es actualmente Suiza diversas poblaciones celtas. Por un lado, el altiplano suizo está ocupado principalmente por los helvecios, una parte de Jura y la región de Basilea está en las manos de los ráuracos, los retios y los grisones ocupan una parte de la Suiza oriental. El Tesino poblado de leponcios mientras que el Valais actual está dividido entre los nantuates, los veragros, los sedunos y los uberios; Ginebra es un oppidum de los alóbroges. Julio César, aunque nunca estuvo allí, en sus Comentarios sobre la guerra de las Galias, describe el territorio de los helvecios, como limitado de un lado por el Rin [...], del otro por el Jura [...] y de un tercero por el lago Léman y el Ródano.[3] César describe cuatro tribus helvéticas y 12 poblaciones de las cuales una de ellas está situada en uno de las orillas del río Aar, la que es actualmente la ciudad de Berna.

A mediados del siglo I antes de Cristo, los helvecios emigran hacia el país de la tribu gala de los sántonos, en el oeste de la actual Francia. Aunque las razones de esta decisión no se conocen con certeza, entre los diversos motivos que habrían podido llevar a esta migración es la falta de tierras y la ambición del cabecilla Orgétorix.[4] Julio César, entonces procónsul de la Galia Narbonense, los combate en la batalla de Bibracte (58 antes de Cristo) y les obliga a regresar a su tierra donde deberán defender la frontera de Rin contra las invasiones germánicas. En el 52 antes de Cristo, según César, los helvecios envían refuerzos a Vercingétorix.

Época clásica: el Imperio romano

El territorio helvético bajo dominio romano
Organización del territorio por los Romanos

Los romanos van integrando progresivamente a los helvecios en el naciente Imperio mediante la fundación de una colonia de veteranos en Nyon, después bajo el reinado de Augusto, de Augusta Raurica cerca de Basilea, en el territorio helvético que pertenece desde entonces a la Galia Bélgica. Solo las tribus del Valais y los réticos permanecen independientes hasta que fueron conquistados por Tiberio y Claudio hacia el 7 antes de Cristo, que unificaron en la provincia de Recia cuya capital es Augsburgo.

En el siglo I, la orilla norte del Rin es una zona fronteriza estratégica del Imperio romano: está ocupada militarmente y defendida por campamentos militares permanentes, como en Augusta Raurica

La red viaria se consolida, se crean ciudades nuevas como Forum Claudii Vallensium (actualmente Martigny) mientras que las élites celtas se romanizan. El antiguo oppodium principal de los helvecios, Aventicum (actualmente Avenches), elevado al rango de colonia en 73, se convierte progresivamente en la principal ciudad de la región.[5] Hacia el 47, el Valais se convierte en una provincia autónoma, los Alpes Peninos, y el territorio de los helvecios se suma en el 89 a la provincia de Germania Superior cuya capital era la actual Maguncia.

Entre el siglo I y el II la paz romana reina en el imperio; las fronteras habían avanzado hacia el norte y Suiza ya no era entonces zona fronteriza. Mientras el latín se generaliza, el territorio conoce un periodo de prosperidad económica. El cristianismo llega desde Italia y se extiende progresivamente en todo el territorio, apareciendo las primeras iglesias en Ginebra y Martigny y sedes episcopales en Basilea, Martigny, Ginebra y Coira entre el 350 y el 400. Los misioneros cristianos fundaron muchas comunidades religiosas, particularmente en Saint-Ursanne, en Romainmôtier y también, el monje Galo se establece al sur del lago de Constanza, donde años más tarde se levantará la abadía que lleva su nombre.

Los germanos

Hacia el final del siglo III, entran en el actual territorio suizo invasiones bárbaras de alamanes de Germania Magna, especialmente en 260, cuando saquean numerosas ciudades, se dirigen progresivamente al Rin, a lo largo de lo cual los emperadores romanos del IV siglo construyen barreras defensivas (fortalezas y torres de vigilancia). Progresivamente desde 401, la población inquieta migra hacia el sur y abandona las ciudades de Nyon, luego de Augusta Raurica, al tiempo que las tropas romanas abandonan el Rin marchando al sur de los Alpes, y abandonando también definitivamente el territorio de Suiza a los pueblos germánicos llamados “Federales”, respectivamente el pueblo burgundio luego los alamanes.

Con la caída del Imperio romano entraron las tribus germánicas en la zona. Los burgundios se establecieron en el oeste, mientras que en el norte los alamanes forzaron lentamente a la población celto-romana a retirarse a las montañas. Los burgundios formaban parte del reino de los francos en 534. Dos años más tarde, el ducado de los alamanes siguió su camino. En la región bajo control alamán, sólo permanecieron comunidades cristianas aisladas. La misión hiberno-escocesa reintrodujo la fe cristiana a principios del siglo VII.

Bajo el reinado de los reyes carolingios, el feudalismo proliferó, y los monasterios y obispados se constituyeron en bases importantes para mantener el poder. El Tratado de Verdún de 843 otorgó la alta Borgoña (la parte occidental de la Suiza actual) a Lotaringia y el reino alamán (la parte oriental) al reino oriental de Luis el Germánico, que formaría parte del Sacro Imperio Romano Germánico.

La Alta Edad Media

Hacia 443, los burgundios se establecieron al oeste del país en una región llamada Sapaudia («país de los abetos»), que corresponde a Saboya y hacen de Ginebra una de sus capitales. Los burgundios se asimilan a la población galo-romana conservando el latín como idioma y transformando progresivamente su territorio en un reino (poco después de que Odoacro haya depuesto al último emperador romano Rómulo Augústulo en 476) y extendiéndose de forma considerable en el valle del Ródano, el Cantón del Valais y los puertos alpinos.[6]

A partir de 260, los alamanes se habían establecido progresivamente en el centro y el este del país buscando tierras cultivables e imponen allí sus dialectos germánicos. La frontera entre las dos tribus se fija entre los siglos VIII y IX. Los Alpes orientales se ven poco afectados por estas invasiones y mantienen incluso hasta hoy un dialecto del latín vulgar, el romanche también llamado retorrománico. La zona del Tesino, en el sur de la actual Suiza y parte de Galia Cisalpina, permanece bajo el control de la península itálica.

En 534, los francos vencen al rey burgundio Segismundo y se anexionan su reino, propiciando la instalación de los alamanes, a los que habían vencido previamente. Los francos conquistarán la Recia en 550, completando así su toma de control del conjunto del territorio helvético.

Territorios de Borgoña y de Suabia hacia el año 1000.

El territorio suizo forma parte del imperio de Carlomagno antes de convertirse en parte del Reino de Borgoña, al desmembrarse la Francia Media después de verse dividida entre los ducados de Borgoña al oeste y de Suabia al este. El feudalismo se impone al final del siglo IX cuando varias familias tratan de asentar su autoridad sobre diferentes partes del territorio: los condes de Saboya sobre el Vaud, Ginebra (cuyos condes son depuestos) y Valais, los condes de Gruyère sobre el interior del territorio de Friburgo, los Zähringen que fundan numerosas ciudades entre ellas Friburgo y Berna, los Kiburg se instalan en la Meseta suiza, los Hohenstaufen y los Habsburgo en la región de Zúrich hasta el paso de San Gotardo.

La habilitación del paso de San Gotardo, entre Uri y el Tesino, con la ayuda de los Walsers[n 1] inmigrantes recientes y expertos en construcción de caminos, al inicio del siglo XII, tiene consecuencias importantes: el puerto del Gran San Bernardo en Valais pierde importancia en el tráfico internacional, lo que provoca una crisis económica de dos siglos en el Valle del alto Ródano. En recompensa por este trabajo, el Uri obtiene “por servicios prestados al emperador” la Inmediación Imperial que los independiza prácticamente de los Habsburgo, enriqueciéndose por los peajes y la venta de servicios (guías y posadas) lo que aviva evidentemente la codicia de los Habsburgo.

La omnipresencia y el poder de los Habsburgo unidos a su voluntad de extender sus dominios y arrebatar las riquezas de los pequeños ducados y condados suizos preocupan a la pequeña nobleza local, que no tiene sin embargo la importancia necesaria para oponerse a su poder, por lo que no le queda otra opción que servir a los “extranjeros” para sobrevivir. Por su parte, los campesinos pobres soportan cada vez peor los pesados impuestos que deben pagar para beneficio exclusivo de una aristocracia extranjera que les impone sus leyes sin tener en cuenta sus costumbres tradicionales. Los Waldstätten (literalmente «Comunidades del Bosque», agrupación de los cantones primitivos) de los valles del Lago de los Cuatro Cantones o Lago de Lucerna, trataron en 1240 de oponerse a esta amenaza con una revuelta, pero fracasan y son duramente reprimidos, al igual que las ciudades de Berna y sobre todo Zúrich que acaban casi en ruinas.

Other Languages