Historia de Libia

Libios antiguos representados por los egipcios.

Libia es el nombre que dieron los africanos hasta entonces conocida y de manera muy particular a la costa africana del Mediterráneo.

Las primeras menciones que aparecen de Libia en la historia, se refieren a los guerreros libios contratados como mercenarios por el Antiguo Egipto, en el primer milenio antes de la era común. Los fenicios establecieron ciudades en la parte occidental de la franja costera de lo que hoy es Libia, en tanto que los griegos hacían lo propio en la parte oriental. Más tarde, la franja costera formó parte del Imperio romano, del reino vándalo de Genserico y del Imperio bizantino. En el 643, la zona cayó bajo el dominio de los árabes. Posteriormente el territorio pasó a formar parte, con una relación más o menos estrecha, del Imperio otomano ( siglo XVI). En 1912 se convirtió en una colonia italiana

Libia antes de la conquista árabe

Teatro romano de Leptis Magna.

El territorio de la moderna Libia tiene historias separadas hasta la época romana, como Tripolitania y Cirenaica, ambas en la costa. El interior de la actual Libia estaba en manos de tribus bereberes asentadas en los oasis.

Tripolitania fue originalmente un grupo de colonias fenicias establecidas durante el siglo V a. C. que luego pasaron a depender de Cartago. Los fenicios fundaron en la zona tres grandes colonias: Oea (actualmente Tripoli), Labda (más conocida por el nombre que posteriormente le dieron los romanos: Leptis Magna) y Sabrata, en un área que vino a conocerse colectivamente como Tripolis (tri + polis, Tres Ciudades). Cartago y sus territorios africanos (entre los que se encontraba Trípoli o Tripolitania, como le llamaron los romanos) cayeron bajo el dominio de Roma en 146 a. C. después de la tercera guerra púnica. Sin embargo, la Tripolitania no fue integrada en el imperio, sino asignada a un aliado de Roma, el rey de Numidia. Un siglo más tarde, Julio César depuso al rey de Numidia, pues había apoyado a su rival Pompeyo en las guerras civiles de Roma, y anexionó su territorio al Imperio romano, organizando Tripolitania como una provincia.

La importancia económica de Trípoli venía de su carácter como puerto terminal de las rutas de caravanas que cruzaban el Sahara y unían la costa mediterránea con el lago Chad y Tombuctú.

Al otro lado del golfo de Sirte, la Cirenaica fue colonizada por los griegos, antes territorio de cultura egipcia, Imperio del que había formado parte durante miles de años en diferentes intervalos. Colonos dorios fundaron Cirene en el siglo VII a. C. en una fértil meseta unos 20 kilómetros tierra adentro con lluvias regulares. Durante los siguientes doscientos años, otras cuatro importantes colonias griegas se establecieron en el área: Barca (Merj), Euespérides (más tarde Berenice, actualmente Bengasi), Taquira (más tarde Arsinoe, actualmente Tocra) y Apolonia de Cirene, el puerto de Cirene. Junto con Cirene, se las conoció al conjunto como Pentápolis. La fértil planicie costera donde se hallan toma el nombre de la más próspera de dichas ciudades, Cirene.

Las ciudades griegas de Pentápolis resistieron los intentos de anexión egipcios y cartagineses, pero en el año 525 a. C., el ejército de Cambises II (hijo de Ciro el Grande, rey de Persia), tras conquistar Egipto, llegó también hasta la Cirenaica, la cual permaneció bajo dominio egipcio (gobernado o no éste por los persas) durante los dos siguientes siglos. Más tarde, en el 331 a. C., Cirene fue conquistada por Alejandro Magno, incorporándose posteriormente al Egipto ptolemaico. Ptolomeo VIII legó la Cirenaica a su hijo natural Ptolomeo Apión el cual, a su muerte, en 96 a. C., dejó su reino en herencia a Roma. Cirenaica se convirtió en una provincia romana que también incluía Creta en el 74 a. C.

Independientemente de los avatares políticos, la economía y la cultura florecieron en la Pentápolis. Cirene se convirtió en uno de los centros artísticos e intelectuales del mundo griego. Por ejemplo, durante el siglo IV a. C. floreció la escuela cirenaica, una escuela filosófica que enseñaba una doctrina hedonista que definía la felicidad como la suma de los placeres humanos, probablemente tomando inspiración del suave clima de la zona.

Durante más de 400 años, Tripolitania y Cirenaica fueron prósperas provincias romanas. Prueba de ello son las imponentes ruinas de Leptis Magna (donde nació el emperador romano Septimio Severo), cerca de la actual Trípoli, testigos de la vitalidad de la región, donde populosas ciudades e incluso ciudades más pequeñas disfrutaron de las ventajas de la vida urbana, del mismo modo que en cualquier otro rincón del imperio. Sin embargo, el dominio romano se circunscribió a la costa, dejando el interior a las tribus bereberes (por ejemplo, hasta finales del siglo I d. C., no fue ocupada la árida costa del golfo de Sirte, permitiendo la comunicación por tierra entre ambas provincias). No obstante, ambas zonas conservaron características diferentes: púnica la primera, griega la segunda.

Bajo el dominio ptolemaico, se había creado en Cirenaica una gran comunidad judía, cuyo tamaño se había visto incrementado con la llegada de miles de deportados tras la fallida rebelión judía contra los romanos y la destrucción de Jerusalén (año 70). En el 115, los judíos de la Cirenaica se alzaron en una sublevación que pronto se extendió a Egipto y Palestina. La rebelión no fue sofocada hasta el 118, no sin que antes Cirene fuese asaltada, saqueada y sufriera matanzas por los rebeldes judíos. Se requirió un siglo para que Cirene recuperase su prosperidad.

Con la partición del imperio en 395, Cirenaica fue asignada al imperio oriental, mientras que Tripolitania quedó dentro del occidental. Esta división se vio reflejada también en el terreno religioso. El cristianismo, que se había difundido por ambos territorios desde el comienzo del siglo II tuvo dos focos de atracción. Tripolitania quedó bajo la jurisdicción del papa de Roma, mientras que Cirenaica quedó bajo el patriarca de Alejandría.

En el siglo V, Tripolitania fue conquistada por los vándalos, los cuales, al mando de Genserico habían creado un potente reino con capital en Cartago. Sin embargo, los vándalos perdieron rápidamente su espíritu guerrero y su reino fue destruido y conquistado por el general bizantino Belisario en el siguiente siglo ( 533), tras una cara campaña militar que lastró los recursos del Imperio romano de Oriente, que todavía aspiraba a lograr la reunificación del Imperio romano. De nuevo, Cirenaica y Tripolitania estaban bajo la misma soberanía. Sin embargo, la irrupción de los vándalos había destruido el orden social romano y la conquista bizantina no pudo recuperarlo. Los bizantinos nombraron gobernadores que impusieron asfixiantes impuestos para sufragar los gastos militares, mientras que las ciudades y los servicios públicos siguieron su decadencia.

Other Languages