Historia de Italia

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Historia de Italia

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Guerras italianas (1494-1559)
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La historia de Italia es una de las más importantes de toda Europa y de todo el mundo. Íntimamente ligada a la de la cultura occidental y la historia de Europa, ha vivido buena parte de los principales acontecimientos históricos del mundo occidental y universal.

Heredera de múltiples culturas antiguas como la de los etruscos y latinos y receptora de la colonización griega y cartaginesa, vio nacer el Imperio romano, legador de gran parte de la cultura occidental y uno de los mayores de la historia. Tras la caída del Imperio, Italia sufrió una serie de invasiones germanas alternadas con intentos bizantinos y francos de reconstruir la unidad del Imperio romano.[1] Roma, sede del papado y fuente de legitimidad imperial fue en esos tiempos un foco que atrajo a figuras como Justiniano I y Carlomagno.

Durante la Edad Media Italia se convertiría en un mosaico de ciudades-estado que luchaban entre sí para conseguir la hegemonía sobre el resto, con frecuentes intervenciones de las potencias circundantes y de la Iglesia católica. Su privilegiada situación geográfica hizo que fuera clave en el comercio europeo y favoreció repúblicas marítimas conectadas con la historia europea. La lucha entre el poder temporal imperial, que incluía a Italia, y el espiritual papal, que tenía su sede en Roma, tuvo en Italia especiales repercusiones.

Esta herencia de relevancia política lo convirtió en foco de las luchas por el poder en Europa. Además, el legado cultural clásico y eclesiástico fue el caldo de cultivo de nuevas tendencias. En los siglos XV y XVI se convirtió en el centro cultural de Europa dando origen al Renacimiento y fue uno de los campos en los que se decidió la supremacía europea del Imperio español con la victoria sobre Francisco I de Francia.

Tras el declive de la monarquía hispánica, el Imperio austrohúngaro pasaría a controlar la región, como buena parte de Europa Central. Transformada en un campo de batalla durante las guerras revolucionarias francesas y el Primer Imperio de Napoleón Bonaparte, pasaría a luchar por su independencia. Entre 1856 y 1870 se llevó a cabo la Unificación de Italia después de una serie de guerras que implicó enfrentarse al Imperio austríaco y los Estados Pontificios.

Posteriormente, el Reino de Italia junto con las demás potencias europeas llevaría a cabo políticas imperialistas que conformarían el Imperio italiano y que la llevaron a participar en la Primera Guerra Mundial del lado de la Entente, a desarrollar el fascismo de Benito Mussolini, a la invasión de Albania y Abisinia y a participar en la Segunda Guerra Mundial con las Potencias del Eje junto a la Alemania Nazi y el Imperio del Japón. Después de la derrota en la Segunda Guerra Mundial, la monarquía sería derrocada y se instauró la actual república que tuvo una excelente recuperación económica, política, militar y deportiva; reafirmando a Italia como una gran potencia mundial.

En la actualidad Italia es en un país prestigioso, democrático, perteneciente a organizaciones tan importantes como la Unión Europea o el G-8, y una de las principales potencias económicas de la Tierra.

Definición de Italia

El nombre de Italia se viene usando desde antiguo para designar a la gente del centro de lo que hoy llamamos península itálica, haciendo referencia a los pueblos itálicos, hablantes de las lenguas llamadas igualmente. Su origen es incierto: Pallotino defiende que deriva de un asentamiento en Calabria y que fue usado por los griegos como término general para designar a los habitantes de toda la península.[2]

El término se asentó cuando la República Romana unificó a toda la península al conquistar al resto de tribus contemporáneas. El nombre de Italia fue usado también en monedas acuñadas por la coalición de pueblos que se levantó contra Roma en el siglo I antes de Cristo con capital en Corfinium que incluía samnitas, umbros, sabinos y otros. Finalmente, el emperador romano Augusto incluyó bajo el nombre de Italia toda la península, al que se terminó agregando la Galia Cisalpina en el 42 a. C., como unidad central del imperio.

Tras la caída del Imperio romano de Occidente, las palabras Italia e italiano pasaron a hacer referencia al conjunto de estados que poblaban el antiguo territorio de la Italia romana y que compartían una cierta afinidad cultural, destacando especialmente un mismo conjunto de dialectos del latín que darían origen al idioma italiano. Siglos después, el nacionalismo romántico basó en esta unidad cultural su búsqueda de una unidad política que desembocaría en el moderno estado italiano.

Algunos territorios que bajo esos mismos baremos podían ser llamados italianos no entraron en el estado, como es el caso de Malta, Mónaco, San Marino, el microestado de la Ciudad del Vaticano o regiones limítrofes con Eslovenia y Croacia (ver Cuestión Adriática), Suiza (la Valtelina, Tesino y la parte italoparlante de los Grisones) y Francia ( Niza, Saboya, la isla de Córcega). Por convención, el presente artículo se centrará en el territorio de la actual Italia, pero incluyendo la historia de esas zonas cuando se traten periodos en los que compartieron un mismo devenir.

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