Historia de Irlanda

La Historia de Irlanda anterior al cristianismo proviene de referencias encontradas en las antiguas escrituras romanas, y libros de poesía irlandesa, así como de los mitos y los restos descubiertos por la arqueología. Sus primeros habitantes, pueblos de una cultura de mediados de la Edad de Piedra, o mesolítica, llegaron a la isla después del año 8000 a. C., cuando el clima se tornó más hospitalario tras el retroceso de los hielos polares.

Los anales de los cuatro maestros, la cronología más extensa recopilada por monjes franciscanos entre 1632- 36, documentan las fechas entre el diluvio en 2242 a. C. y 1616 d. C., aunque se cree que las primeras entradas se refieren a fechas alrededor del 550 a. C.[1]

El libro de Armagh (en la biblioteca del Trinity College de Dublín, MS52), manuscrito irlandés del siglo IX, también conocido como Canon de Patricio o Liber Ar(d) machanus. Contiene algunos de los más antiguos ejemplos de gaélico escrito.[2]

Era primaria

Hacia el 4000 a. C. se introdujo la agricultura desde el continente, llevando a los nativos una cultura neolítica, caracterizada por la aparición de gigantescos monumentos de piedra, los cuales en su mayoría fueron encontrados alineados de forma astronómica. A lo largo de esa época, la cultura resultó próspera y la isla se pobló con mayor densidad.

Durante la Edad de Bronce, alrededor del 2500 a. C., se produjeron elaborados ornamentos, así como armas de oro y de bronce. Una de las tradiciones más razonables que aparecen en el Libro de las invasiones irlandés, del siglo XIII a. C. dice:

Los milesios irlandeses de origen cretense huyeron a Siria pasando por Asia Menor, y desde allí navegaron hacia el Oeste hasta Getulia, en el Norte de África, y por fin, llegaron a Irlanda pasando por Brigantium en España

La Edad de Hierro está asociada con el pueblo celta, el cual se esparció por Europa y Gran Bretaña a mediados del primer milenio antes de Cristo. Los celtas colonizaron la isla en una serie de oleadas entre los siglos VIII y I a. C.

Los gael, la última ola de invasores celtas, la conquistaron y la dividieron en cinco reinos, en los cuales floreció, a pesar de los constantes conflictos, una rica cultura. La sociedad de estos reinos estaba dominada por druidas, y sacerdotes que servían como educadores, así como médicos, poetas, videntes y legisladores.

Los romanos la denominaron Hibernia.[3] En el año 100 d. C., el astrónomo griego Ptolomeo registró en detalle su geografía y sus tribus. Nunca fue parte formal del Imperio romano, sin embargo la influencia romana se expandió ampliamente fuera de los límites formales del imperio. Tácito escribió que, un príncipe irlandés exiliado se encontraba en Britania, y que regresaría para recobrar el poder. Juvenal nos dice que, las armas romanas han sido llevadas más allá de las costas de Irlanda. De haber invadido la isla, los romanos no dejaron demasiado detrás. La exacta relación entre Roma y las tribus de Hibernia permanece sin esclarecer.

La tradición druida colapsó ante la introducción de la Nueva fe, y los eruditos irlandeses se especializaron en el aprendizaje del latín; hecho que provocó el pronto florecimiento de las prácticas cristianas en los monasterios. Se destacaron los monjes Columbano de Luxeuil y Kevin de Glendalough, que fueron canonizados. Enviaron misioneros a Inglaterra y al continente para esparcir las noticias del Florecimiento del aprendizaje, y varios eruditos de otras naciones se acercaron a visitar los monasterios irlandeses.

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